Pivot to China. Un año después del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca con su renovada agenda de “America First”, el mapa del comercio y la diplomacia global está experimentando un giro acelerado hacia Pekín. Lejos de verse debilitada por el endurecimiento de la política estadounidense, China ha logrado reforzar sus lazos con socios clave, diversificar sus mercados de exportación y consolidar su influencia económica y financiera a escala mundial.

Cuando Trump asumió la presidencia en enero de 2025, muchos analistas anticipaban un golpe severo para una economía china ya lastrada por la debilidad del consumo interno y la prolongada crisis del sector inmobiliario. Sin embargo, el resultado ha sido distinto: China ha aprovechado el deterioro de las relaciones entre Estados Unidos y varios de sus aliados tradicionales para presentarse como un socio “predecible y estable”, en palabras de diversos expertos.

El cambio de estrategia ha dado frutos tangibles. En 2025, la segunda mayor economía del mundo registró un superávit comercial récord de 1,2 billones de dólares, mientras que las entradas mensuales de divisas alcanzaron máximos históricos cercanos a los 100.000 millones de dólares. Al mismo tiempo, el uso internacional del yuan se ha expandido de forma significativa, reforzando las ambiciones de Pekín de reducir la dependencia global del dólar.

Nuevas alianzas en un contexto de tensión con EEUU

El pivot to China se ha visto impulsado por el aumento de las tensiones geopolíticas y comerciales entre Washington y Pekín. Trump elevó los aranceles a los productos chinos por encima del 100% en abril de 2025, antes de dar marcha atrás parcialmente y aceptar una tregua temporal. Ante este escenario, China redobló sus esfuerzos para fortalecer vínculos con otros mercados.

Las exportaciones chinas a Estados Unidos cayeron un 20% el año pasado, pero ese descenso fue compensado con creces por el aumento de los envíos a otras regiones: crecieron un 25,8% hacia África, un 7,4% a América Latina, un 13,4% al Sudeste Asiático y un 8,4% a la Unión Europea. Esta reorientación comercial ha reducido la dependencia del mercado estadounidense y ha reforzado la resiliencia de la economía china.

Uno de los gestos diplomáticos más relevantes en este nuevo escenario es la visita del primer ministro británico, Keir Starmer, a China esta semana. Se trata del primer viaje de un jefe de Gobierno del Reino Unido a Pekín desde 2018 y busca relanzar unas relaciones empresariales que se habían enfriado en los últimos años. Antes que Starmer, el primer ministro canadiense, Mark Carney, visitó China y firmó un acuerdo económico destinado a eliminar barreras comerciales y sentar las bases de una nueva relación estratégica.

China como socio “estable” frente a la incertidumbre

Para muchos países, el giro hacia China responde a la percepción de que Estados Unidos se ha vuelto menos previsible bajo la presidencia de Trump. “China ha hecho un buen trabajo al posicionarse como un socio comercial fiable y estable”, afirma Derrick Irwin, gestor de mercados emergentes en Allspring Global Investments. Según este enfoque, Pekín ofrece certidumbre en un momento en que la política exterior y comercial estadounidense genera dudas entre gobiernos e inversores.

Este contexto también ha favorecido la recuperación de los mercados financieros chinos. El índice de Shanghái ha subido un 27% en el último año, superando el rendimiento de las bolsas estadounidenses. Además, las reservas de divisas de China han alcanzado un máximo de diez años, situándose en 3,36 billones de dólares.

El avance del yuan en el sistema financiero global

Uno de los pilares del pivot to China es la creciente internacionalización del yuan. Más de la mitad de las transacciones transfronterizas de China ya se liquidan en su moneda, frente a cifras casi inexistentes hace 15 años. Casi la mitad de los préstamos exteriores concedidos por bancos chinos se denominan ahora en renminbi, según datos oficiales del banco central.

El contexto global también juega a favor de esta tendencia. La volatilidad del dólar, alimentada por la política errática de Trump en materia comercial y diplomática, ha llevado a bancos internacionales a reforzar la liquidez del yuan en centros financieros offshore y a acelerar los sistemas de pago en moneda china en Asia, Oriente Medio y Europa.

Advertencias y cautelas

Pese a este acercamiento, no todos los analistas ven el pivot to China con optimismo. Expertos en política exterior advierten de que la desconfianza hacia Estados Unidos no implica necesariamente confianza en Pekín. Persisten preocupaciones sobre el uso de la coerción económica por parte de China, así como sobre disputas territoriales y prácticas comerciales consideradas desleales.

Aun así, el balance del primer año del regreso de Trump a la presidencia es claro: China ha sabido capitalizar la incertidumbre global para reforzar su posición. El pivot to China ya no es solo una tendencia emergente, sino una realidad cada vez más visible en el comercio, la diplomacia y las finanzas internacionales.

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