El presidente colombiano Gustavo Petro arremete contra el sistema económico global durante la cumbre climática de Santa Marta y vincula los combustibles fósiles con la guerra, la deuda y el deterioro de la democracia occidental.
Gustavo Petro vuelve a elevar el tono ideológico en plena crisis energética mundial. El presidente de Colombia aprovechó la Conferencia para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, celebrada en Santa Marta, para lanzar un duro ataque contra el capitalismo y contra la industria petrolera internacional.
Ante representantes de más de 50 países —entre ellos España—, Petro calificó el modelo económico actual como un “modelo suicida de capitalismo” incapaz, según él, de adaptarse a un futuro sin combustibles fósiles.
Petro vincula petróleo, guerra y fascismo
Durante su intervención, Gustavo Petro fue mucho más allá del discurso climático habitual y relacionó directamente el petróleo con:
- los conflictos armados,
- la degradación democrática,
- y el auge del autoritarismo.
“El mundo avanza hacia la barbarie, preludio del fascismo”, advirtió el mandatario colombiano, en uno de los discursos más ideológicos pronunciados durante la cumbre.
Petro sostuvo además que la dependencia mundial de los combustibles fósiles está alimentando tensiones geopolíticas y agravando la desigualdad económica global.
La gran contradicción: países petroleros exigen abandonar el petróleo
La conferencia de Santa Marta dejó una imagen especialmente llamativa:
varios grandes productores de petróleo participaron en un encuentro cuyo objetivo declarado era diseñar una hoja de ruta para abandonar los combustibles fósiles.
Entre los asistentes figuraban:
- Brasil,
- Canadá,
- Noruega,
- Nigeria,
- y la propia Colombia.
El Gobierno colombiano presumió además de haber paralizado nuevos contratos de exploración petrolera, intentando presentarse como referente internacional de transición energética.
La guerra energética dispara el debate mundial
El encuentro se celebró en pleno contexto de tensión internacional por la crisis energética derivada del conflicto con Irán y las amenazas sobre el estrecho de Ormuz.
La organización ecologista 350.org presentó durante la cumbre un informe que estima en un billón de dólares el impacto económico global de la actual crisis energética.
El documento denuncia además que, mientras aumenta el coste de vida y se agrava la pobreza energética, las grandes compañías petroleras continúan registrando beneficios récord.
El Sur global denuncia dependencia y deuda
Otro de los grandes ejes del encuentro fue el vínculo entre deuda internacional y exportación de combustibles fósiles.
La ex ministra colombiana de Medio Ambiente, Susana Muhamad, denunció que numerosos países en desarrollo dependen de las exportaciones energéticas para:
- importar medicamentos,
- adquirir fertilizantes,
- y sostener sus economías.
Según Muhamad, abandonar los combustibles fósiles sin ofrecer alternativas financieras reales podría provocar nuevas crisis económicas en el llamado Sur global.
Europa y Estados Unidos, en el centro del debate
La conferencia también evidenció las profundas divisiones internacionales sobre cómo afrontar la transición energética.
Mientras sectores ecologistas presionan para acelerar el abandono del petróleo y el gas, otros gobiernos advierten de que una transición demasiado rápida podría:
- destruir industrias,
- disparar precios,
- y aumentar la dependencia energética exterior.
La futura COP31, prevista en Turquía, llegará además marcada por la posible ausencia de Estados Unidos, primer productor mundial de petróleo.
Petro intenta liderar el nuevo discurso climático latinoamericano
El presidente colombiano lleva meses intentando posicionarse como una de las voces más radicales dentro del movimiento internacional por la transición energética.
Sin embargo, sus declaraciones generan también fuertes críticas entre sectores empresariales y analistas económicos, que consideran contradictorio atacar frontalmente el capitalismo mientras gran parte de las economías latinoamericanas siguen dependiendo precisamente de la exportación de materias primas y energía.
El debate que divide al mundo
La cumbre de Santa Marta deja sobre la mesa una cuestión cada vez más incómoda:
cómo abandonar los combustibles fósiles sin provocar una crisis económica global aún mayor.
Mientras unos gobiernos exigen acelerar el cambio energético, otros temen que las políticas climáticas terminen debilitando la industria, disparando la inflación y aumentando la dependencia estratégica de potencias extranjeras.
El discurso de Petro refleja precisamente esa tensión creciente entre ideología climática, intereses económicos y soberanía energética.
¿Estamos ante una transición energética inevitable o frente a una batalla política global donde el control de la energía volverá a decidir el equilibrio de poder mundial?
