Los denominados «cinco venenos blancos» incluyen el azúcar, la sal, las harinas refinadas, el arroz blanco y la leche. Este término, que circula en redes sociales y plataformas de mensajería, sugiere que estos alimentos son peligrosos y responsables de diversas enfermedades.
La realidad, no obstante, es más compleja. El doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos Miguel Ángel Lurueña, autor del libro «Que no te líen con la comida», aclara que, aunque se recomienda moderar el consumo de estos alimentos, no son tóxicos ni deben ser considerados venenos. Desde una perspectiva toxicológica, estos alimentos no son comparables al arsénico o el cianuro, que son venenos reconocidos.
Si bien se ha documentado que un consumo excesivo de azúcar y sal está asociado con problemas de salud, estos ingredientes no producen un daño inmediato en cantidades normales. El azúcar refinado se considera una fuente de «calorías vacías», careciendo de nutrientes esenciales, y la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los azúcares añadidos no superen el 10% de la ingesta calórica diaria.
En cuanto a la sal, el sodio es crucial para diversas funciones corporales, pero un consumo elevado puede llevar a condiciones como hipertensión. Por otro lado, mientras que las harinas refinadas y el arroz blanco pierden nutrientes durante su procesamiento, tampoco se les atribuye toxicidad. Se aconseja priorizar versiones integrales de estos productos para obtener un mejor perfil nutricional.
Finalmente, la leche ha sido objeto de debate, pero no es perjudicial para la mayoría de las personas. La pasteurización no elimina sus propiedades, y es una fuente de nutrientes si se tolera bien.
El enfoque más eficaz no es eliminar estos alimentos de la dieta, sino moderar su ingesta y optar por opciones más nutritivas siempre que sea posible. La dosis y el contexto son factores fundamentales en la nutrición, distanciándose así del mito de los venenos blancos.

