La cumbre de Nueva Delhi logra una declaración conjunta que reclama «máxima contención», protección de los civiles y respeto a la soberanía. Putin, Xi Jinping y los dirigentes de Irán y Emiratos escenifican además el creciente peso de un bloque que quiere reformar el orden internacional.
Los BRICS han conseguido cerrar filas en Nueva Delhi ante la escalada bélica en Oriente Medio, aunque lo han hecho mediante una fórmula diplomática cuidadosamente calculada: pedir «máxima contención» sin identificar en su declaración conjunta a ningún país como responsable.
El acuerdo supone un éxito para el anfitrión, Narendra Modi, después de que la reunión preparatoria de ministros de Exteriores celebrada en mayo terminara sin un comunicado conjunto. Esta vez, las profundas diferencias internas no han impedido alcanzar un texto común en una cumbre a la que asisten Vladímir Putin, Xi Jinping y representantes de Irán y Emiratos Árabes Unidos, entre otros dirigentes.
La resolución refleja al mismo tiempo la principal fortaleza y una de las grandes debilidades de los BRICS: son capaces de reunir a potencias con intereses muy diferentes, pero precisamente esa diversidad obliga a buscar posiciones suficientemente ambiguas para que todos puedan aceptarlas.
Los BRICS piden «máxima contención» en Oriente Medio
La declaración aprobada en la capital india expresa la «profunda preocupación» de los miembros del bloque por la escalada de las tensiones en Oriente Medio.
Los BRICS reclaman a las partes que ejerzan la «máxima contención» y eviten decisiones capaces de agravar todavía más el conflicto.
El documento también reclama proteger a los civiles y las infraestructuras civiles, respetar la soberanía y la integridad territorial de los Estados y apostar por el diálogo como vía para resolver los enfrentamientos.
Pero el texto tiene una característica políticamente significativa: no identifica expresamente a ningún país como responsable.
La omisión facilita el consenso entre gobiernos que mantienen posiciones muy diferentes sobre el conflicto y sus protagonistas.
Modi logra el comunicado que fracasó en mayo
Para Narendra Modi, conseguir una declaración conjunta supone una victoria diplomática.
En mayo, los ministros de Exteriores del bloque no fueron capaces de pactar un comunicado común. Ahora, con los principales líderes reunidos en Nueva Delhi y una crisis internacional todavía más grave sobre la mesa, India ha logrado preservar una imagen de unidad.
No era sencillo.
Entre los asistentes existen gobiernos directamente enfrentados o con intereses estratégicos contrapuestos. Irán y Emiratos Árabes Unidos, ambos miembros de los BRICS, llegan a la reunión desde posiciones diferentes ante la actual guerra regional.
Precisamente por ello adquiere relevancia que el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, y el príncipe heredero de Abu Dhabi, Jaled bin Mohamed bin Zayed al-Nahyan, hayan mantenido un encuentro bilateral durante la cumbre.
Según la información difundida por las autoridades emiratíes, ambos abordaron cuestiones regionales e internacionales y la necesidad de reducir las tensiones y favorecer la estabilidad.
Xi Jinping advierte de que la guerra perjudica a todos
Xi Jinping aprovechó la cumbre para presentar a China como una potencia favorable a la desescalada.
El presidente chino sostuvo que la guerra en Oriente Medio no beneficia a los «intereses comunes» de los BRICS ni de la comunidad internacional.
Xi pidió a los miembros del grupo que desempeñen un papel activo en la búsqueda de la paz y reclamó evitar la confrontación entre grandes potencias y sus respectivos aliados.
También defendió el respeto a la soberanía, criticó el proteccionismo y reivindicó el papel de Naciones Unidas.
China asumirá en 2027 la presidencia de los BRICS y organizará la 19.ª cumbre, una oportunidad que Pekín previsiblemente utilizará para seguir proyectando el bloque como alternativa a un sistema internacional tradicionalmente dominado por Estados Unidos y sus aliados occidentales.
Putin y Xi escenifican el peso político del bloque
La presencia simultánea de Vladímir Putin y Xi Jinping refuerza inevitablemente la dimensión geopolítica de la reunión.
Los BRICS nacieron fundamentalmente como plataforma de cooperación económica entre grandes economías emergentes. Su transformación durante los últimos años, sin embargo, les ha dado una dimensión política mucho mayor.
El grupo original estaba compuesto por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.
Posteriormente se incorporaron Egipto, Etiopía, Indonesia, Irán y Emiratos Árabes Unidos, ampliando considerablemente tanto su población como su peso económico y energético.
Según los datos recogidos en la información de la cumbre, los países miembros representan conjuntamente alrededor del 49,5 % de la población mundial y el 40 % del PIB global.
Estas cifras explican por qué las reuniones de los BRICS han dejado de ser acontecimientos secundarios dentro de la diplomacia internacional.
La energía preocupa tanto como la diplomacia
La guerra en Oriente Medio no ocupa la agenda únicamente por sus consecuencias humanitarias y militares.
Existe además una preocupación económica inmediata.
Los BRICS quieren proteger «el flujo del comercio mundial, la cadena de suministros y la energía», una cuestión crítica para economías que concentran una enorme proporción del consumo, producción y comercio mundial.
Una alteración prolongada de las rutas comerciales o de los suministros energéticos puede trasladarse rápidamente a los precios del petróleo, el transporte, la industria y finalmente a la inflación.
