El sistema tradicional de distribución de leña conocido como suertes de leña, empleado durante siglos para el aprovechamiento sostenible de montes de utilidad pública en zonas como Castilla y León, enfrenta un descenso en su utilización. Este método histórico permitía a los vecinos acceder a leña para uso doméstico, contribuyendo además a la limpieza y gestión forestal de los montes sin necesidad de grandes inversiones públicas.
La suertes de leña consiste en la asignación anual de árboles específicos para corte en zonas delimitadas del monte, generalmente mediante sorteos entre los solicitantes. Los agentes medioambientales y técnicos forestales designan qué árboles pueden ser talados, priorizando la salud del bosque y la prevención de incendios mediante la selección de ejemplares enfermos o secos y la realización de clareos en áreas densas.
Aunque en algunos municipios la leña se entrega sin coste o con un precio simbólico para cubrir gastos administrativos, el trabajo de extracción, corte, transporte y carga recae completamente en los vecinos beneficiarios. Esta tarea requiere recursos como herramientas, vehículos adecuados y disponibilidad de tiempo y fuerza física.
El proceso enfrenta dificultades por la disminución de población rural permanente, el envejecimiento demográfico y cambios en los hábitos de consumo de los usuarios, quienes en algunos casos prefieren contratar empresas que suministren la leña preparada directamente en domicilio. Este cambio reduce la participación en el sistema tradicional.
Como consecuencia, en diversos municipios se observa un incremento de suertes de leña sin adjudicar, lo que puede derivar en una menor gestión directa del monte por parte de los habitantes locales. Algunos ayuntamientos o entidades responsables asumen estas tareas con fondos públicos o las dejan de realizar.
El Ministerio para la Transición Ecológica indica en su Anuario de Estadística Forestal 2023 que no existe un registro nacional completo sobre la cantidad de suertes de leña asignadas o abandonadas, debido a que muchas ocasiones no suponen transacciones económicas formales. Esta carencia de datos dificulta el seguimiento y planificación del aprovechamiento.
El futuro del sistema dependerá de factores como la revitalización demográfica rural, la existencia o no de incentivos para los vecinos que realizan la labor y la mejora en la gestión administrativa para recopilar información precisa sobre el aprovechamiento sostenible de estos montes.
