La ciudad de Ourense afronta un momento clave: tras más de una década de retraso, el nuevo contrato del transporte urbano entra en su fase final, pero lo hace envuelto en dudas, tensiones políticas y posibles recursos judiciales.

Lo que debería haber sido una renovación ordinaria del servicio se ha convertido en un ejemplo más de la parálisis administrativa y la falta de agilidad institucional en la gestión municipal.


Un contrato bloqueado desde 2015: la gran anomalía del transporte en Ourense

El proceso para adjudicar el servicio de autobús urbano de Ourense llega ahora a su último trámite formal: la aprobación por parte de la Junta de Gobierno Local.

La mesa de contratación ya ha emitido su veredicto: la propuesta mejor valorada es la de la UTE formada por Gavilanes SL (Ourense) y Sagalés SA (Cataluña), que asumiría la gestión del servicio durante los próximos cinco años, con un presupuesto superior a 50 millones de euros.

Sin embargo, este desenlace llega tras una situación difícil de justificar: el contrato anterior caducó en 2015, lo que ha mantenido el servicio en una situación prolongada de provisionalidad durante más de 11 años.


Una adjudicación marcada por el desacuerdo interno y las dudas técnicas

El procedimiento no está exento de controversia. La propuesta de adjudicación cuenta con un voto particular de la viceinterventora municipal, que discrepa del informe económico.

Según esta funcionaria, las cifras planteadas por la UTE para cubrir el coste del personal podrían ser insuficientes, lo que abre la puerta a posibles riesgos en la ejecución del contrato.

Este desacuerdo interno refuerza la percepción de falta de consenso técnico dentro del propio Concello, un aspecto que la oposición ya ha puesto sobre la mesa.


La oposición cuestiona la legalidad y se abren posibles vías judiciales

Desde los grupos de la oposición se alerta de posibles irregularidades o debilidades jurídicas en el proceso de adjudicación.

No se descarta que, una vez formalizada la decisión, puedan presentarse recursos administrativos o judiciales, lo que podría volver a paralizar la puesta en marcha del nuevo servicio.

Este escenario evidencia un problema recurrente: la dificultad de la administración local para cerrar procesos de contratación complejos sin conflicto político o técnico.


Un servicio esencial atrapado en la burocracia

El nuevo contrato estaba previsto para entrar en vigor en marzo de 2026, pero los retrasos acumulados han impedido su aplicación en plazo.

Mientras tanto, el transporte urbano de Ourense ha seguido funcionando bajo fórmulas provisionales, en un contexto de incertidumbre y falta de estabilidad a largo plazo.

El caso se ha convertido en un símbolo de cómo la burocracia administrativa, los desacuerdos internos y la falta de planificación pueden afectar directamente a servicios públicos esenciales.


Un debate político que va más allá del autobús

Más allá del contrato, el caso abre un debate de fondo sobre la gestión municipal en Ourense y la capacidad de las instituciones para ejecutar proyectos estratégicos sin demoras de más de una década.

La adjudicación del bus urbano no solo es un trámite administrativo: es también un reflejo de las tensiones políticas, técnicas y económicas que condicionan la gestión pública en España.

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