Un día que evidenció la fragilidad del sistema moderno

Lo que comenzó como una aparente incidencia puntual terminó revelando una realidad incómoda: la extrema dependencia de la sociedad actual de los sistemas eléctricos y digitales. El 28 de abril de 2025, A Coruña vivió un apagón generalizado que paralizó comercios, transporte y comunicaciones, dejando al descubierto las vulnerabilidades de una infraestructura cada vez más digitalizada.

A las 12:33 horas, el suministro eléctrico se interrumpió de forma inesperada. Muchos ciudadanos pensaron inicialmente que se trataba de un fallo aislado en sus lugares de trabajo o estudio. Sin embargo, en pocos minutos quedó claro que la situación era mucho más grave: la ciudad entera estaba afectada.


Marineda City: evacuación ordenada, pero alerta generalizada

Uno de los puntos más afectados fue el centro comercial Marineda City, el mayor de Galicia. Según su gerente, Purificación Berdejo, la situación se mantuvo estable durante las primeras horas, pero comenzó a deteriorarse rápidamente.

“Conseguimos mantener la actividad habitual durante las primeras horas, pero hacia las 14:30 los clientes empezaron a abandonar el centro por problemas en pagos y suministros”, explicó.

La caída de las redes de comunicación provocó que los sistemas de pago con tarjeta y gestión digital quedaran inutilizados, obligando a una transición forzada hacia métodos tradicionales.

Pese al desconcierto inicial, la dirección del centro aseguró que la evacuación fue ordenada y fluida, siguiendo los protocolos de seguridad establecidos.


Un gesto clave: energía para respiradores de oxígeno

Uno de los aspectos más relevantes del episodio fue la reacción del centro ante posibles emergencias sanitarias. Marineda City mantuvo contacto con asociaciones vecinales para ofrecer sus instalaciones como punto de apoyo.

El objetivo era claro: permitir la recarga de baterías de respiradores de oxígeno en caso de necesidad.

Aunque finalmente no fue necesario utilizar esta asistencia, el hecho puso sobre la mesa una cuestión crítica: la dependencia vital de la electricidad en pacientes con tratamientos médicos domiciliarios.


Transporte urbano: funcionamiento limitado y soluciones improvisadas

El apagón también afectó al sistema de transporte público de A Coruña. La Compañía de Tranvías, responsable de los autobuses urbanos, experimentó incidencias en sus sistemas digitales, especialmente en:

  • Recargas de tarjetas
  • Pagos mediante códigos QR
  • Conectividad de red

Su director, Ignacio Prada, explicó que se recurrió a soluciones manuales para mantener el servicio operativo.

“Hubo que reforzar la gestión más analógica de la flota”, señaló Prada.

Durante la crisis, el pago en efectivo volvió a ser protagonista, incluso con gestos de solidaridad entre pasajeros que ayudaron a otros a pagar el billete cuando los sistemas digitales fallaban.


Una lección incómoda: la vulnerabilidad del modelo digital

Más allá de las incidencias puntuales, el episodio dejó una conclusión clara dentro del sector del transporte:

“Evidenció la importancia de disponer de alternativas operativas más allá de los sistemas digitales”, reconoció Ignacio Prada.

Paradójicamente, el tráfico urbano llegó a ser más fluido de lo habitual, debido a la menor actividad general y a la coordinación manual de los servicios.

Este hecho abre un debate cada vez más relevante: la excesiva digitalización de servicios esenciales sin suficientes sistemas de respaldo físico o analógico.


Dependencia tecnológica y resiliencia: una alerta para el futuro

El apagón de A Coruña no fue solo una incidencia puntual, sino un ejemplo claro de cómo una ciudad moderna puede quedar parcialmente paralizada en cuestión de minutos.

Entre los principales problemas detectados destacan:

  • Fallos en sistemas de pago electrónicos
  • Dependencia de redes de comunicación centralizadas
  • Vulnerabilidad de servicios sanitarios dependientes de electricidad
  • Falta de protocolos alternativos plenamente robustos

La jornada dejó también un mensaje positivo: la capacidad de respuesta del personal humano, que en muchos casos logró mantener el orden y garantizar la seguridad de los ciudadanos.


Conclusión: cuando la tecnología falla, la realidad se impone

El episodio vivido en A Coruña demuestra que, pese al avance tecnológico, la sociedad sigue siendo altamente vulnerable a los fallos energéticos y digitales. La combinación de improvisación, protocolos de emergencia y recursos humanos evitó un escenario mayor, pero dejó una advertencia clara.

¿Está preparada la infraestructura española para un apagón prolongado a gran escala?

La respuesta, tras lo ocurrido, parece aún incómodamente abierta.

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