Los peritos de Transportes confirman que un contrato de mascarillas se duplicó en 38 minutos tras recibir un correo de Aldama. La sede del PSOE reconoce desorden de pagos sin concepto ni fecha. Las pruebas documentales y testimoniales apuntalan la corrupción durante la pandemia.

La tercera semana del juicio de las mascarillas en el Tribunal Supremo ha traído un golpe demoledor para las defensas del ex ministro de Transportes José Luis Ábalos y su ex asesor Koldo García. Testimonios de ex dirigentes del PSOE, empresarios interrogados, jefes de gabinete de ministerios y peritos de la Guardia Civil han convergido esta semana en un relato coherente: la influencia del empresario Víctor de Aldama en el Gobierno de Sánchez fue real, ejercida a través de sobornos presuntamente pagados a Ábalos, y el desbarajuste de pagos en la sede de Ferraz fue una realidad documentada. Los peritajes han puesto además en evidencia que en plena pandemia, estos actores aprovecharon la oportunidad para lucrarse con la compra de material sanitario que el Estado necesitaba con urgencia.

Los pagos sin concepto que Ferraz no puede explicar

El ex gerente del PSOE, Mariano Moreno Pavón, acudió a los estrados del Supremo con la intención de demostrar que la contabilidad del partido se ajustaba a la legalidad. Según su versión, todas las operaciones financieras pasaban por registros ordenados: viajes, gastos de representación, gastos de actividad. La caja de metálico se utilizaba, aseguró, únicamente para estos conceptos preestablecidos.

Pero la defensa de Koldo García, representada por la abogada Leticia de la Hoz, sacó a la luz documentos que dejaban al descubierto un panorama muy distinto. La letrada mostró hojas de liquidaciones de gastos del PSOE que ostentaban sumas abonadas, firmas de recibí, pero carecían de fecha y de concepto alguno. La pregunta que lanzó fue contundente: «¿Cómo se explica lo que acaba de contar con esas hojas de gasto?». El ex gerente no tuvo respuesta. Se limitó a asegurar que no conocía los documentos exhibidos y que todos los asientos contables se remitían al Tribunal de Cuentas.

El silencio fue ensordecedor. Ferraz, el corazón financiero del PSOE, operaba con un nivel de desorden que permitía pagos sin fecha, sin concepto, sin justificación. En el contexto de una trama de sobornos, esa opacidad no es inocencia: es coartada perfecta.

El largo brazo de Aldama en los ministerios: canal de comunicación con el poder

Los jefes de gabinete de tres ministerios diferentes comparecieron esta semana. Sus declaraciones pintaron un cuadro de infiltración política de proporciones preocupantes.

Transportes fue el epicentro. El secretario de Estado de Transportes, Pedro Saura, número dos de Ábalos, reveló algo significativo: Koldo García le adelantó que Aldama le llamaría, y le pidió que lo atendiese. La llamada se produjo en relación con el rescate de Air Europa. Saura afirmó que esa llamada le «molestó», pero la tomó. En múltiples ocasiones, según su testimonio, le dijo al señor ministro que «éramos un Gobierno que había llegado después de una sentencia [la de la Gürtel] y debíamos ser extremadamente rigurosos». El aviso fue ignorado.

El ex CEO de Globalia, filial de Air Europa, fue aún más explícito. Contrató a Aldama en dos ocasiones. La primera para recuperar 200 millones de dólares bloqueados en Venezuela (su contacto con el chavismo). La segunda, para ayudar al rescate público de la aerolínea. Cuando los fiscales insistieron en las preguntas, Hidalgo reconoció lo que había intentado minimizar: Aldama era el «canal de comunicación» con varios ministerios, especialmente el de Transportes pero también el de Economía.

Hacienda fue punto de acceso. Carlos Moreno Medina, ex jefe de Gabinete de María Jesús Montero, se reunió con Aldama a petición de Koldo. Trataron aplazamientos tributarios (competencia que no tenía). El funcionario negó haber recibido de Koldo y Aldama 25.000 euros por sus gestiones. También explicó que envió a Aldama datos de un piso que iba a comprar: fue para que opinara del precio como «asesor inmobiliario». Una coartada frágil.

