Europa vuelve al petróleo y gas en un movimiento que pocos anticipaban hace apenas cuatro años, cuando el discurso dominante apuntaba a una rápida transición hacia un modelo 100% renovable. Sin embargo, la guerra en Ucrania, la volatilidad de los precios energéticos y el temor a nuevas dependencias externas han provocado un giro estratégico en varios países clave del continente.
Lo que parecía una senda irreversible hacia la descarbonización acelerada ahora se matiza. Gobiernos que lideraban la transición verde han comenzado a prorrogar licencias, desbloquear proyectos paralizados y abrir nuevas exploraciones. Europa vuelve al petróleo y gas no como un abandono explícito de las renovables, sino como un reconocimiento de que la transición será más larga y compleja de lo previsto.
Dinamarca lidera el giro en el Mar del Norte
El último movimiento lo protagoniza Dinamarca. El Gobierno anunció la ampliación de licencias de extracción que expiraban en 2042 hasta, al menos, 2050. El país, referente en eólica marina con gigantes como Ørsted y Vestas, admite ahora que el gas del Mar del Norte seguirá siendo necesario.
La renovación incluye la emblemática plataforma Tyra, pieza clave para el suministro danés y europeo. El ministro Lars Aagaard fue contundente: “Habríamos preferido una Europa verde, pero la realidad es diferente”. Con un 36% de su suministro energético aún vinculado al crudo y un 45% de su producción centrada en petróleo y gas, el mensaje es claro: Europa vuelve al petróleo y gas porque la seguridad energética pesa más que el calendario climático.
Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la demanda de gas en la UE podría reducirse a la mitad en 2050, pero no desaparecer. Esa previsión sustenta la decisión danesa de blindar su producción durante décadas.
El gran giro de Noruega
Si Dinamarca ajusta su estrategia, Noruega directamente pisa el acelerador. El Gobierno otorgó 57 nuevas licencias a 19 compañías, entre ellas Equinor y BP. En 2025 el país produjo 122.000 millones de metros cúbicos de gas y 2 millones de barriles diarios de crudo.
La narrativa también ha cambiado en el sector privado. Equinor anunció un plan para perforar 250 pozos hasta 2035, con inversiones anuales multimillonarias. Su consejero delegado reconoció que fueron “demasiado optimistas” sobre la velocidad de expansión de las renovables.
Este movimiento confirma que Europa vuelve al petróleo y gas con el respaldo de su principal proveedor energético. Noruega, responsable de cerca de un tercio de las importaciones de gas de la UE, prioriza ahora la estabilidad de suministro frente a la aceleración verde.
Perforadoras activas en el Mediterráneo
El fenómeno no se limita al norte. Grecia e Italia emergen como nuevos protagonistas. Atenas ha firmado los primeros grandes proyectos de exploración en más de 40 años, con bloques en Creta y el Peloponeso donde participan Chevron y HELLENiQ Energy. También se han activado perforaciones frente a Corfú con ExxonMobil.
Las estimaciones hablan de hasta 3.500 millones de barriles equivalentes de petróleo. Si se confirman, podrían cubrir hasta un 4% del consumo de gas de la UE. Es otro indicio de que Europa vuelve al petróleo y gas buscando autonomía energética dentro de sus propias fronteras.
Italia quiere ser el hub gasista del sur
Italia, bajo el liderazgo de Giorgia Meloni, ha pasado de vetar nuevas licencias a conceder más de 30 en pocos meses. Empresas como Eni y Shell se han beneficiado de este cambio normativo en el Adriático y el Jónico.
El objetivo declarado es convertir al país en el gran centro de gas del Mediterráneo. Aunque el 42% de su mix eléctrico es renovable, el 44% de su generación depende del gas. En ese contexto, Europa vuelve al petróleo y gas también para sostener las economías más industrializadas del sur.
Reino Unido mantiene la puerta entreabierta
En el Mar del Norte, el Reino Unido aprobó un mecanismo que permite perforaciones en áreas adyacentes a campos existentes mediante “certificados de energía de transición”. Aunque el Gobierno prometió no emitir nuevas licencias, la fórmula legal facilita mantener la producción.
La decisión generó controversia, pero evidencia que Europa vuelve al petróleo y gas incluso en países que habían prometido frenar la expansión fósil.
¿Renuncia verde o transición realista?
El patrón común es evidente: la seguridad energética ha desplazado parcialmente la urgencia climática. No significa que las renovables desaparezcan del horizonte, pero sí que el calendario se ajusta a una realidad geopolítica más incierta.
Europa vuelve al petróleo y gas como medida de respaldo ante una transición energética más lenta de lo esperado. La pregunta ahora es si este giro será temporal o si marcará un cambio estructural en la política energética europea durante las próximas décadas.
Lo que está claro es que el continente ya no habla solo de molinos y paneles solares. También vuelve a escuchar el sonido de las perforadoras.
