El cierre temporal del aeropuerto de Santiago ha convertido a A Coruña en el principal centro aéreo gallego, dejando al descubierto las carencias históricas de planificación e infraestructuras en la comunidad.
Lo que está ocurriendo en Galicia podría reabrir un viejo debate político y territorial: ¿está preparada la red aeroportuaria gallega para soportar una crisis operativa real? El cierre de Lavacolla durante 35 días ha provocado un auténtico terremoto logístico que ha beneficiado a Alvedro, pero también ha evidenciado la fragilidad del sistema de transporte autonómico.
Alvedro vive un crecimiento histórico tras el cierre de Lavacolla
El aeropuerto de Aeropuerto de A Coruña se ha convertido en abril en el gran protagonista del tráfico aéreo gallego. Según los datos publicados por Aena, la terminal coruñesa registró 134 135 pasajeros, lo que supone un espectacular incremento del 25,4 % respecto al mismo mes de 2025.
La razón principal de este crecimiento tiene nombre propio: el cierre del Aeropuerto de Santiago-Rosalía de Castro, clausurado desde el pasado 23 de abril para acometer la renovación integral del pavimento de su pista principal. Las obras, previstas para durar 35 días, han obligado a desviar buena parte de las operaciones aéreas hacia Culleredo.
La consecuencia ha sido inmediata: Alvedro ha asumido un protagonismo inédito, consolidándose temporalmente como el principal nodo aéreo de Galicia.
El tráfico nacional lidera el desvío masivo de pasajeros
De los más de 134 000 usuarios contabilizados durante abril, 134 051 correspondieron a vuelos comerciales, reflejando el enorme impacto del trasvase operativo.
El mercado nacional fue el gran beneficiado del cierre compostelano:
- 123 339 pasajeros nacionales
- Crecimiento del 27,3 %
- Incremento récord de conexiones y frecuencias
Mientras tanto, el tráfico internacional alcanzó los 10 712 viajeros, con una subida más moderada del 7,2 % respecto al año anterior.
En términos de operaciones, el aumento también fue contundente. El aeropuerto coruñés gestionó:
- 1 632 vuelos
- Incremento del 27,6 %
- 954 operaciones comerciales
El acumulado anual ya asciende a 447 767 pasajeros, un crecimiento del 9,2 % en el primer cuatrimestre del año.
Galicia descubre las limitaciones reales de su red aeroportuaria
Aunque los datos económicos y turísticos son positivos para A Coruña, la situación también ha dejado escenas de saturación y problemas de movilidad que han generado críticas entre usuarios y profesionales del sector.
Las primeras jornadas tras el cierre de Lavacolla estuvieron marcadas por:
- Colas masivas en embarques
- Saturación de taxis y autobuses
- Problemas de información para pasajeros
- Dificultades de acceso terrestre
- Falta de coordinación inicial entre administraciones
Muchos viajeros denunciaron la ausencia de soluciones rápidas para conectar Santiago con A Coruña, especialmente en horarios nocturnos o de alta demanda.
La situación obligó a Aena a activar un dispositivo especial de emergencia con:
- Refuerzo de personal
- Aparcamientos provisionales
- Mayor coordinación con el sector del taxi
- Reorganización operativa interna
Según fuentes aeroportuarias, Alvedro llegó a soportar cerca de 50 operaciones diarias adicionales, una cifra extraordinaria para una infraestructura históricamente limitada por su tamaño y capacidad operativa.
El debate político vuelve: centralización, inversiones y equilibrio territorial
El episodio ha reactivado una cuestión incómoda para la política gallega: la dependencia excesiva de Lavacolla como principal aeropuerto autonómico.
Durante años, distintas voces políticas y empresariales han advertido sobre la falta de una estrategia aeroportuaria coordinada en Galicia. La concentración de vuelos internacionales y conexiones estratégicas en Santiago ha dejado en segundo plano a infraestructuras como Alvedro o Peinador.
Ahora, el cierre temporal de Lavacolla ha demostrado que:
- Galicia carece de un sistema plenamente integrado
- Las conexiones terrestres siguen siendo insuficientes
- Existen problemas estructurales de planificación
- La capacidad de respuesta ante incidencias sigue siendo limitada
Sectores empresariales coruñeses consideran que esta situación demuestra el potencial real de Alvedro para asumir más tráfico estable durante todo el año, mientras desde otros territorios se insiste en evitar una “guerra aeroportuaria” interna.
A Coruña gana visibilidad mientras Santiago pierde centralidad temporal
La crisis operativa ha tenido también un fuerte componente simbólico. Durante décadas, Lavacolla ha sido considerado el gran aeropuerto de referencia gallego gracias al peso turístico y político de Santiago de Compostela.
Sin embargo, durante estas semanas, A Coruña ha asumido un papel protagonista que algunos interpretan como una oportunidad para reclamar nuevas rutas, mayores inversiones y un reparto más equilibrado del tráfico aéreo gallego.
El crecimiento de Alvedro llega además en un momento especialmente sensible para el turismo nacional y la conectividad empresarial del noroeste español.
Una prueba de estrés que deja preguntas abiertas
La gestión del cierre de Lavacolla terminará siendo analizada no solo desde el punto de vista técnico, sino también político. La situación ha servido como una auténtica prueba de estrés para las infraestructuras gallegas y ha evidenciado tanto la capacidad de reacción de Alvedro como las debilidades logísticas de la comunidad.
La gran incógnita ahora es qué ocurrirá cuando Santiago recupere su actividad normal. Muchos se preguntan si este crecimiento de A Coruña será únicamente coyuntural o si marcará el inicio de un nuevo equilibrio aeroportuario en Galicia.
¿Ha demostrado Alvedro que Galicia necesita repartir mejor su tráfico aéreo o todo volverá al modelo centralizado de siempre?