Industria fue otra puerta. Juan Ignacio Díaz Bidart, jefe de Gabinete de la ex ministra Reyes Maroto, gestionó a petición de Koldo una reunión entre socios de Villafuel, empresa de un socio de Aldama que es ahora centro del caso Hidrocarburos en la Audiencia Nacional. El fiscal preguntó algo elemental: «¿Dio cuenta a la ministra de la reunión?». Bidart respondió que no recordaba si se la transmitió o no. Industria no era el ministerio competente. La anomalía fue flagrante.

Sanidad también consta en el registro. El jefe de Gabinete de Illa, Víctor Francos, se reunió tres veces con Koldo García porque así se lo pidió el hoy presidente de la Generalitat. Los negocios planteados no salieron adelante, pero el acceso fue real.

Las mascarillas: aprovechamiento de la crisis para enriquecimiento

Mientras el país sufría los rigores de la pandemia, con escasez de material de protección, la trama aprovechó la coyuntura. Un contrato de mascarillas con la empresa Soluciones de Gestión, vinculada a la trama, se duplicó de 4 a 8 millones de euros en apenas 38 minutos, justamente después de que se enviara un correo a Aldama.

Las auditoras del Ministerio de Transportes, interrogadas por el fiscal jefe de Anticorrupción, expresaron su sorpresa por el hecho de que Koldo García estuviera «encima de ese contrato». La estimación técnica ministerial había sido de 4 millones. Las expertas no cuestionaban la cifra inicial, sino la orden de adquisición. «Objetivamente, nadie nos ha dicho por qué se produce ese cambio», afirmaron. El correo a Aldama fue el detonante. La línea entre la iniciativa privada y el enriquecimiento mediante posición pública se difumina por completo.

La presencia de Jésica: el circulo más próximo al ministro

La ex secretaria de Ábalos, Ana María Aranda, confirmó que Jésica Rodríguez, ex amante del ex ministro, estuvo en 13 de sus 293 viajes oficiales. No es un dato menor. Es la presencia de una persona sin cargo oficial, sin función administrativa, en operaciones del Estado. Aldama logró incluso tener encuentros con jefes de Gabinete de ministras, usando a Jésica como acompañamiento de viajes de Ábalos. La cadena de influencia se extiende.

Audios sin manipulación: certeza de las pruebas

Los peritos del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil descartaron categóricamente que los audios incautados a Koldo García hubieran sido manipulados. La defensa pierde así una de sus pocas esperanzas probatorias.

La descomposición institucional revelada en los estrados

Lo que ocurre en los estrados del Tribunal Supremo no es una mera batalla entre acusación y defensa. Es la exhibición de cómo un Gobierno, supuestamente llegado al poder tras la corrupción de sus antecesores, operaba su propio sistema de tráfico de influencias. Ábalos no actuó en solitario. Koldo no fue un asesor desviado. Aldama no entró en ministerios sin que alguien abriera la puerta.

La implicación de jefes de Gabinete de tres ministerios, la presencia tolerada de figuras sin cargo oficial en viajes de Estado, el desorden contable en Ferraz que permitía pagos sin justificar, los contratos que se duplicaban en cuestión de minutos: todo converge en una conclusión incómoda para la izquierda española. No se trata de corrupción marginal, sino de corrupción sistémica, de un sistema que funcionaba como una red de favores, trámites acelerados e influencias vendidas al mejor postor.

Que esto ocurra en el Gobierno que llegó al poder prometiendo «regeneración democrática» después de la Gürtel es un recordatorio amargo: la denuncia de la corrupción ajena no inocula contra la propia. Las instituciones, según la jurisprudencia conservadora clásica, requieren virtud en los gobernantes. Cuando esa virtud falta, ni las leyes ni los tribunales pueden frenar completamente el deterioro de la confianza pública. Los españoles seguirán el juicio. Lo que ocurra en el Supremo, en los próximos meses, determinará si se restablece un mínimo de credibilidad democrática o si la sensación de impunidad entre las élites políticas se perpetúa. La pregunta que flota es: ¿A cuántos ministros y asesores se permitió, por debajo del nivel de Ábalos, operar bajo el mismo esquema durante estos seis años de Gobierno?

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