La falta de desbroce en el rural de Santiago provoca un deterioro alarmante de la red viaria: señales de tráfico ocultas, pistas estrechadas y cunetas inservibles mientras los vecinos denuncian abandono y falta de coordinación institucional.
Santiago rural, abandonado: la maleza gana terreno a la seguridad vial
La situación en el rural de Santiago de Compostela empieza a generar una alarma creciente entre vecinos y asociaciones vecinales. Pistas rurales invadidas por la maleza, señales de tráfico completamente tapadas y cunetas que han dejado de cumplir su función son ya una constante en múltiples parroquias del municipio.
La falta de desbroce en tiempo y forma está convirtiendo carreteras locales en espacios peligrosos, donde la visibilidad es mínima y la seguridad vial se ve seriamente comprometida.
Vecinos de zonas como Laraño, Pardiñas, Coira o A Cruz de Outerín denuncian que esta situación se repite año tras año sin una solución estructural.
Señales invisibles y carreteras estrechas: el riesgo diario en el rural
Uno de los problemas más graves es la invasión de vegetación en altura, que llega a tapar por completo señales de tráfico esenciales: límites de velocidad, advertencias de rotondas o indicaciones de desvíos.
En algunos puntos, como en la carretera de Pardiñas, los vecinos aseguran que “las señales solo se ven cuando ya estás encima”, lo que multiplica el riesgo de accidentes.
Además, las ramas de árboles invaden la calzada, obligando incluso a vehículos pesados como camiones y autobuses a circular con extrema precaución para evitar impactos.
El resultado es un escenario preocupante:
- Pistas estrechadas por la maleza
- Visibilidad reducida en cruces y accesos
- Señalización prácticamente inservible
- Riesgo directo para conductores y peatones
Vecinos denuncian abandono y falta de coordinación entre administraciones
Las asociaciones vecinales apuntan además a un problema estructural: la falta de coordinación entre administraciones locales y autonómicas.
En los puntos donde coinciden carreteras de distinta titularidad, el resultado es el mismo: nadie desbroza completamente la zona, generando espacios abandonados que comprometen la seguridad.
Un portavoz vecinal lo resume con claridad:
“Cuando llegas al punto de unión de dos vías, no desbroza ni uno ni otro”.
Esta falta de planificación obliga incluso a los propios vecinos a actuar por su cuenta, desbrozando cunetas o limpiando tajeas para evitar inundaciones o accidentes.
En algunos casos, como en Pardiñas, residentes han llegado a pagar de su bolsillo la limpieza de infraestructuras que son competencia municipal.
Inundaciones, tajeas inutilizadas y mantenimiento inexistente
El problema no se limita a la visibilidad en carretera. Las tajeas están colapsadas por tierra y maleza, impidiendo la correcta evacuación del agua de lluvia.
Esto provoca que en episodios de fuertes precipitaciones —cada vez más frecuentes— el agua acabe invadiendo fincas privadas o cruzando la calzada, aumentando el riesgo de accidentes.
En lugares como A Cruz de Outerín, incluso los contenedores de reciclaje están rodeados de vegetación sin control, reflejo de un mantenimiento claramente insuficiente.
Un contrato de 789 200 euros bajo la lupa vecinal
La gestión del desbroce está regulada mediante un contrato adjudicado en julio de 2023 a la empresa Alcomte Galicia, con un presupuesto total de 789 200 euros.
El acuerdo fue prorrogado hasta el 22 de agosto de 2027, manteniendo las mismas condiciones económicas y contemplando dos campañas de desbroce anuales (primavera y otoño).
Sin embargo, los vecinos cuestionan la eficacia del sistema y la planificación real de los trabajos, que consideran insuficientes para el estado actual de las parroquias rurales.
Reunión pendiente y malestar vecinal creciente
A esta situación se suma otro foco de tensión: los dirigentes vecinales aún no han sido convocados a la reunión prometida para conocer el plan de trabajo del desbroce, pese a los compromisos adquiridos previamente.
Este retraso ha aumentado el malestar en el rural, donde se percibe una falta de transparencia y planificación efectiva por parte de la administración municipal.
Un problema que se repite cada año sin solución estructural
La sensación general entre los vecinos es clara: el problema del desbroce en Santiago no es puntual, sino estructural y recurrente.
La combinación de falta de planificación, coordinación deficiente y retrasos en la ejecución de los trabajos está derivando en una situación que compromete no solo la imagen del rural compostelano, sino también la seguridad vial de miles de vecinos.