Para India y China, dos gigantescos importadores de energía, la estabilidad de los suministros constituye una cuestión estratégica.
Para países productores como Rusia, Irán o Emiratos, la evolución del mercado energético tiene implicaciones económicas y geopolíticas igualmente profundas.
Por eso, detrás del llamamiento diplomático a la contención existe también un interés económico evidente por evitar que la guerra provoque una crisis energética internacional de mayor alcance.
Los BRICS rechazan las sanciones unilaterales
La declaración vuelve a introducir otro de los elementos habituales en el discurso del bloque: el rechazo a las sanciones unilaterales.
Es una cuestión especialmente relevante para Rusia e Irán, sometidos a amplios regímenes de sanciones occidentales.
Moscú y Pekín llevan años defendiendo una arquitectura económica internacional menos dependiente de las instituciones, monedas y sistemas financieros occidentales.
Sin embargo, los BRICS están lejos de constituir una alianza homogénea contra Occidente.
India mantiene importantes relaciones económicas y estratégicas con Estados Unidos y Europa, al igual que otros miembros. Emiratos también conserva profundos vínculos económicos y de seguridad con países occidentales.
El bloque funciona mejor, por tanto, como una plataforma donde convergen gobiernos interesados en ganar autonomía y peso internacional, aunque sus objetivos concretos no sean siempre los mismos.
Los BRICS quieren reformar el FMI, el Banco Mundial y la ONU
La cumbre de Nueva Delhi vuelve a colocar sobre la mesa una reivindicación histórica: reformar las principales instituciones internacionales.
Los miembros quieren cambios en organismos como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio y el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Modi fue especialmente contundente al hablar de este último.
El primer ministro indio considera que su reforma «no puede retrasarse más».
El argumento de Nueva Delhi es conocido: el reparto actual de poder dentro de las instituciones creadas después de la Segunda Guerra Mundial ya no representa adecuadamente el peso demográfico y económico de las grandes potencias emergentes.
El Consejo de Seguridad continúa teniendo únicamente cinco miembros permanentes con derecho de veto: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido.
India, pese a su población y creciente peso económico, permanece fuera de ese círculo.
El desafío al dólar sigue en segundo plano
Otro elemento que rodea permanentemente a los BRICS es la posibilidad de reducir la dependencia internacional del dólar estadounidense.
El bloque lleva años explorando mecanismos que permitan aumentar el comercio en monedas nacionales y desarrollar infraestructuras financieras alternativas.
Pero eso no significa que exista ya una moneda BRICS capaz de sustituir al dólar ni que todos sus miembros compartan exactamente el mismo objetivo monetario.
Las diferencias entre sus economías, sistemas políticos y prioridades nacionales siguen siendo enormes.
Aun así, Washington observa con atención cualquier iniciativa encaminada a reducir el peso del dólar en las transacciones internacionales.
La expansión del bloque incrementa esa preocupación porque reúne simultáneamente a grandes productores energéticos, enormes mercados consumidores y algunas de las economías con mayor crecimiento del planeta.
Un bloque poderoso, pero lleno de contradicciones
La fotografía de Nueva Delhi transmite una imagen poderosa: Putin, Xi y Modi compartiendo escenario mientras los BRICS consiguen atraer a nuevos países y presentarse como voz del llamado Sur Global.
Pero la imagen no debe ocultar sus contradicciones.
China e India son simultáneamente socios y competidores estratégicos. Rusia mantiene su propia confrontación con Occidente. Irán y Emiratos tienen intereses regionales diferentes. Brasil busca preservar margen de maniobra diplomático y económico.
No existe una política exterior única de los BRICS comparable a la de una organización supranacional.
Precisamente por ello, conseguir una declaración conjunta sobre una guerra que divide profundamente a sus miembros tiene valor político, aunque el precio haya sido evitar señalar explícitamente responsabilidades.
Nueva Delhi muestra un mundo cada vez más multipolar
La cumbre india evidencia una transformación internacional que trasciende el conflicto de Oriente Medio.
Los BRICS quieren más influencia en las instituciones internacionales, mayor autonomía financiera y un papel superior en las decisiones económicas globales.
Eso no significa necesariamente que puedan construir un bloque cohesionado capaz de sustituir al orden occidental. Sus diferencias internas continúan siendo demasiado profundas para afirmarlo.
Pero tampoco resulta razonable minimizar su crecimiento.
Con aproximadamente la mitad de la población mundial representada entre sus miembros y un peso económico cada vez mayor, las decisiones de los BRICS tienen consecuencias internacionales.
Nueva Delhi ha conseguido esta vez una imagen de unidad que no logró alcanzar en mayo.
La declaración sobre Oriente Medio refleja perfectamente esa estrategia: condenar la escalada, reclamar contención y proteger los intereses económicos comunes sin señalar expresamente a ninguno de los actores enfrentados.
Para Modi es una victoria diplomática. Para Putin y Xi, otra oportunidad de exhibir que existe un espacio internacional dispuesto a discutir el reparto de poder surgido después de la Segunda Guerra Mundial.
Y para Occidente, la cumbre deja un mensaje difícil de ignorar: los BRICS siguen creciendo y quieren participar con mucha más fuerza en la definición de las reglas del nuevo orden mundial.

