El Gobierno de José Antonio Kast apuesta por bajar el impuesto empresarial, blindar fiscalmente grandes inversiones, reducir trabas burocráticas y contener el gasto. El plan puede devolver competitividad a Chile, pero también abre una batalla decisiva sobre recaudación, déficit y tamaño del Estado.

Chile ha decidido cambiar de rumbo económico. Después de más de una década de crecimiento mediocre, debilitamiento de la inversión y creciente incertidumbre regulatoria, el Gobierno de José Antonio Kast ha puesto en marcha una ambiciosa reforma económica con una receta que rompe con buena parte de la tendencia política de los últimos años: menos impuestos a las empresas, más seguridad jurídica para invertir, menos burocracia y mayor disciplina sobre el gasto público.

La denominada Ley de Reconstrucción Nacional y Desarrollo Económico y Social, conocida políticamente como la “megarreforma” de Kast, se ha convertido en la pieza central de la estrategia económica del nuevo Ejecutivo.

Y el planteamiento es contundente: Kast pretende que Chile vuelva a crecer haciendo más atractivo invertir y producir, no aumentando permanentemente el tamaño del Estado.

La apuesta no está exenta de riesgos. Reducir impuestos antes de comprobar si la inversión responderá puede tensionar los ingresos públicos. Pero el Ejecutivo chileno sostiene que continuar con una economía creciendo alrededor del 2% anual tampoco constituye una alternativa sostenible.

Kast cambia la receta económica de Chile

Durante décadas, Chile fue presentado como una de las grandes historias económicas de América Latina. El crecimiento, la inversión privada, la apertura comercial y una política macroeconómica relativamente disciplinada permitieron al país avanzar con rapidez.

Ese impulso se fue debilitando.

Según el diagnóstico recogido en la información de partida, el crecimiento chileno lleva aproximadamente una década instalado alrededor del 2% anual, muy lejos de las tasas cercanas al 5% alcanzadas durante etapas anteriores. Además, el PIB cayó un 0,2% interanual durante el segundo trimestre de 2026.

Para Kast, el problema no se resuelve simplemente redistribuyendo una riqueza que crece lentamente. Su estrategia pasa por ampliar primero la capacidad de generar riqueza, inversión y empleo.

De ahí el carácter profundamente liberal de la reforma.

El impuesto empresarial bajará del 27% al 23%

La medida políticamente más significativa afecta a la fiscalidad empresarial.

El Impuesto de Sociedades, actualmente situado en el 27%, deberá reducirse progresivamente hasta alcanzar el 23% durante los próximos cuatro años, según la reforma descrita.

La rebaja queda lejos del 17% defendido históricamente por Kast, pero supone un cambio importante de dirección.

Chile había recorrido precisamente el camino contrario desde aproximadamente 2010: la tributación empresarial pasó del entorno del 17% al 27%.

Kast pretende ahora revertir parcialmente esa subida.

La lógica económica es clara: si Chile reduce el coste fiscal de invertir y obtener beneficios, puede resultar más competitivo frente a otros destinos internacionales para el capital.

Pero ahí aparece la primera gran incógnita.

Una rebaja tributaria no crea automáticamente fábricas, minas, empresas tecnológicas ni puestos de trabajo. Para que funcione, los inversores deben creer que Chile ofrece también estabilidad institucional, seguridad, financiación, energía, capital humano y reglas previsibles.

Más de un millón de pymes, entre las beneficiadas

La reforma incorpora asimismo alivios dirigidos a más de un millón de pequeñas y medianas empresas, además de cambios destinados a mejorar la integración entre la tributación empresarial y la que posteriormente soportan sus propietarios.

El planteamiento supone un enfrentamiento intelectual directo con quienes consideran que aumentar la presión fiscal empresarial constituye necesariamente una herramienta eficaz para incrementar la justicia económica.

Kast plantea justamente lo contrario: gravar menos el capital productivo puede incentivar que una mayor proporción del beneficio permanezca dentro de la economía financiando inversión, expansión empresarial y contratación.

Será el comportamiento real de la economía el que determine quién tiene razón.

