Lo que está ocurriendo en el interior de Galicia vuelve a poner sobre la mesa una realidad incómoda: territorios olvidados, infraestructuras precarias y consecuencias devastadoras de una mala gestión forestal.
Un derrumbe de grandes dimensiones ha dejado completamente incomunicadas a varias aldeas del municipio de Quiroga (Lugo), evidenciando la fragilidad de las zonas rurales tras los incendios masivos y la falta de inversión en prevención.
Aldeas aisladas por el colapso de una carretera clave
Un tramo de unos 10 metros de carretera se desplomó este martes por la tarde entre las localidades de Paradaseca y Paradapiñol, arrastrando la calzada ladera abajo y cortando el único acceso a los núcleos de Paradapiñol, Rugando, Cereixido y Vilarmel.
Esta vía municipal, de 15 kilómetros sin arcén, conecta con la N-120 y constituye la única conexión terrestre para cerca de 20 vecinos que ahora permanecen prácticamente aislados.
El alcalde, José Luis Rivera, ha reconocido la gravedad de la situación y ha solicitado ayuda urgente a la Xunta de Galicia, admitiendo que el Ayuntamiento “no tiene medios” para afrontar una obra de esta magnitud.
Incendios, lluvias y abandono: la tormenta perfecta
El origen del desastre no es casual. La zona afectada fue arrasada por el macroincendio del verano pasado, el mayor registrado en la historia reciente de Galicia, con cerca de 32 000 hectáreas calcinadas.
La desaparición de la vegetación dejó el terreno completamente expuesto. Durante el invierno, las lluvias constantes provocaron el arrastre de grandes cantidades de tierra hacia el río Soldón, debilitando la estructura del terreno.
A esta situación crítica se sumaron las tormentas intensas del pasado domingo y lunes, que terminaron por colapsar la base de la carretera. El resultado: una infraestructura clave literalmente engullida por la ladera.
Vecinos en riesgo y soluciones improvisadas
Aunque no hubo víctimas —el derrumbe se produjo sin tráfico en ese momento—, la situación es extremadamente delicada para los residentes. En una zona de orografía compleja y envejecimiento poblacional, quedarse sin acceso puede tener consecuencias graves en caso de emergencias sanitarias o abastecimiento.
Operarios municipales trabajan contrarreloj para habilitar un paso provisional, ensanchando la cuneta para permitir el tránsito de vehículos en situaciones críticas. Sin embargo, las autoridades insisten en que la carretera sigue siendo peligrosa y está oficialmente cortada.
Galicia rural: entre el olvido político y la emergencia estructural
Este episodio vuelve a abrir el debate sobre la gestión forestal, la prevención de incendios y la inversión en infraestructuras rurales. La concatenación de incendios, erosión y falta de mantenimiento no es un fenómeno aislado, sino el reflejo de un problema estructural.
Mientras las administraciones reaccionan a posteriori, los vecinos de estas aldeas viven en primera línea las consecuencias de años de desatención política y planificación insuficiente.
La pregunta es inevitable:
¿cuántas tragedias más serán necesarias para que la España rural deje de ser invisible?
