La presión fiscal en España ha alcanzado niveles elevados, con un impacto significativo en los trabajadores con rentas modestas. Un análisis del economista Santiago Calvo, basado en datos de la Agencia Tributaria (AEAT), muestra que el tipo marginal efectivo del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) llega hasta el 79% en ciertos tramos para salarios cerca de 20 000 euros brutos anuales. Esto implica que, de cada 100 euros de aumento salarial, Hacienda retiene 79 euros, resultando en 21 euros adicionales en el bolsillo del trabajador.
Este fenómeno, ubicado entre 18 500 y 20 000 euros, se origina por la modificación de la deducción por rendimientos del trabajo, la cual se introdujo simultáneamente con el incremento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), que está previsto alcanzar 17 094 euros en 2026. Como resultado, los trabajadores que se situaban alrededor del SMI apenas se benefician de la deducción, lo que crea una distorsión en la carga fiscal que penaliza las subidas salariales.
Para ilustrar, un trabajador con un salario bruto de 17 094 euros goza de una deducción que elimina su cuota íntegra, resultando en un tipo efectivo del 0%. Sin embargo, al aceptar una subida a 18 000 euros, la deducción residual aún cubre la cuota, manteniendo el tipo marginal en cero. En el escalón siguiente, la cuota aumenta notablemente mientras la deducción desaparece, elevando el tipo marginal hasta el 69% y conteniendo picos del 79% en la franja en cuestión.
Este diseño fiscal ha sido objeto de críticas por su ineficiencia, ya que altos tipos marginales pueden desincentivar el trabajo y el esfuerzo productivo. Los expertos advierten que esto no solo afecta el crecimiento económico, sino también la base imponible y la recaudación potencial.