Kast quiere blindar durante 25 años las reglas para grandes inversiones

Probablemente, la medida más controvertida sea la denominada “invariabilidad tributaria”.

Los proyectos superiores a 50 millones de dólares podrán acogerse, bajo determinadas condiciones, a un marco fiscal estable durante un periodo que podría alcanzar 25 años.

Es una decisión de enorme trascendencia.

Una compañía que estudie invertir cientos o miles de millones en una explotación minera, una planta industrial, una infraestructura energética o cualquier proyecto de larga duración no analiza solamente cuánto pagará de impuestos hoy.

También calcula qué posibilidades existen de que un futuro Gobierno cambie radicalmente las condiciones una vez desembolsado el capital.

La respuesta de Kast es intentar limitar ese riesgo.

El gran mensaje a los inversores: las reglas no cambiarán después

La izquierda chilena ha criticado este mecanismo porque condicionaría la capacidad tributaria de futuros gobiernos.

El Ejecutivo responde con una filosofía diametralmente opuesta: la seguridad jurídica necesita precisamente limitar la posibilidad de que el Estado cambie unilateralmente las condiciones después de recibir una inversión multimillonaria.

Aquí aparece una de las grandes cuestiones que marcarán el futuro económico chileno.

¿Qué resulta más importante para atraer capital: que cada Gobierno conserve plena libertad para modificar los impuestos o que un inversor pueda conocer las condiciones fiscales de un proyecto durante toda su vida útil?

Kast ha elegido claramente la segunda opción.

Y el Tribunal Constitucional ha dejado en pie el núcleo de este mecanismo después de examinar la impugnación presentada por la oposición, aunque eliminó algunos elementos complementarios de la regulación, según la información aportada.

La “permisología”, en el punto de mira

Pero bajar impuestos sirve de poco si construir una fábrica o desarrollar una infraestructura exige atravesar durante años un laberinto administrativo.

Por eso la megarreforma de Kast también apunta contra la denominada “permisología”.

La acumulación de autorizaciones sectoriales, procedimientos administrativos, evaluaciones ambientales y potenciales litigios se había convertido en una de las grandes quejas del tejido empresarial chileno.

El Gobierno quiere acortar los procesos y aumentar la certeza jurídica de los proyectos.

Este punto resulta incluso más importante que determinadas rebajas fiscales.

El capital puede soportar impuestos relativamente elevados cuando existe seguridad jurídica y capacidad para desarrollar rápidamente un proyecto rentable. Lo que difícilmente tolera es invertir millones y permanecer años esperando una autorización sin saber cuándo llegará la decisión definitiva.

Kast también pone el gasto público bajo vigilancia

La reforma presenta otro elemento fundamental que evita reducirla simplemente al eslogan de “bajar impuestos”.

El Gobierno pretende que el gasto público crezca por debajo de la economía.

El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, ha anticipado que el Presupuesto de 2027 limitará el crecimiento del gasto a una horquilla situada entre el 0% y el 1%, de acuerdo con la información aportada.

Esto es decisivo.

Bajar impuestos disparando simultáneamente la deuda pública no reduce realmente la factura del Estado: simplemente la aplaza.

La estrategia de Kast intenta evitar esa contradicción.

Si el PIB nominal aumenta durante varios años a mayor velocidad que el gasto público, el peso relativo del Estado puede reducirse progresivamente sin necesidad de ejecutar recortes nominales generalizados.

Algunas medidas de disciplina presupuestaria consiguieron además apoyos parlamentarios considerablemente superiores a los obtenidos por las rebajas fiscales. Determinados artículos relacionados con el control del gasto llegaron a recibir 119 votos entre 155 diputados.

¿Cómo actuará realmente la reforma de Kast sobre la economía?

El mecanismo que pretende activar el Gobierno puede resumirse en una cadena económica relativamente sencilla.

Menores impuestos empresariales deberían aumentar el rendimiento esperado de las inversiones. La estabilidad tributaria pretende reducir el riesgo político de los grandes proyectos. Una tramitación administrativa más rápida debería reducir costes y plazos. Y la contención del gasto busca impedir que las rebajas fiscales terminen financiándose permanentemente mediante deuda.

