El poder adquisitivo de los trabajadores a jornada completa cerró 2025 todavía un 2 % por debajo del nivel previo a la pandemia, según el análisis de Funcas. El PIB avanza y el empleo aumenta, pero la mejora macroeconómica no termina de llegar con la misma intensidad al bolsillo.
España exhibe crecimiento económico, más empleo y un PIB superior al anterior a la pandemia, pero detrás de esas grandes cifras aparece una realidad bastante menos favorable para millones de trabajadores: cobrar más euros no significa necesariamente poder comprar más.
Los datos analizados por Funcas, a partir de estadísticas oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE), muestran que los trabajadores a jornada completa terminaron 2025 con un poder adquisitivo aproximadamente un 2 % inferior al de 2019.
La inflación acumulada durante esos seis años explica buena parte del deterioro. Los precios aumentaron alrededor de un 21,7 % entre 2019 y 2025, mientras que las remuneraciones de los trabajadores a tiempo completo no consiguieron avanzar al mismo ritmo.
El resultado plantea una incómoda contradicción para el Gobierno de Pedro Sánchez: España produce más que antes de la pandemia, pero numerosos trabajadores pueden comprar menos con su salario.
Los salarios reales de España todavía no recuperan 2019
La diferencia entre salario nominal y salario real resulta fundamental para comprender lo ocurrido.
El salario nominal refleja los euros que recibe un trabajador. El salario real mide lo que realmente puede comprar con esos ingresos una vez descontado el efecto de la inflación.
Así, un empleado puede recibir una subida salarial del 10 %, pero perder poder adquisitivo si durante ese mismo periodo los precios aumentan un 15 %.
Eso es precisamente lo que explica buena parte de la evolución desde la pandemia.
Aunque las nóminas han aumentado, la fuerte escalada del coste de la vida absorbió una parte sustancial de las subidas salariales.
Según el análisis de Funcas citado, los precios acumularon un incremento del 21,7 % entre 2019 y 2025. Para conservar exactamente la misma capacidad de compra, los salarios habrían tenido que aumentar al menos en una proporción equivalente.
Para buena parte de los trabajadores a jornada completa, eso no ocurrió.
Un 2 % menos de poder adquisitivo pese al crecimiento económico
La cifra más significativa afecta precisamente al empleo a jornada completa.
Al finalizar 2025, estos trabajadores mantenían una capacidad adquisitiva aproximadamente un 2 % inferior a la de 2019.
La pérdida puede parecer pequeña en términos porcentuales, pero adquiere una dimensión política y económica mucho mayor cuando se observa el periodo completo.
Han transcurrido seis años.
Durante ese tiempo España ha superado la crisis provocada por la pandemia, recuperado el crecimiento económico, aumentado el empleo y recibido una cantidad extraordinaria de recursos procedentes de los fondos europeos.
A pesar de ello, el trabajador medio a jornada completa todavía no había recuperado completamente el nivel adquisitivo anterior al Covid-19.
El salario medio aumentó hasta los 2 376 euros en 2025
El último ejercicio sí dejó cierta recuperación.
Durante 2025, el salario medio aumentó aproximadamente un 3,2 %, hasta alcanzar los 2 376 euros mensuales, mientras la inflación media se situó alrededor del 2,7 %.
Eso permitió una mejora del salario real cercana al 0,6 %.
Es una evolución positiva, pero insuficiente para borrar completamente las pérdidas acumuladas durante los años de mayor inflación.
De hecho, los salarios han conseguido superar el incremento anual de los precios durante varios ejercicios consecutivos. El problema está en el punto de partida: el golpe inflacionista anterior fue suficientemente intenso como para que la recuperación todavía no haya terminado.
La inflación se comió buena parte de las subidas salariales
El periodo posterior a la pandemia estuvo marcado por una fuerte subida de precios que afectó especialmente a partidas básicas de los hogares.
Alimentación, electricidad, combustibles, vivienda y numerosos servicios experimentaron incrementos importantes.
Cuando estos productos esenciales se encarecen, el impacto sobre las familias puede ser especialmente intenso porque resulta difícil reducir completamente su consumo.
Por eso, las estadísticas salariales nominales pueden ofrecer una imagen engañosa.
Un trabajador que gana hoy más euros que en 2019 puede encontrarse con que una parte mayor de su nómina debe destinarse a cubrir los mismos gastos básicos.
Y ahí reside la diferencia entre crecimiento salarial y crecimiento del bienestar.
El IRPF añade otro frente al debate sobre los salarios
La evolución de los precios también ha reabierto durante estos años el debate sobre la deflactación del IRPF.
Cuando los salarios nominales aumentan simplemente para compensar la inflación, un trabajador puede saltar determinados umbrales fiscales o soportar una factura tributaria superior pese a que su capacidad adquisitiva real apenas haya mejorado.
Es lo que habitualmente se conoce como progresividad en frío.
