El seleccionador ferrolano de fútbol sala, Bruno García, vivió cuatro días de terror en Kuwait antes de ser evacuado por la Federación Española de Fútbol, tras un Gobierno que solo ofreció un autobús y dejó a los españoles en riesgo.
La odisea del ferrolano en Oriente Medio
El miércoles 11 de marzo, Bruno García (Ferrol, 1974) puso fin a cuatro días de angustia en Kuwait, donde ejercía como seleccionador del combinado nacional de fútbol sala desde 2024. Junto a su familia, recorrió 750 kilómetros en autobús a través del desierto hasta Riad, Arabia Saudí, antes de embarcar en el vuelo chárter fletado por la Federación Española de Fútbol (RFEF) para repatriar a más de 150 profesionales españoles afectados por el conflicto bélico en Oriente Medio.
A su llegada a Madrid, fueron recibidos por el presidente de la RFEF, Rafael Louzán, junto a responsables de la Escuela de Entrenadores, subrayando el papel activo de la federación frente a la aparente ineficiencia gubernamental en la evacuación.
Bombardeos, miedo y muerte cerca de casa
El viernes 28 de febrero, Bruno vivía un día normal en Kuwait, entre el Ramadán y la liga sub-18. Solo un día después, el inicio de la guerra cambió todo. Cada jornada traía ataques con drones y misiles: «Veía el humo cuando los interceptaban y escuchaba el ruido previo a las sirenas», recuerda. La tragedia se tornó personal cuando una niña de 11 años murió cerca de su residencia por los escombros de un misil, mostrando la gravedad de los ataques a zonas civiles.
En este contexto, la embajada española recomendó abandonar el país, pero las dificultades logísticas hicieron que la evacuación fuera una pesadilla. «Nos ofrecieron un autobús hasta Riad, pero nada más. No había garantías de vuelo ni protección», asegura Bruno.
La Federación frente al vacío del Estado
Mientras el Gobierno central solo podía proporcionar un transporte básico, la Federación Española de Fútbol tomó la iniciativa, fletando un vuelo chárter internacional desde Riad a Madrid. Inicialmente previsto para el martes, se pospuso al miércoles por el cierre del espacio aéreo. Bruno resume la situación con ironía: «Un gobierno fleta un autobús y una federación un avión. Llegamos, que no es poco».
Este operativo permitió a Bruno y su familia regresar finalmente a Ferrol, donde pudo abrazar a su madre y afrontar la muerte de su suegro en Galicia, una pérdida que no pudo acompañar por las urgencias de la evacuación.
Una lección sobre prioridades y coordinación
La experiencia de Bruno García deja en evidencia las carencias del Estado español ante crisis internacionales, contrastadas con la eficiencia de las instituciones privadas deportivas. Mientras miles de ciudadanos dependen de la burocracia gubernamental, son organizaciones como la RFEF las que garantizan la seguridad de sus compatriotas en situaciones de emergencia.
¿Es momento de replantear quién y cómo protege a los españoles en el exterior? La historia de Bruno García invita a la reflexión.
