Arabia Saudí, Emiratos e Irak aceleran rutas alternativas al estrecho de Ormuz. Goldman Sachs calcula que podrían proteger más del 60% de las exportaciones petroleras del Golfo en 2028.

La guerra con Irán está provocando una transformación que puede alterar durante décadas el mapa energético de Oriente Medio. Los principales productores del Golfo están acelerando oleoductos y terminales capaces de sacar millones de barriles de petróleo sin atravesar el estrecho de Ormuz, reduciendo así uno de los principales instrumentos de presión geopolítica de Teherán.

El movimiento responde a una vulnerabilidad que la actual crisis ha dejado al descubierto. Antes del conflicto, por Ormuz circulaban alrededor de 21 millones de barriles diarios, cerca del 20% del consumo mundial de hidrocarburos líquidos. Durante el segundo trimestre de 2026, ese flujo llegó a desplomarse hasta una media de aproximadamente 5 millones de barriles diarios.

Ahora Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos e Irak buscan una salida estructural: transportar cada vez más petróleo directamente hacia el mar Rojo, el golfo de Omán o el Mediterráneo, evitando las aguas situadas frente a Irán.

El Golfo quiere reducir su dependencia del estrecho de Ormuz

Durante décadas, la geografía ha concedido a Irán una extraordinaria capacidad de presión.

Una parte fundamental de las exportaciones de Arabia Saudí, Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Bahréin depende directa o indirectamente del paso por el estrecho de Ormuz.

La crisis actual ha demostrado el coste económico de esa concentración.

Según estimaciones de Goldman Sachs recogidas por la información publicada este domingo, las nuevas inversiones podrían permitir que más del 45% de las exportaciones petroleras del Golfo dispusieran de alternativas a Ormuz a finales de 2027.

Para finales de 2028, la proporción superaría el 60%. En un escenario de ejecución acelerada, podría alcanzar incluso el 75%.

El cambio no eliminaría la importancia estratégica del estrecho, pero sí reduciría considerablemente la capacidad de una interrupción en Ormuz para paralizar las exportaciones regionales.

Hasta 7,3 millones de barriles diarios adicionales

La dimensión de las inversiones previstas resulta especialmente significativa cuando se mide en barriles.

Goldman Sachs calcula que la capacidad adicional para evitar Ormuz podría aumentar en 3,8 millones de barriles diarios hasta finales de 2027.

En 2028, esa capacidad adicional podría alcanzar los 7,3 millones de barriles diarios.

Sumando las infraestructuras existentes, los productores de la región podrían disponer entonces de más de 14 millones de barriles diarios de capacidad alternativa.

La cifra todavía quedaría por debajo de los aproximadamente 21 millones que circulaban diariamente por Ormuz antes del conflicto, pero supondría un colchón energético radicalmente distinto al actual.

Emiratos quiere duplicar su gran oleoducto hasta Fujairah

Uno de los proyectos más avanzados se encuentra en Emiratos Árabes Unidos.

Abu Dabi trabaja en la ampliación del oleoducto Habshan-Fujairah, que conecta los campos petrolíferos del interior con Fujairah.

Su ventaja geográfica es fundamental: Fujairah está situada en el golfo de Omán, fuera del estrecho de Ormuz.

La infraestructura puede transportar actualmente alrededor de 1,8 millones de barriles diarios, pero los planes contemplan duplicar su capacidad hasta aproximadamente 3,6 millones de barriles al día en 2027.

De completarse según lo previsto, Emiratos podría exportar una parte muy importante de su producción sin necesidad de atravesar Ormuz.

El proyecto coincide además con los planes de Abu Dabi para elevar su capacidad productiva hasta aproximadamente 5 millones de barriles diarios en 2027.

Arabia Saudí mira al mar Rojo

Arabia Saudí parte con una ventaja considerable.

Su gran oleoducto East-West atraviesa el territorio saudí desde los campos petroleros orientales hasta Yanbu, en la costa del mar Rojo.

La infraestructura permite enviar petróleo hacia los mercados internacionales evitando completamente el estrecho de Ormuz.

Según los datos publicados, el sistema recuperó durante 2026 una capacidad de bombeo próxima a 7 millones de barriles diarios después de los daños sufridos durante el conflicto.

