En su primera rueda de prensa desde el inicio de la guerra contra Irán, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, aseguró que su país está “aplastando a Irán y a Hizbulá” y que los acontecimientos actuales representan “días históricos para el Estado de Israel”. Durante su intervención, Netanyahu afirmó que el nuevo líder de Irán no puede mostrarse en público, y que el país persa “ya no es lo que era” antes del conflicto iniciado el pasado 28 de febrero de 2026.
El primer ministro destacó que el nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jameneí, hijo del fallecido Alí Jameneí, no ha aparecido en público desde su nombramiento y solo ha emitido comunicados oficiales leídos por medios estatales. “Hemos eliminado al viejo tirano, y el nuevo tirano, títere de la Guardia Revolucionaria, no puede mostrar su rostro en público”, subrayó Netanyahu, señalando que la guerra ha cambiado drásticamente el poder y la estructura de Irán.
Objetivos estratégicos de Israel contra Irán
Netanyahu detalló tres objetivos fundamentales de la ofensiva israelí: el programa nuclear, la capacidad de misiles y el cambio de régimen. Los dos primeros son habituales en la política israelí frente a Irán, mientras que el tercero refleja un enfoque más amplio: “Queremos crear las condiciones para que el pueblo iraní pueda derrocar a su régimen”, explicó Netanyahu.
“El cambio de régimen no significa imponerlo desde fuera”, aclaró el primer ministro, añadiendo que “se puede guiar a alguien hasta el origen, pero no se le puede obligar a beber”. Esta declaración refuerza la narrativa de Israel de intervenir sobre objetivos estratégicos sin asumir un control directo sobre el liderazgo interno de Irán.
Advertencia al Líbano y a Hizbulá
Durante la rueda de prensa, Netanyahu lanzó un mensaje directo al Gobierno libanés, advirtiendo sobre las actividades de Hizbulá en su territorio: “He dicho al Ejecutivo libanés que están jugando con fuego si les dejan actuar. Si no lo controlan, nosotros lo haremos. Hizbulá pagará un precio muy alto”.
Esta advertencia coincide con los ataques anunciados por las Fuerzas Armadas israelíes, que comenzaron una “gran oleada de bombardeos” contra infraestructuras clave en Teherán y contra objetivos de Hizbulá en Beirut y el sur del Líbano. Netanyahu destacó que estas operaciones se coordinan estrechamente con Estados Unidos y que mantiene conversaciones diarias con el presidente Donald Trump para garantizar la efectividad de la estrategia.
Irán ya no es lo que era
Netanyahu insistió en que el conflicto ha transformado a Irán: “Irán ya no es lo que era antes de la guerra. Su liderazgo está debilitado, sus estructuras de poder han sido afectadas, y el nuevo líder no puede mostrarse en público sin riesgo”. Esta afirmación subraya la percepción israelí de que la ofensiva militar ha minado la autoridad del régimen iraní, debilitando tanto su poder interno como su influencia regional.
Netanyahu y el juicio por corrupción
El primer ministro israelí también abordó brevemente su proceso judicial por corrupción, calificado por él como un “circo absurdo”. Netanyahu solicitó aplazamientos argumentando que su atención debe centrarse en la guerra con Irán y la milicia chií Hizbulá: “Lo correcto es terminar este circo absurdo y darle tiempo al Estado de Israel y a mí para lidiar con esta guerra”, declaró.
Conclusión: un Israel en guerra y un Irán debilitado
La intervención de Netanyahu pone de relieve la importancia de los últimos eventos en Oriente Medio. El nuevo líder de Irán, aún invisible públicamente, representa un régimen debilitado, mientras que Israel afirma haber logrado avances significativos en sus objetivos estratégicos. La advertencia al Líbano y las operaciones contra Hizbulá muestran que el conflicto regional sigue siendo intenso, y que la coordinación con Estados Unidos será clave en los próximos días.
El papel del nuevo líder de Irán, la ofensiva israelí y la presión sobre Hizbulá consolidan la percepción de Netanyahu de que “Irán ya no es lo que era” y que la guerra aún tiene capítulos decisivos por escribirse.
