Cristales rotos, vehículos saqueados y vecinos hartos. La cadena de asaltos nocturnos en varios barrios de A Coruña vuelve a disparar la alarma sobre la inseguridad urbana y la sensación de abandono que denuncian muchos residentes desde hace meses.

Os Mallos, epicentro de una nueva oleada de robos

La madrugada de este viernes dejó un nuevo episodio de inseguridad en el barrio coruñés de Os Mallos. Un vehículo estacionado en la calle Diego Delicado apareció con la ventanilla del copiloto completamente destrozada y el interior revuelto, siguiendo un patrón que ya se ha convertido en habitual en distintos puntos de la ciudad.

El caso no es aislado. Durante toda la semana se han sucedido robos similares en zonas como Agra dos Mallos, San Rosendo, Ciudad Jardín y O Castrillón, alimentando el temor de numerosos vecinos que denuncian una creciente sensación de vulnerabilidad incluso dentro de garajes privados.

Las imágenes de coches vandalizados circulan sin descanso por grupos vecinales y redes sociales, donde muchos ciudadanos expresan su indignación ante una situación que consideran ya “fuera de control”.

Un modus operandi repetido: rapidez, destrozos y pequeños botines

Los delincuentes actúan generalmente de madrugada y buscan objetivos fáciles. La mecánica se repite casi milimétricamente: rotura rápida de cristales, registro apresurado del habitáculo y robo de cualquier objeto susceptible de ser vendido rápidamente o transformado en dinero inmediato.

Según testimonios vecinales, los autores no persiguen grandes cantidades ni artículos de lujo. En muchos casos, sustraen monedas, herramientas, dispositivos electrónicos o pertenencias de escaso valor económico, dejando sin embargo importantes daños materiales a los propietarios.

La consecuencia es devastadora para muchos trabajadores y familias que deben afrontar reparaciones costosas mientras sienten que la ciudad pierde seguridad día tras día.

Vecinos apuntan al problema de la drogadicción

En el barrio existe una percepción cada vez más extendida: numerosos residentes relacionan estos robos con el aumento de la presencia de toxicómanos y drogodependientes en determinadas zonas urbanas.

Aunque las asociaciones vecinales intentan evitar mensajes alarmistas, muchos ciudadanos consideran evidente la conexión entre los pequeños robos y la necesidad urgente de conseguir dinero para adquirir droga.

Una vecina de Os Mallos resumía así el clima actual:

“Ya no tienes seguridad ni dejando el coche en el garaje. La gente empieza a desesperarse”.

La preocupación no se limita únicamente a Os Mallos. Los residentes alertan de que los robos se están extendiendo por distintos barrios de A Coruña, lo que alimenta la percepción de una delincuencia cada vez más dispersa y difícil de controlar.

Una semana marcada por asaltos en cadena

La secuencia de incidentes resulta especialmente llamativa por su continuidad:

  • Domingo: varios vehículos fueron asaltados en garajes de la avenida de Arteixo y en la calle Filipinas.
  • Martes 19 de mayo: un coche apareció vandalizado en la calle San Rosendo.
  • Miércoles 20: una furgoneta sufrió otro robo en Ciudad Jardín.
  • Viernes 22: nuevo ataque en Diego Delicado, en pleno Os Mallos.

A esta cadena de sucesos se suma la oleada registrada el pasado 6 de mayo en O Castrillón, donde varios turismos amanecieron violentados bajo el mismo procedimiento.

Muchos ciudadanos denuncian que la reiteración de casos demuestra que el problema no es puntual, sino estructural.

La Policía Nacional intensifica la presión

Las fuerzas de seguridad han logrado algunos avances recientes. El pasado 3 de mayo, agentes de la Policía Nacional detuvieron a un individuo acusado de cometer nueve robos con fuerza en vehículos en una sola noche.

Sin embargo, numerosos vecinos consideran que las detenciones no están logrando frenar el fenómeno y reclaman una mayor presencia policial, más vigilancia nocturna y medidas contundentes contra la reincidencia.

La preocupación también se traslada al ámbito político, donde vuelve a abrirse el debate sobre el deterioro de la seguridad en determinadas ciudades españolas y la falta de respuesta eficaz ante la delincuencia urbana de baja intensidad.

Inseguridad cotidiana y hartazgo ciudadano

El problema ya no afecta únicamente al patrimonio material. Lo que realmente preocupa a muchos coruñeses es la sensación de que ciertos delitos se han normalizado.

Cada nuevo cristal roto refuerza una percepción incómoda: la de ciudadanos que pagan impuestos, cumplen las normas y, aun así, sienten que están cada vez más desprotegidos.

Mientras las autoridades insisten en llamar a la calma, en muchos barrios comienza a crecer otra pregunta mucho más incómoda: ¿cuánto tiempo puede soportar una ciudad esta degradación antes de que la indignación vecinal estalle definitivamente?

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