Un estudio científico desmonta décadas de políticas forestales centradas solo en la extinción y revela que las quemas controladas reducen hasta un 36% la superficie arrasada por el fuego. Mientras California cambia de estrategia, España sigue recortando inversión en prevención y abandonando el mundo rural.

Lo que está ocurriendo en los montes de España podría convertirse en una bomba de relojería.
Cada verano, miles de hectáreas desaparecen bajo las llamas mientras las administraciones multiplican el gasto en extinción, helicópteros y despliegues de emergencia. Sin embargo, un nuevo estudio internacional apunta a una conclusión incómoda para muchos gobiernos: la mejor forma de apagar incendios es provocar fuego antes de que el fuego llegue.

La investigación, publicada en la prestigiosa revista científica Science, concluye que las quemas prescritas y la reducción preventiva de combustible forestal no solo frenan los incendios, sino que además generan un enorme ahorro económico y humano. El problema es que, en países como España, estas políticas siguen siendo residuales mientras el abandono rural y la acumulación de masa forestal aumentan el riesgo de megaincendios.

El fuego preventivo reduce incendios y salva vidas

El estudio analizó 285 grandes incendios forestales ocurridos entre 2017 y 2023 en el oeste de Estados Unidos, especialmente en California, una región con un clima y una vegetación muy similares a buena parte del territorio español.

Los investigadores observaron cómo reaccionaban los incendios al llegar a zonas donde previamente se había realizado:

  • Quemas controladas
  • Clareo forestal
  • Retirada de hojarasca y ramas
  • Tratamientos de reducción de combustible

Las conclusiones son demoledoras:

  • La superficie quemada se redujo un 36%
  • La propagación del fuego cayó un 13,5%
  • La intensidad de los incendios disminuyó hasta un 27%
  • En los incendios más severos, el daño forestal bajó un 35%

Los científicos estiman que estas medidas evitaron la destrucción de más de 4 000 edificaciones, millones de toneladas de emisiones contaminantes y decenas de muertes asociadas a la contaminación del aire.

Quemar cuesta menos que extinguir

Uno de los aspectos más polémicos del estudio es el económico. Durante décadas, la política dominante ha sido destinar miles de millones a la extinción inmediata de incendios, mientras la prevención quedaba relegada.

Pero los datos desmontan ese modelo.

Los investigadores calculan que:

  • Por cada dólar invertido en prevención, la sociedad recupera 3,73 dólares
  • Se evitaron pérdidas por valor de:
    • 895 millones de dólares en infraestructuras
    • 503 millones en emisiones contaminantes
    • 1 390 millones en costes sanitarios y mortalidad prematura

La comparación con España resulta especialmente incómoda.

El catedrático de Ingeniería Forestal y Cambio Global de la Universidad de Lleida, Víctor Resco de Dios, recuerda que:

  • Apagar un incendio cuesta unos 19 000 euros por hectárea
  • Realizar quemas prescritas cuesta entre 200 y 300 euros por hectárea

La diferencia es gigantesca.

España acumula combustible mientras desaparece el campo

Los expertos coinciden en que el principal problema de España no es únicamente el cambio climático, sino la acumulación masiva de combustible vegetal provocada por décadas de abandono rural.

La desaparición de:

  • la ganadería extensiva,
  • los pastores tradicionales,
  • el aprovechamiento forestal,
  • y los cultivos marginales,

ha convertido amplias zonas del país en auténticos polvorines naturales.

El profesor Emilio Chuvieco, coordinador científico del proyecto europeo FirEUrisk, advierte de que España ha reducido drásticamente la inversión en prevención, mientras el monte sigue creciendo sin gestión.

La paradoja es evidente:
se gasta cada vez más dinero en apagar incendios y menos en evitar que ocurran.

Las cabras vuelven al centro del debate forestal

Uno de los puntos más llamativos del debate científico es la recuperación del pastoreo tradicional como herramienta de prevención.

Los expertos recuerdan que durante siglos:

  • ovejas,
  • cabras,
  • y ganado extensivo

mantuvieron limpio el monte de forma natural.

Sin embargo, el desplome demográfico del mundo rural y la desaparición de la ganadería tradicional han eliminado esa barrera natural contra el fuego.

Algunos especialistas incluso plantean reorientar parte de la inmigración hacia trabajos de gestión forestal y ganadería extensiva para recuperar actividad económica y reducir el riesgo de incendios.

La propuesta, aunque polémica, empieza a ganar terreno en determinados círculos académicos y forestales.

El tabú político de las quemas controladas

A pesar de la evidencia científica, las quemas prescritas siguen generando rechazo político y social.

Muchos ciudadanos asocian cualquier fuego en el monte con un peligro inmediato, lo que provoca que numerosos gobiernos prefieran apostar por estrategias visualmente más rentables políticamente:

  • más medios aéreos,
  • más despliegues de emergencia,
  • y más inversión en extinción.

El problema es que, según los expertos, esa estrategia actúa únicamente cuando el incendio ya está fuera de control.

Mientras tanto, países como Estados Unidos empiezan a asumir que la prevención activa es la única manera de evitar megaincendios cada vez más devastadores.

Los espacios protegidos, en el punto de mira

Otra de las ideas que más debate genera es la posibilidad de realizar quemas prescritas dentro de parques naturales y espacios protegidos.

Según los especialistas, muchos ecosistemas mediterráneos evolucionaron históricamente con fuego natural periódico. La eliminación total del fuego durante décadas habría provocado un desequilibrio ecológico que ahora multiplica la violencia de los incendios.

Estamos recreando un proceso natural que habíamos eliminado”, sostienen algunos expertos forestales.

La cuestión abre un debate incómodo:

¿Es más ecológico dejar arder miles de hectáreas cada verano o aplicar quemas controladas para evitar catástrofes futuras?

Una estrategia que España sigue sin asumir

Mientras California comienza a modificar sus políticas forestales tras años de incendios devastadores, España continúa atrapada entre:

  • el abandono rural,
  • la burocracia ambiental,
  • la falta de gestión forestal,
  • y el miedo político a impulsar medidas preventivas impopulares.

El resultado podría ser explosivo en los próximos veranos.

Porque, según advierten los expertos, el verdadero problema no es solo el calor: es la enorme cantidad de combustible acumulado que nadie está gestionando.

Y cuando llega el fuego, ya es demasiado tarde.


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