Si esas cuatro piezas funcionan simultáneamente, Kast espera provocar una secuencia de más inversión → mayor capacidad productiva → más empleo → crecimiento económico → ampliación de las bases imponibles.

Pero existe también un escenario adverso.

Si los impuestos bajan y la inversión no responde suficientemente, la recaudación puede disminuir sin que aparezca el crecimiento necesario para compensarla.

En ese caso, el Gobierno tendría que profundizar en la contención presupuestaria o buscar nuevas fuentes de ingresos.

La gran batalla será comprobar si vuelve la inversión

Por eso los titulares sobre las rebajas fiscales cuentan solamente una parte de la historia.

La verdadera prueba de la megarreforma será la inversión.

Si durante 2027, 2028 y los años siguientes comienzan a aumentar los proyectos industriales, mineros, energéticos y empresariales, el Gobierno podrá defender que su giro liberal ha conseguido desbloquear capital que permanecía paralizado.

Si eso no sucede, Kast tendrá un problema considerable: habrá asumido el coste político de reducir impuestos sin obtener a cambio el crecimiento prometido.

No existe una garantía automática.

La inversión depende también de la productividad, seguridad ciudadana, estabilidad política, regulación laboral, calidad institucional, acceso a financiación y demanda internacional.

El próximo frente: recuperar los mercados de capitales

La reforma tampoco pretende ser el final de la agenda económica.

El Gobierno prepara cambios en el mercado de capitales para recuperar profundidad bursátil, facilitar financiación a empresas medianas, atraer compradores extranjeros de deuda chilena y desarrollar instrumentos específicos para compañías innovadoras.

Es una pieza coherente con el resto del programa.

Una empresa puede pagar menos impuestos, pero si no encuentra financiación para crecer, la rebaja fiscal tendrá un efecto limitado.

Kast intenta actuar simultáneamente sobre fiscalidad, regulación, inversión y financiación.

Chile se convierte en un laboratorio económico para América Latina

La trascendencia del experimento supera las fronteras chilenas.

Durante los próximos años, Chile puede convertirse en uno de los grandes laboratorios económicos de América Latina.

Mientras otros gobiernos apuestan por ampliar gasto, regulación y presión fiscal para financiar nuevas políticas públicas, Kast ensaya el camino contrario: reducir cargas sobre la actividad productiva y exigir que el Estado modere su expansión.

Eso convierte el resultado en políticamente explosivo.

Si Chile recupera tasas elevadas de inversión y crecimiento, Kast dispondrá de un poderoso argumento a favor de las políticas liberales en toda Iberoamérica.

Si fracasa, sus adversarios utilizarán precisamente ese resultado para cuestionar la efectividad de las rebajas fiscales y del adelgazamiento relativo del Estado.

Kast se juega buena parte de su Presidencia con esta reforma

El presidente chileno ha elegido un camino que permitirá evaluar sus resultados con datos.

No bastará con discursos.

Habrá que observar crecimiento del PIB, inversión privada, creación de empleo, productividad, salarios, recaudación, déficit y deuda pública.

Ese será el auténtico examen.

La izquierda chilena sostiene que la reforma beneficia especialmente a empresas y contribuyentes de rentas elevadas y alerta sobre la pérdida de recaudación. Kast responde implícitamente con una pregunta distinta: ¿de qué sirve repartir cada vez más una economía que prácticamente ha dejado de crecer?

El choque entre ambas concepciones difícilmente podría ser más claro.

Después de años de estancamiento relativo, Chile vuelve a colocar el crecimiento económico en el centro de la discusión política. Kast apuesta por recuperar inversión mediante impuestos más bajos, reglas estables y menos burocracia, mientras intenta impedir que el déficit se convierta en el talón de Aquiles de su programa.

El éxito no está garantizado. Pero la dirección sí resulta inequívoca: Chile acaba de emprender uno de los giros económicos más ambiciosos de su historia reciente y Kast se juega buena parte de su credibilidad en demostrar que liberar inversión y contener al Estado puede volver a poner al país en marcha.

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