La oposición ha reclamado repetidamente al Gobierno una deflactación más amplia del impuesto para evitar que las subidas puramente nominales de los salarios terminen provocando un incremento efectivo de la presión fiscal.
El Ejecutivo, por su parte, ha optado por otras modificaciones tributarias focalizadas principalmente en las rentas más bajas.
Por tanto, atribuir toda la pérdida de poder adquisitivo exclusivamente al IRPF sería incorrecto: el factor determinante ha sido la inflación, aunque la política tributaria puede modificar cuánto de una subida salarial termina realmente disponible en el bolsillo del trabajador.
Los trabajadores a tiempo parcial presentan una evolución diferente
Los datos esconden además una diferencia relevante según el tipo de jornada.
Mientras los trabajadores a jornada completa permanecían aproximadamente un 2 % por debajo de su capacidad adquisitiva de 2019, los empleados a tiempo parcial registraban una mejora cercana al 3,9 %.
Esta diferencia contribuye a mejorar el promedio general y demuestra por qué resulta necesario analizar la composición de las estadísticas salariales.
El dato agregado puede ocultar realidades laborales considerablemente distintas.
Precisamente por eso, utilizar únicamente el salario medio nacional para determinar si los españoles viven mejor o peor puede conducir a conclusiones incompletas.
11 de 18 sectores no consiguen superar la inflación
El deterioro tampoco se concentra exclusivamente en una actividad económica.
Funcas analiza 18 ramas de actividad y concluye que únicamente 7 sectores registraron entre sus trabajadores a jornada completa incrementos salariales desde 2019 superiores al 21,7 % acumulado por los precios.
Esto significa que en 11 de los 18 sectores analizados las remuneraciones no consiguieron superar la inflación acumulada.
El dato resulta especialmente relevante porque demuestra que la pérdida de poder adquisitivo tiene una dimensión transversal.
No se trata únicamente del mal comportamiento de una actividad concreta que distorsione el promedio nacional.
Más de la mitad de las ramas analizadas presentan salarios a jornada completa cuya evolución desde 2019 ha quedado por detrás del incremento general de los precios.
Más PIB no significa automáticamente mejores salarios
La situación pone encima de la mesa una cuestión fundamental sobre la calidad del crecimiento español.
El PIB puede crecer sin que la renta disponible de cada trabajador aumente en la misma proporción.
La producción total de una economía depende de numerosos factores: crecimiento de la población, incorporación de nuevos trabajadores, inversión, gasto público, productividad o demanda exterior, entre otros.
Por eso, que España tenga un PIB mayor que en 2019 no implica automáticamente que cada ciudadano disponga de mayor capacidad económica.
Para conocer la evolución real del bienestar deben analizarse también variables como PIB per cápita, productividad, salarios reales, renta disponible, presión fiscal, coste de la vivienda y composición del empleo.
Los fondos europeos tampoco garantizan una mejora inmediata de las nóminas
España ha contado además durante este periodo con el extraordinario impulso de los fondos europeos vinculados al programa NextGenerationEU.
Estos recursos están destinados principalmente a inversión, transformación digital, transición energética y reformas estructurales.
Su impacto sobre los salarios, sin embargo, no tiene por qué producirse inmediatamente.
La cuestión política es otra: después de años de expansión económica y una inyección excepcional de recursos comunitarios, la recuperación del poder adquisitivo continúa siendo una asignatura pendiente para parte de los asalariados españoles.
Ese contraste dificulta que las buenas cifras macroeconómicas sean percibidas de igual manera en los hogares.
La vivienda agrava la sensación de pérdida de poder adquisitivo
Existe además un elemento que los indicadores generales de inflación no siempre reflejan completamente en la experiencia cotidiana: el acceso a la vivienda.
Para jóvenes y familias que necesitan alquilar o comprar actualmente, el coste residencial puede absorber una parte extraordinariamente elevada de sus ingresos.
Por ello, incluso una recuperación estadística completa del salario real medio no significaría necesariamente que todos los trabajadores hubieran recuperado su nivel de bienestar de 2019.
La situación depende enormemente de la edad, lugar de residencia, tipo de contrato, jornada laboral, situación familiar y, especialmente, de si la vivienda está pagada, hipotecada o alquilada.
La contradicción económica que afronta el Gobierno de Sánchez
El Gobierno puede defender legítimamente indicadores positivos: crecimiento del PIB, creación de empleo y recuperación posterior a la pandemia.
Pero esos datos conviven con otro igualmente relevante: el poder adquisitivo de los trabajadores a jornada completa seguía al cierre de 2025 alrededor de un 2 % por debajo de 2019, según el análisis de Funcas.
Ambas realidades pueden coexistir.
Y precisamente ahí se encuentra uno de los principales desafíos económicos de España: convertir el crecimiento agregado en mejoras perceptibles de renta, productividad y capacidad de compra para los hogares.
La discusión económica de los próximos meses no debería limitarse, por tanto, a cuánto crece España, sino a una pregunta mucho más cercana para cualquier trabajador: cuánto puede comprar realmente con su nómina.
