El 52 % de los trabajadores encuestados en 11 países de la zona euro utiliza inteligencia artificial en su empleo, el doble que en 2024. Entre los usuarios, el ahorro mediano alcanza tres horas semanales.

La inteligencia artificial ya está produciendo ganancias de eficiencia medibles en el mercado laboral europeo. Un nuevo análisis del Banco Central Europeo (BCE) revela que el usuario mediano de IA declara ahorrar tres horas de trabajo a la semana, aproximadamente un 7,7 % de su tiempo laboral.

El dato procede de la Encuesta de Expectativas del Consumidor del BCE, que recoge mensualmente las respuestas de alrededor de 20 000 personas de 11 países de la zona euro. Por tanto, conviene precisar que no representa literalmente a todos los trabajadores europeos, sino a la población estudiada por esta encuesta del BCE.

Los resultados muestran además una transformación extraordinariamente rápida: el uso laboral de la IA ha pasado del 26 % en 2024 al 41 % en 2025 y al 52 % en 2026.

El 48,8 % usa IA y además consigue ahorrar tiempo

Uno de los datos más relevantes del estudio es que el 48,8 % del conjunto de trabajadores encuestados declara utilizar IA y ahorrar tiempo gracias a ella. Es decir, prácticamente la mitad.

Esto introduce una diferencia importante: que el 52 % utilice IA no significa que todos obtengan las mismas ganancias de productividad.

Entre quienes sí consiguen ahorrar tiempo, la mediana se sitúa en tres horas semanales.

Los economistas António Dias da Silva, Laura Lebastard y David Sondermann, autores del análisis publicado por el BCE el 26 de agosto, advierten además de que los resultados están muy repartidos: la mayoría obtiene mejoras moderadas, mientras un grupo reducido declara ganancias mucho mayores.

Programar con IA dispara el ahorro de tiempo

Las diferencias dependen especialmente de la tarea realizada.

La generación y depuración de código aparece entre las actividades con mayores ganancias, acercándose a ocho horas semanales, aunque solamente alrededor del 8 % de los trabajadores utiliza la IA con esa finalidad.

También aparecen importantes mejoras en análisis de datos, automatización de tareas rutinarias y generación de contenidos audiovisuales.

En cambio, los usos más extendidos son otros: investigación, recopilación de información, redacción y edición de textos.

La conclusión resulta relevante para las empresas: no todas las aplicaciones de inteligencia artificial producen el mismo retorno de productividad.

Los jóvenes lideran el uso de inteligencia artificial

La adopción tampoco es homogénea.

El BCE detecta una fuerte diferencia relacionada con la formación y la edad. Entre los trabajadores con educación superior, el uso alcanza el 61 %, frente al 37 % entre quienes tienen niveles educativos inferiores.

Los trabajadores jóvenes también presentan tasas de adopción aproximadamente 20 puntos superiores a las de sus compañeros de mayor edad.

Las diferencias entre hombres y mujeres, en cambio, son considerablemente menores.

Quienes incorporan la IA a su actividad profesional la utilizan de media aproximadamente tres días por semana.

Ahorrar tres horas no significa automáticamente producir un 7,7 % más

Aquí aparece el principal matiz del estudio.

El ahorro de tiempo no equivale automáticamente a un aumento idéntico de productividad. Para que las tres horas liberadas generen más producción, deben utilizarse en realizar trabajo adicional o de mayor valor.

Cuando el BCE traslada los resultados al conjunto de trabajadores, teniendo en cuenta que solo el 48,8 % utiliza IA y obtiene ahorro de tiempo, calcula una ganancia global de eficiencia en horas trabajadas más próxima al 3,8 %.

El propio BCE estima en otros trabajos que la IA podría aportar alrededor de 0,35 puntos porcentuales adicionales de crecimiento anual de la productividad en la zona euro, aunque existe una enorme incertidumbre sobre estas proyecciones.

La paradoja: aumenta su uso, pero empeora ligeramente su imagen

La expansión de la IA convive con un fenómeno aparentemente contradictorio.

Aunque más trabajadores utilizan estas herramientas, el porcentaje que mantiene una visión positiva sobre ellas ha bajado del 43 % al 41 % en un año.

El BCE apunta a que esta percepción puede estar relacionada con un contexto económico más incierto. Los trabajadores que observan negativamente la IA también muestran mayores temores sobre el desempleo y la posibilidad de perder su puesto.

El estudio, por tanto, no demuestra que hayan desaparecido los riesgos laborales asociados a la inteligencia artificial.

Lo que sí aporta son datos concretos frente al debate puramente teórico: la IA ya está integrada en el trabajo cotidiano de más de la mitad de los empleados encuestados y prácticamente uno de cada dos declara ahorrar tiempo utilizándola.

La IA pasa de promesa tecnológica a herramienta cotidiana

En apenas dos años, la utilización profesional de inteligencia artificial ha pasado del 26 % al 52 %. El salto muestra la velocidad con la que herramientas como los asistentes generativos se están incorporando a empresas y oficinas.

La gran cuestión económica será ahora determinar qué hacen las empresas con esas horas liberadas.

Si se transforman en mayor producción, mejores servicios o tareas de mayor valor añadido, la inteligencia artificial podría convertirse en una importante palanca de productividad europea. Si simplemente desplaza unas tareas por otras sin aumentar el resultado final, el efecto macroeconómico será considerablemente menor.

Los primeros datos del BCE, en cualquier caso, dejan una cifra difícil de ignorar: el usuario mediano ya declara ahorrar tres horas de trabajo cada semana gracias a la IA.

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