El Día de Reyes, conocido como Epifanía, se celebra en diversas culturas del mundo, marcando el final de las festividades navideñas. Aunque su esencia gira en torno a la conmemoración de la visita de los Reyes Magos al Niño Jesús, las formas de celebrarla difieren notablemente entre países.
En España y gran parte de Hispanoamérica, la noche del 5 de enero es especialmente esperada. Las cabalgatas recorren las calles, lanzando caramelos, mientras los niños dejan sus zapatos junto a comida para los camellos. Al amanecer, los regalos se encuentran en el salón, y el roscón de Reyes se sirve como el plato típico.
Por otro lado, en Francia, el 6 de enero se centra en la gastronomía con la Galette des Rois, una tarta de hojaldre rellena de frangipane. Dentro de esta, se esconde una figurita, y el miembro más joven de la familia es responsable de repartir las porciones.
En Italia, la figura de la bruja Befana es central; ella viaja en escoba y deja dulces a los niños buenos, mientras que a aquellos que se han portado mal les deja carbón. En Portugal, se disfruta del Bolo Rei, un pastel similar al roscón español, aunque de textura más densa y con frutos secos.
En Alemania, Austria y Polonia, la celebración se lleva a cabo en las calles mediante los Sternsinger o cantores de la estrella, un grupo de niños disfrazados de Reyes Magos que recaudan fondos para causas benéficas. Incluyen la tradición de marcar las puertas con las iniciales C+M+B, un símbolo de buenos deseos.
Finalmente, en la tradición ortodoxa griega, el 6 de enero se celebra el Bautismo de Jesús. Un sacerdote lanza una cruz al agua, y jóvenes se sumergen en busca de recuperarla, creyendo que aquel que lo logre obtendrá buena fortuna durante el año.
Así, la Epifanía se presenta como una celebración diversa en Europa, reflejando la rica variabilidad cultural en sus tradiciones y costumbres.
