Upita de los Reyes, una empresa familiar del siglo XIX, mantiene viva la tradición con pestiños elaborados con miel, vino y harina de Andalucía, un auténtico legado cultural.
Un dulce que huele a hogar andaluz
A las puertas de la Semana Santa, el sur de España se llena de aroma a miel, aceite y azúcar. En Castilleja de la Cuesta, la fábrica Upita de los Reyes se ha convertido en un referente de esta tradición centenaria.
Aunque hoy funciona como industria, la atención cercana de sus responsables, descendientes de la fundadora, mantiene la esencia familiar que distingue a sus productos.
Historia y herencia de la receta
El origen de Upita de los Reyes se remonta al siglo XIX, cuando Dolores Cansino Rosales creó la receta de los pestiños. La tradición continuó con Guadalupe de los Reyes, nuera de la fundadora, y hoy sus nietas preservan la elaboración artesanal.
“Soy una de las cinco nietas de la abuela Upita. El origen es ella: no tenía trabajo y empezó a hacer pestiños para venderlos en la vecindad; pestiños, bizcochos… Tenía muy buena mano para la repostería”, explica Guadalupe.
La receta, de origen árabe, se distingue por su sencillez y la calidad de los ingredientes andaluces:
- Vino del Condado de Huelva
- Harina de Jerez
- Miel de la campiña de Sevilla
Estos detalles hacen que los pestiños sean un producto regional auténtico, consumido principalmente en Sevilla, Huelva y Cádiz, con presencia puntual en Madrid y Valencia.
Más allá de los pestiños
La empresa ofrece un abanico de repostería tradicional:
- Tortas de aceite (de naranja, romero o sin azúcar)
- Bizcochadas y tortas de polvorón
- Cortadillos y magdalenas artesanas
Su tienda física en la calle Real, 111, permite a locales y visitantes adquirir estas delicias mientras disfrutan de la autenticidad de la gastronomía andaluza.
Patrimonio y tradición que perdura
Upita de los Reyes no solo preserva una receta, sino que mantiene vivo el patrimonio gastronómico de Andalucía. Sus pestiños son más que un dulce: son memoria familiar y cultura popular, transmitida de generación en generación.
“Nos dicen cosas muy bonitas, que están muy ricos, que son exquisitos. Y cuando nos llegan correos o WhatsApp, casi siempre son para darnos una alegría”, asegura Guadalupe.
Mientras alguien siga amasando la receta original, Andalucía seguirá oliendo a hogar, miel y tradición.
