La menorquina pone fin a una alianza histórica con el técnico argentino tras conquistar varios números uno. El circuito femenino se reconfigura.
Una separación que sacude la élite del pádel femenino
El pádel profesional vive uno de sus movimientos más relevantes de los últimos años. Gemma Triay y su entrenador Rodri Ovide han anunciado su separación profesional tras más de seis años y medio de trabajo conjunto, una etapa en la que alcanzaron la cima del ranking mundial y marcaron una era en el circuito femenino.
El anuncio, realizado este domingo 22 de febrero de 2026, fue presentado como una decisión “de mutuo acuerdo” y descrito como una “pausa” en su relación profesional. Sin embargo, más allá de las fórmulas diplomáticas habituales en el deporte de élite, la ruptura tiene un evidente impacto estratégico en un circuito cada vez más competitivo.
Seis años y medio de hegemonía y reinvención
Bajo la dirección del técnico argentino, Triay conquistó el número uno del mundo en 2020, formando pareja con Lucía Sainz. Repitió en 2021 y 2022 junto a Alejandra Salazar, y volvió a alcanzar la cima en 2025 con Delfi Brea.
Siempre con Ovide en el banquillo.
La cifra habla por sí sola: cuatro etapas distintas en lo más alto del ranking mundial, con diferentes compañeras y contextos deportivos. Un logro que no solo refleja talento individual, sino también una planificación táctica y mental de alto nivel.
Ovide no fue un técnico más. Dentro del vestuario era considerado el arquitecto táctico de la evolución de Triay, capaz de reinventar su juego y adaptarlo a los cambios de pareja y a la creciente exigencia física del circuito.
Un mensaje de familia… y un cambio de ciclo
En el comunicado difundido en redes sociales, la jugadora menorquina fue clara:
“Han sido 6 años y medio increíbles, compartiendo sueños y retos. Hemos llegado a lo más alto del ranking”.
Más allá de lo profesional, ambos subrayaron que “somos familia”, una expresión poco habitual en un deporte donde las alianzas suelen ser volátiles.
Pero en el deporte de alto rendimiento, los ciclos se agotan. La pregunta inevitable es si esta “pausa” responde únicamente a un desgaste natural o si detrás hay diferencias estratégicas de cara a la nueva temporada.
El pádel femenino atraviesa un momento de transformación: nuevas parejas, cambios de circuito, aumento de inversión internacional y una creciente profesionalización. En este contexto, cada movimiento en la élite tiene implicaciones competitivas y comerciales.
Reconfiguración del tablero competitivo
La salida de Ovide deja abierta una incógnita clave: ¿quién asumirá ahora la dirección técnica de Triay? Y más aún, ¿podrá mantener su hegemonía sin el entrenador que la acompañó en sus mayores éxitos?
El circuito pierde, al menos temporalmente, una de las sociedades más sólidas y exitosas del pádel moderno. Pero también se abre una oportunidad para nuevas alianzas y estrategias.
En un deporte donde el detalle táctico y la estabilidad emocional marcan la diferencia, este movimiento puede alterar el equilibrio competitivo de 2026.
Porque cuando una dupla que ha dominado el ranking durante años se rompe, el mensaje es claro: el cambio de ciclo ya ha comenzado.
