La salida de asesores cubanos de Caracas marca un giro geopolítico en América Latina tras la operación de EE. UU. y la nueva etapa encabezada por Delcy Rodríguez.
Fin del eje Caracas-La Habana tras la ofensiva de EE. UU.
Las fuerzas de seguridad cubanas y parte del personal médico desplegado en Venezuela han comenzado a abandonar el país en las últimas semanas, en medio de la creciente presión de la Administración de Donald Trump y tras la captura del expresidente Nicolás Maduro el pasado 3 de enero en una operación militar estadounidense.
Según diversas fuentes consultadas, el Gobierno interino de Delcy Rodríguez ha empezado a sustituir a los escoltas cubanos por personal venezolano y a retirar asesores de la temida unidad de contrainteligencia DGCIM, considerada durante años uno de los pilares del aparato de control chavista.
La decisión, aún no confirmada oficialmente por Caracas ni por La Habana, supone un golpe directo a la alianza estratégica entre Venezuela y Cuba, considerada durante más de una década el núcleo duro del eje socialista en América Latina.
32 cubanos muertos y un acuerdo de seguridad en entredicho
El Gobierno cubano ha confirmado la muerte de 32 militares y agentes cubanos durante la operación estadounidense que culminó con la captura de Maduro. Estos efectivos formaban parte del acuerdo de cooperación en materia de inteligencia y seguridad que, desde finales de la década de 2000, permitió a La Habana incrustar agentes en las fuerzas armadas venezolanas y en la DGCIM.
Expertos en la región señalan que la influencia cubana fue determinante para la supervivencia del chavismo. Durante años, miles de médicos, entrenadores deportivos y técnicos cubanos trabajaron en Venezuela a cambio de suministros de petróleo subvencionado, vitales para la economía de la isla.
El repliegue actual abre una incógnita estratégica:
¿estamos ante la ruptura definitiva del eje Caracas-La Habana o solo ante un movimiento táctico para ganar tiempo?
Trump endurece el pulso: petróleo bloqueado y ultimátum político
Tras la operación militar, el presidente Donald Trump anunció su intención de poner fin a la relación de seguridad entre Venezuela y Cuba. Washington ha intensificado la presión económica bloqueando el envío de crudo venezolano a la isla, asfixiando una de sus principales fuentes de energía.
Desde la Casa Blanca se sostiene que la nueva presidenta interina venezolana comparte intereses con Estados Unidos para “redefinir” la relación con La Habana, aunque públicamente Caracas y Cuba han reiterado su voluntad de mantener la cooperación histórica.
El trasfondo es claro: la ruptura entre ambos países forma parte de la estrategia estadounidense para debilitar al régimen comunista cubano.
Delcy Rodríguez camina sobre la cuerda floja
Pese a la retirada parcial, varias fuentes señalan que algunos asesores cubanos permanecen activos en Venezuela, especialmente en el ámbito académico y policial. Además, expertos advierten que agentes encubiertos podrían seguir operando mientras se define el nuevo equilibrio de poder en Caracas.
La propia Rodríguez, hija de un histórico guerrillero marxista y antigua aliada de Maduro, mantiene vínculos personales con la dirigencia cubana. Sin embargo, su prioridad parece ser consolidar su poder en un escenario frágil y bajo fuerte presión internacional.
Un exembajador estadounidense ante la OEA resume la situación con claridad: la mandataria venezolana intenta distanciarse de Cuba sin romper del todo, a la espera de que se estabilice su posición interna.
Un giro que redefine el mapa político latinoamericano
La retirada de asesores cubanos no es un simple ajuste operativo. Supone la posible desarticulación del principal eje ideológico de la izquierda bolivariana en la región.
Durante más de 15 años, la cooperación entre Caracas y La Habana fue clave para la estabilidad del chavismo. Hoy, con Maduro fuera del poder y con Washington moviendo ficha, la correlación de fuerzas cambia radicalmente.
El interrogante que se abre es profundo:
¿estamos ante el inicio del colapso del bloque socialista latinoamericano o ante una reconfiguración temporal bajo nuevas reglas?

