A 22 días de asumir la Presidencia de Chile, José Antonio Kast acelera la cuenta regresiva con una de sus promesas más controvertidas: expulsar a los migrantes que se encuentren en situación irregular. El anuncio ha generado expectativas en parte de su electorado, pero también interrogantes jurídicos, operativos y diplomáticos.
Las promesas de campaña en materia migratoria
Durante su campaña, Kast planteó un programa contundente en materia de seguridad y control fronterizo. Entre sus principales propuestas estuvieron:
- Expulsión inmediata de migrantes en situación irregular, priorizando a quienes tengan antecedentes penales.
- Cierre reforzado de fronteras, con mayor despliegue militar en el norte del país.
- Revisión de beneficios sociales para extranjeros sin residencia legal.
- Reformas legales para acelerar los procesos administrativos de expulsión.
- Fortalecimiento de la Policía de Investigaciones y coordinación con Fuerzas Armadas.
El presidente electo ha insistido en que la “recuperación del orden” será eje central de su Gobierno, vinculando migración irregular con seguridad pública.
¿Son viables las expulsiones masivas?
La viabilidad real de una política de expulsiones masivas enfrenta varios obstáculos:
- Marco jurídico: Chile está sujeto a tratados internacionales de derechos humanos que limitan expulsiones colectivas y exigen debido proceso individual.
- Capacidad administrativa: Los procesos de expulsión requieren identificación, notificación, recursos judiciales y coordinación consular.
- Acuerdos diplomáticos: La repatriación depende de que los países de origen acepten el retorno de sus ciudadanos.
- Costos operativos: Traslados, custodia y logística implican un gasto significativo.
Expertos en derecho migratorio advierten que cualquier medida deberá respetar la legislación vigente y que las expulsiones automáticas podrían enfrentar recursos judiciales y frenos en tribunales.
La esperanza de orden para su electorado
Para parte de la ciudadanía, especialmente en regiones afectadas por crisis migratoria, la llegada de Kast representa una expectativa de mayor control y firmeza estatal. Sectores empresariales y comunidades del norte esperan que el nuevo Ejecutivo entregue señales claras de autoridad y reduzca la presión sobre servicios públicos.
El presidente electo ha prometido actuar “con apego a la ley, pero sin titubeos”, defendiendo que su Gobierno dará certezas y recuperará la seguridad.
Entre la promesa política y la realidad institucional
La gran incógnita es si el discurso de campaña podrá traducirse en políticas sostenibles. La experiencia comparada en otros países muestra que las expulsiones masivas rara vez son inmediatas o simples, y suelen derivar en tensiones diplomáticas y judiciales.
Además, el fenómeno migratorio responde a factores regionales complejos —crisis económicas, inestabilidad política y redes de tráfico— que trascienden una sola administración.
La cuenta regresiva avanza. Kast asumirá con un mandato claro de parte de sus votantes: ordenar la casa. Pero gobernar implica más que cumplir consignas. Implica navegar entre la ley, la realidad internacional y los derechos fundamentales.
La pregunta no es solo si podrá expulsar a quienes estén irregulares, sino cómo lo hará sin tensionar el Estado de Derecho ni comprometer la imagen internacional de Chile.
Las promesas generan esperanza. La gobernabilidad exige equilibrio.
