Washington revisará si las compensaciones pagadas por Hugo Chávez fueron un justiprecio real o un fraude para esquivar tribunales internacionales mientras Venezuela acumula 17.300 millones en laudos impagados.

Washington vuelve a Venezuela con una agenda clara

Estados Unidos se prepara para regresar con fuerza a Venezuela, no solo en el plano energético, sino también en el jurídico y empresarial. La administración del presidente Donald Trump está instando a las empresas extranjeras —incluidas las españolas— que fueron víctimas de las expropiaciones chavistas a estudiar reclamaciones formales contra el Estado venezolano.

El objetivo es revisar si las compensaciones abonadas por el régimen de Hugo Chávez fueron un justiprecio legítimo o simplemente pagos ficticios diseñados para evitar arbitrajes internacionales.

El “exprópiese” que arrasó el tejido productivo

El proceso de nacionalizaciones impulsado por Hugo Chávez, anunciado una y otra vez en su programa “Aló Presidente”, dejó una profunda huella económica. Según la Confederación Venezolana de Industriales, el famoso “exprópiese” afectó a 1.322 empresas.

De acuerdo con estimaciones de PwC, el Gobierno bolivariano desembolsó unos 23.000 millones de dólares en compensaciones. Sin embargo, Washington cuestiona ahora si esos pagos fueron reales o una maniobra para blindarse frente a los tribunales.

Entre los activos expropiados figuran:

  • La filial del Banco Santander
  • La Siderúrgica del Orinoco
  • Activos de Holcim y Lafarge
  • La mina de oro Las Cristinas

Las petroleras, en el centro del conflicto

Trump ha sido especialmente contundente con la salida forzada de las petroleras estadounidenses como Exxon o ConocoPhillips durante la nacionalización de la Faja del Orinoco, iniciada el 1 de mayo de 2007, que considera ilegal y confiscatoria.

Fuentes empresariales señalan que EE. UU. planea abrir procedimientos de revisión para:

  • Compensar adecuadamente a las empresas afectadas
  • Revertir expropiaciones, devolviendo activos estratégicos

En ese contexto, varias empresas españolas ya estarían analizando posibles reclamaciones, animadas por la nueva postura de Washington.

Un mensaje sin ambigüedades desde la Casa Blanca

El vicepresidente estadounidense J. D. Vance fue aún más explícito en redes sociales:

“Venezuela expropió propiedades petroleras estadounidenses y utilizó esos bienes robados para financiar actividades narcoterroristas. ¿Debemos permitir que un comunista robe nuestras cosas y no hacer nada?”

Una declaración que resume la línea dura de la actual administración frente al legado chavista.

Venezuela, campeona mundial del impago

El país acumula 22 laudos arbitrales impagados ante el Banco Mundial, por un valor cercano a 17.300 millones de dólares, según el International Law Compliance Institute (ILCI).

Un historial que refuerza la tesis estadounidense de que el régimen utilizó pagos parciales o simulados para ganar tiempo y evitar condenas internacionales.

Petróleo, inversión y estrategia geopolítica

La Casa Blanca busca también activar un nuevo ciclo inversor en Venezuela. A corto plazo, Trump ya se apunta un éxito: el precio del petróleo no se disparó tras los últimos acontecimientos, más allá del aumento de la prima de riesgo, lo que abre la puerta a carburantes más baratos en EE. UU..

Según Citi, Washington mantendrá la “cuarentena” sobre las exportaciones venezolanas como herramienta de presión política, modulando la oferta según la evolución del nuevo gobierno.

Maduro fuera, incertidumbre dentro

Con Nicolás Maduro ya destituido y Delcy Rodríguez ejerciendo como presidenta en funciones, se espera una mayor disponibilidad de crudo, aunque su impacto dependerá exclusivamente de Washington.

A largo plazo, Citi prevé que la producción venezolana empiece a crecer en el cuarto trimestre de 2026, con un aumento de entre 0,3 y 0,5 millones de barriles diarios hasta finales de 2027, siempre que las elecciones previstas para el verano de 2026 se celebren sin sobresaltos.

Conclusión

Estados Unidos no solo quiere recuperar el petróleo venezolano, sino también reabrir las cuentas pendientes del chavismo con el mundo.
Para muchas empresas españolas, el mensaje es claro: ha llegado el momento de reclamar.

La gran pregunta es si Venezuela afrontará por fin el coste real de décadas de expolio ideológico o volverá a esconderse tras la impunidad política.

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