Mientras hoy se celebra el regreso a la Luna con nuevas misiones, pocos recuerdan que algunos de los avances clave del programa espacial nacieron de experimentos tan extremos como desconocidos. La historia de 11 hombres olvidados revela hasta dónde estuvo dispuesta a llegar la ciencia en plena carrera espacial.
A finales de los años 50, la NASA recurrió a un grupo muy particular: personas sordas incapaces de marearse. Lo que hicieron con ellos plantea hoy preguntas incómodas sobre los límites de la investigación científica.
Los “11 de Gallaudet”: el experimento que nadie recuerda
El experimento comenzó en el entonces Gallaudet College (hoy Universidad de Gallaudet), institución especializada en educación para personas con discapacidad auditiva.
Allí, la NASA reclutó a 11 hombres de entre 25 y 48 años, la mayoría afectados por daños en el sistema vestibular, responsable del equilibrio. Muchos habían perdido la audición tras sufrir meningitis espinal, lo que les hacía inmunes al mareo.
Para los científicos, eran el sujeto perfecto:
si no podían marearse, podían ayudar a entender por qué otros sí lo hacían.
Mareo, cerebro y contradicción: la clave científica
El mareo por movimiento —o cinetosis— ocurre cuando el cerebro recibe señales contradictorias:
- Los ojos indican que estamos quietos
- El oído interno detecta movimiento
En el espacio, esta contradicción se dispara debido a la ausencia de gravedad, provocando el conocido mareo espacial.
Pero en estos voluntarios ocurría algo distinto:
al tener dañado el sistema vestibular, el cerebro no recibía esa señal de conflicto, eliminando el mareo por completo.
Pruebas extremas: de centrifugadoras al “Vomit Comet”
Lejos de limitarse a estudios teóricos, la NASA sometió a estos hombres a condiciones físicas extremas:
- 12 días en salas de rotación continua a 10 vueltas por minuto
- Centrífugas de alta velocidad para simular hipergravedad
- Vuelos parabólicos de microgravedad, conocidos como el “Vomit Comet”
Este último es famoso porque provoca náuseas intensas incluso en personas entrenadas.
Sin embargo, los resultados fueron sorprendentes:
los participantes no experimentaron ningún mareo.
La escena más reveladora: científicos vomitando, voluntarios jugando
Uno de los episodios más impactantes ocurrió durante una prueba en mar abierto, en aguas agitadas de Nueva Escocia.
Mientras los investigadores sufrían mareos severos hasta el punto de cancelar el experimento, los 11 voluntarios permanecían completamente tranquilos…
jugando a las cartas como si nada ocurriera.
La imagen resume el contraste entre el límite humano y la excepción biológica que la NASA supo aprovechar.
Resultados clave para la conquista del espacio
Estos experimentos permitieron a la NASA comprender que:
- El mareo espacial es temporal y controlable
- Está directamente ligado al sistema vestibular
- Puede mitigarse con entrenamiento y adaptación
Gracias a estos hallazgos, se desarrollaron protocolos que han permitido a generaciones de astronautas soportar condiciones extremas en el espacio.
De experimento olvidado a clave en misiones actuales
Aunque estos 11 hombres nunca viajaron al espacio, su contribución fue decisiva para el éxito de misiones históricas y actuales, incluyendo el programa Artemis II, que busca devolver humanos a la órbita lunar.
Sin embargo, su historia plantea un debate inevitable:
¿hasta qué punto se justifican ciertos experimentos en nombre del progreso?
Ciencia, ética y memoria
En plena carrera espacial del siglo XXI, este episodio recuerda que muchos avances no solo dependen de tecnología, sino también de decisiones humanas controvertidas.
La historia de los “11 de Gallaudet” no es solo una curiosidad científica. Es un recordatorio de que detrás de cada gran logro hay sacrificios, riesgos y, a veces, silencios incómodos.
Porque mientras el mundo mira hacia la Luna, conviene no olvidar a quienes hicieron posible llegar… sin haber salido nunca de la Tierra.

