La histórica romería gallega vivió una jornada crítica marcada por temperaturas cercanas a los 30 grados, colapsos sanitarios y un fuego a escasos metros de la ermita que obligó a cortar accesos durante horas.
Lo que debía ser una jornada de tradición y devoción terminó convirtiéndose en una escena de tensión, descontrol y riesgo evidente para cientos de asistentes. La romería de Chamorro, una de las más emblemáticas de Galicia, dejó imágenes preocupantes que reabren el debate sobre la gestión de grandes eventos y la prevención ante situaciones extremas.
Multitudes desbordadas y calor asfixiante en Ferrol
La romería de Chamorro, celebrada en Ferrol, registró este año una afluencia sin precedentes, superando ampliamente las cifras habituales. Muchos asistentes coincidían: “Nunca se vio tanta gente como hoy”.
El problema no fue solo la cantidad, sino las condiciones. Según datos de MeteoGalicia, las temperaturas alcanzaron casi 30 grados, un nivel inusualmente alto para estas fechas en Galicia.
Como consecuencia directa, al menos nueve personas sufrieron desmayos a lo largo de la mañana, requiriendo asistencia médica. La situación se agravó especialmente en los puntos más concurridos, como el acceso a la capilla, donde las largas colas y la falta de sombra generaron condiciones peligrosas.
Incendio a escasos metros de la ermita: ¿negligencia o falta de control?
La jornada dio un giro aún más alarmante poco después de las 15:00 horas, cuando se declaró un incendio forestal a apenas 100 metros de la ermita de Chamorro.
El fuego, que se originó en el conocido Camiño Vello, obligó a las autoridades a cerrar los accesos durante dos horas y media, permitiendo únicamente la salida de los asistentes.
En las labores de extinción participaron equipos de la Xunta y bomberos municipales, mientras que la Policía Local y la Policía Nacional coordinaron la seguridad.
Las primeras hipótesis apuntan a una posible colilla mal apagada como origen del incendio, lo que vuelve a poner sobre la mesa la irresponsabilidad individual en entornos de alto riesgo, especialmente en una época del año donde la vegetación ya presenta un estado seco.
La misa mayor interrumpida por desvanecimientos
Ni siquiera el acto central de la jornada se libró del caos. La misa mayor, presidida por el obispo Fernando García Cadiñanos, tuvo que ser interrumpida tras el desmayo de dos personas dentro del templo.
La ceremonia no se reanudó hasta que los afectados recibieron atención médica, evidenciando la gravedad de la situación incluso en el interior de la iglesia.
Aglomeraciones y riesgos: una tradición sin control suficiente
El acceso al interior de la capilla se volvió prácticamente imposible en algunos momentos, con aglomeraciones masivas que dificultaban la movilidad y elevaban el riesgo de incidentes.
Pese a todo, la tradición continuó: la imagen de la Virgen fue sacada en procesión y numerosos grupos retomaron la costumbre de las meriendas campestres, una práctica que había ido desapareciendo en las últimas décadas.
Sin embargo, lo ocurrido deja una pregunta incómoda sobre la mesa: ¿están las administraciones preparadas para gestionar eventos multitudinarios bajo condiciones climáticas extremas?
Reflexión: entre la tradición y la improvisación
Lo sucedido en Chamorro no es un hecho aislado, sino un síntoma de un problema mayor: la falta de previsión ante escenarios cada vez más frecuentes, como las altas temperaturas o el riesgo de incendios.
Mientras miles de personas siguen acudiendo a estas celebraciones, la seguridad parece quedar, en demasiadas ocasiones, en manos de la improvisación.
¿Estamos ante una simple concatenación de incidentes o frente a un fallo estructural en la organización de eventos multitudinarios en España?