Riad estudia ahora nuevas inversiones para ampliar la capacidad de evacuación y reforzar las terminales del mar Rojo.

La lógica estratégica resulta evidente: cuanto mayor sea la capacidad saudí de trasladar petróleo desde el golfo Pérsico hasta el oeste del país, menor será su exposición a cualquier bloqueo o crisis en Ormuz.

Irak busca recuperar una salida directa al Mediterráneo

El tercer gran movimiento afecta a Irak, uno de los productores más expuestos a las interrupciones del estrecho.

Bagdad y Damasco han acordado reconstruir el antiguo corredor petrolero entre Irak y la costa siria. El proyecto permitiría transportar el crudo directamente hasta el Mediterráneo.

La nueva infraestructura tendría una capacidad inicial estimada de 2 millones de barriles diarios.

Sin embargo, se trata del proyecto con un horizonte más lejano.

La construcción podría prolongarse durante aproximadamente cuatro años y requerir una inversión mínima cercana a 15 000 millones de dólares, debido al deterioro de la antigua infraestructura y a la necesidad de reconstruir buena parte del trazado prácticamente desde cero.

La crisis ha mostrado la enorme vulnerabilidad de Ormuz

Los acontecimientos de 2026 explican la urgencia.

Antes de la guerra circulaban por el estrecho aproximadamente 21 millones de barriles diarios. Durante el segundo trimestre del año, el tráfico llegó a reducirse a unos 5 millones diarios de media.

Eso significa que, durante los momentos más graves de la crisis, más de tres cuartas partes del tráfico habitual quedaron interrumpidas.

Las rutas alternativas disponibles antes de esta nueva oleada de inversiones resultaban insuficientes. Los principales oleoductos de Arabia Saudí y Emiratos ofrecían conjuntamente alrededor de 4,7 millones de barriles diarios de capacidad efectiva para evitar Ormuz, según los datos citados por la publicación.

El problema no afecta exclusivamente a los productores árabes.

Una interrupción prolongada del estrecho puede traducirse en petróleo más caro, presión sobre los combustibles, mayores costes logísticos y nuevos riesgos inflacionistas para las economías importadoras, incluida Europa.

Los nuevos oleoductos amenazan una de las principales bazas de Irán

Aquí se encuentra la verdadera dimensión geopolítica de las inversiones.

La importancia estratégica de Irán no depende únicamente de su producción energética o de sus capacidades militares. También deriva de su posición junto a uno de los mayores cuellos de botella del comercio energético mundial.

La posibilidad de interrumpir el tráfico por Ormuz ha funcionado durante décadas como un elemento de presión frente a Estados Unidos y sus aliados regionales.

Pero un Golfo capaz de sacar más de 14 millones de barriles diarios mediante rutas alternativas sería sustancialmente menos vulnerable.

No significaría que Irán perdiera toda su capacidad de presión. Ormuz seguiría siendo imprescindible para una parte importante de las exportaciones y continuaría siendo una ruta crítica para el gas natural licuado y otros tráficos energéticos.

Pero sí podría cambiar la magnitud de una futura crisis.

Ormuz seguirá siendo clave, pero ya no necesariamente insustituible

A corto plazo, la dependencia continúa siendo enorme.

Los proyectos necesitan inversiones multimillonarias, ampliaciones de capacidad y, en algunos casos, varios años de construcción. Tampoco todas las rutas alternativas tienen la misma flexibilidad logística ni pueden reemplazar automáticamente el volumen que atraviesa el estrecho.

Por eso, hablar hoy del fin de Ormuz como gran arteria petrolera sería prematuro.

La tendencia, sin embargo, es clara: los países del Golfo están invirtiendo para que una futura crisis con Irán no pueda volver a bloquear una proporción tan elevada de sus exportaciones.

Si las estimaciones de Goldman Sachs se cumplen, más de seis de cada diez barriles exportados por los productores del Golfo antes de la guerra podrían disponer de una alternativa a Ormuz en 2028.

La guerra está acelerando así una transformación que puede sobrevivir al propio conflicto. Arabia Saudí, Emiratos e Irak están convirtiendo la diversificación de sus rutas petroleras en una cuestión de seguridad nacional, y el resultado podría reducir de forma duradera una de las mayores ventajas estratégicas de Teherán.

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