La riqueza en Europa se distribuye de manera más equitativa
El debate en torno a la desigualdad económica en Europa ha cobrado un nuevo impulso, a medida que diversos estudios sugieren un cambio en la narrativa establecida sobre la concentración de la riqueza.
Históricamente, la discusión económica ha estado enmarcada en torno a la pobreza y la desigualdad. Un economista español ha señalado que «nadie murió de desigualdad, pero muchos sí han muerto de pobreza». Sin embargo, investigaciones recientes indican que la desigualdad no se ha incrementado en las últimas décadas, sino que, al contrario, las sociedades europeas son más igualitarias.
El libro del economista sueco Daniel Waldenström, Más ricos y más iguales, plantea que la distribución de la riqueza ha mejorado, con datos que reflejan una notable convergencia en indicadores de bienestar entre diferentes estratos sociales. Por ejemplo, la alfabetización, la esperanza de vida, y la nutrición han visto un aumento considerable en su accesibilidad, reduciendo brechas significativas que existían en el pasado.
En las sociedades preindustriales, la riqueza estaba íntimamente ligada a la propiedad de la tierra, lo que suponía una limitación en su distribución. En cambio, el sistema capitalista ha promovido la generación de riqueza a través de la innovación y el emprendimiento. Las grandes fortunas actuales son en gran medida el resultado de activos productivos y no solo de acumulaciones pasivas. La clase media ha visto un aumento sostenido en su patrimonio, mientras que la concentración de riqueza en el 1% más rico ha disminuido.
Además, el acceso a la vivienda y la participación en mercados financieros han sido identificados como factores clave en esta democratización de la riqueza. La disponibilidad de una propiedad o un pequeño capital permite a las familias de rentas medias y bajas mejorar su situación económica y tomar más riesgos en sus emprendimientos y carreras.
Por lo tanto, algunos expertos argumentan que fomentar el acceso a instrumentos de inversión podría potenciar aún más esta tendencia hacia la igualdad. A medida que las familias acceden a distintos niveles de capitalización, se observa que la mejora económica se vuelve más accesible para un mayor número de personas, desafiando la noción de que la desigualdad está en aumento.
