El macroproyecto del Parque de Oza, con más de 1 200 viviendas y tres torres de 17 plantas, tropieza con nuevas exigencias ambientales y urbanísticas de la Xunta. El impacto visual, la movilidad y la edificabilidad vuelven a poner en el centro del debate un desarrollo que ya había sido denunciado por supuestas irregularidades.
Lo que parecía un trámite más para uno de los mayores desarrollos urbanísticos de A Coruña se ha convertido en un nuevo foco de polémica política y vecinal. La Xunta de Galicia ha exigido modificaciones relevantes al proyecto del Parque de Oza, cuestionando especialmente el impacto visual de las gigantescas torres previstas y obligando a los promotores a rehacer parte de los estudios técnicos.
La Xunta pone freno al proyecto estrella de Oza
La Consellería de Medio Ambiente ha emitido un informe que introduce importantes condiciones al polémico desarrollo urbanístico del Parque de Oza, en el barrio coruñés de O Castrillón. El plan contempla la construcción de 1 200 viviendas, nuevas zonas verdes, espacios públicos y varios viales de conexión urbana.
Sin embargo, el organismo autonómico considera que el proyecto requiere una evaluación ambiental estratégica ordinaria, un procedimiento más complejo y exigente que puede ralentizar considerablemente la tramitación.
Uno de los puntos más sensibles es el efecto visual de las tres torres de 17 plantas, que modificarían de forma drástica el perfil urbano de la zona. La Xunta exige ahora un análisis más detallado desde distintos puntos estratégicos de observación para determinar cómo afectarán estos edificios al paisaje de A Coruña.
Además, el informe reclama estudiar cuidadosamente los colores y acabados exteriores de las futuras edificaciones para intentar minimizar el impacto paisajístico.
Las tres torres desatan el choque político y vecinal
El proyecto ya había generado una fuerte contestación ciudadana. De hecho, un particular presentó un recurso judicial acompañado de un informe que calificaba el convenio urbanístico entre el Ayuntamiento y los promotores como supuestamente “ilegal” y lleno de “irregularidades”.
Desde el gobierno municipal rechazaron esas acusaciones, aunque el nuevo pronunciamiento de la Xunta vuelve a alimentar las dudas sobre una operación urbanística que muchos vecinos consideran excesiva y desproporcionada.
Las críticas se centran especialmente en:
- La elevada densidad edificatoria.
- El efecto “pantalla” de las torres.
- La posible saturación del tráfico.
- La pérdida de identidad urbana del entorno.
- La fragmentación de zonas verdes.
Para numerosos residentes, el modelo urbanístico recuerda a operaciones especulativas de décadas pasadas, priorizando la rentabilidad inmobiliaria frente a la calidad de vida de los vecinos.
La Xunta exige revisar la edificabilidad
Otro de los aspectos destacados del informe afecta a la denominada manzana M6, situada frente al complejo deportivo. La Administración autonómica considera necesario revisar la edificabilidad prevista en esa parcela.
La Xunta también exige que el futuro plan especial justifique comparativamente la nueva ordenación urbana y evite un “exceso de fraccionamiento” de los espacios públicos y las zonas verdes.
Asimismo, reclama ampliar el estudio de soleamiento en diferentes horarios y estaciones del año, un elemento fundamental para evaluar cómo afectarán las nuevas construcciones a la iluminación natural del barrio.
El problema del tráfico: otro frente abierto
La movilidad se ha convertido en otro de los grandes obstáculos del proyecto. El informe autonómico obliga a completar los estudios sobre tráfico y capacidad viaria, especialmente en relación con la conexión entre los dos tramos de la avenida de la Concordia.
La Xunta exige:
- Analizar la capacidad real de absorción del tráfico.
- Confirmar si habrá suficientes plazas de aparcamiento.
- Garantizar itinerarios accesibles y seguros.
- Mejorar las conexiones peatonales y ciclistas.
- Evaluar el impacto sobre el transporte público.
Este punto preocupa especialmente a los vecinos, que temen que el incremento poblacional colapse todavía más una zona ya tensionada por el tráfico diario.
Sin restos arqueológicos, pero con enorme presión urbanística
El estudio arqueológico realizado no detectó restos patrimoniales relevantes, por lo que la Xunta descarta imponer medidas de protección histórica adicionales.
No obstante, el debate ya no gira únicamente en torno al patrimonio cultural, sino al modelo de ciudad que se quiere construir en A Coruña. El crecimiento vertical intensivo y la concentración masiva de viviendas vuelven a abrir el choque entre desarrollo inmobiliario y planificación urbana sostenible.
Los promotores intentan rebajar la tensión
Los impulsores del proyecto han reaccionado asegurando que trabajarán “de inmediato” para adaptar el diseño a las exigencias medioambientales planteadas por la Xunta.
Según explican, el objetivo sigue siendo lograr una ordenación “consensuada” con el vecindario y las distintas administraciones implicadas. Sin embargo, las nuevas exigencias podrían retrasar significativamente el calendario previsto.
Un nuevo símbolo del urbanismo bajo sospecha
El caso del Parque de Oza amenaza con convertirse en uno de los grandes debates urbanísticos de Galicia en 2026. Mientras el Ayuntamiento defiende la necesidad de generar vivienda y renovar espacios degradados, crece la percepción de que determinadas operaciones inmobiliarias avanzan con escasa sensibilidad hacia el entorno urbano y el impacto social.
La decisión de la Xunta deja una conclusión clara: el proyecto no podrá avanzar tal y como estaba planteado inicialmente.
Y ahora la gran pregunta empieza a extenderse entre muchos vecinos de A Coruña:
¿estamos ante una mejora urbanística necesaria o frente a otro ejemplo de expansión inmobiliaria descontrolada?
