La eliminación de cinturones y ataduras en residencias gallegas abre un intenso debate sobre la atención a mayores, la falta de humanización hospitalaria y el modelo asistencial impulsado desde las administraciones sanitarias.
Durante años, miles de ancianos con demencia fueron inmovilizados en camas y sillas como una práctica “normalizada”. Ahora, profesionales sanitarios de Galicia alertan de las graves consecuencias físicas y psicológicas de estas medidas y defienden un cambio profundo en el sistema sociosanitario.
Una enfermera gallega denuncia años de inmovilización de pacientes mayores
La enfermera gallega Mercedes Domínguez Fernández, natural de Muros y especializada en atención geriátrica, ha puesto sobre la mesa uno de los debates más incómodos del sistema sanitario español: el uso de sujeciones físicas en residencias y hospitales para pacientes mayores, especialmente aquellos con demencia avanzada.
Durante unas jornadas de Enfermería celebradas en el CHUAC de A Coruña, la sanitaria explicó que muchos ancianos “pasaban años y años con un cinturón abdominal” sujetos a camas o sillas en centros residenciales. Una realidad que, según denunció, estuvo normalizada durante décadas bajo la excusa de evitar caídas o episodios de agitación.
Domínguez forma parte de la Unidad de Coordinación y Apoyo Asistencial a Residencias Sociosanitarias, creada durante la pandemia en el área sanitaria coruñesa y heredera del operativo conocido como “covid-residencias”.
El modelo sanitario cambia tras la pandemia
La profesional comenzó trabajando en un centro de salud, pero en abril de 2020 se incorporó al dispositivo específico creado para asistir a las residencias durante la crisis del coronavirus. Aquella unidad pionera evolucionó posteriormente hacia un sistema permanente de coordinación entre residencias y hospitales.
Actualmente, este equipo desarrolla labores de:
- Evaluación clínica de usuarios.
- Administración de tratamientos.
- Prevención de fracturas de cadera.
- Control de infecciones y gérmenes multirresistentes.
- Supervisión de derivaciones hospitalarias.
- Coordinación multidisciplinar en residencias.
Según Domínguez, el objetivo es convertirse en “el nexo entre las residencias y el sistema sanitario”, una necesidad especialmente crítica en una Galicia cada vez más envejecida.
El polémico debate sobre las sujeciones
El núcleo de la polémica gira alrededor de las llamadas sujeciones mecánicas, es decir, cinturones, barandillas o dispositivos empleados para limitar el movimiento de pacientes mayores.
La enfermera sostiene que, desde una perspectiva ética y asistencial, “no es una práctica adecuada” y asegura que muchos profesionales sanitarios todavía necesitan formación para comprender las consecuencias reales de estas medidas.
El debate ha ganado fuerza desde la instrucción emitida por la Fiscalía en 2022, donde se impulsó el modelo de “centros libres de sujeciones”. Desde entonces, numerosas residencias gallegas han comenzado programas específicos para retirar progresivamente estas prácticas.
Sin embargo, la transición no está siendo sencilla.
Más caídas, miedo y deterioro: las consecuencias ocultas
Uno de los aspectos más contundentes expuestos por Domínguez fue el impacto físico y psicológico de las inmovilizaciones prolongadas.
Entre las consecuencias señaladas destacan:
- Mayor riesgo de infecciones urinarias.
- Estreñimiento crónico.
- Pérdida acelerada de masa muscular.
- Aumento del deterioro funcional.
- Ansiedad y miedo permanente.
- Alteraciones graves de conducta.
La sanitaria sostiene que el deterioro no afecta solo al paciente, sino también al ambiente general de los centros. Según explicó, las residencias que han eliminado estas prácticas han experimentado una mejora evidente en la convivencia y en la calidad asistencial.
La humanización pendiente en hospitales y residencias
Domínguez también lanzó una crítica indirecta al modelo hospitalario actual, que considera menos adaptado al paciente geriátrico que las residencias modernas.
Entre las medidas que defiende para evitar sujeciones destacan:
- Mantener orientados a los pacientes.
- Diferenciar claramente el día y la noche.
- Favorecer la movilidad diaria.
- Evitar largas horas inmóviles en sillones o camas.
- Prevenir el delirium hospitalario.
Para la enfermera, el sistema sanitario español sigue teniendo una asignatura pendiente en humanización geriátrica, especialmente en hospitales saturados y con falta de personal especializado.
Galicia, envejecimiento y presión asistencial
El caso gallego resulta especialmente sensible. Galicia es una de las regiones más envejecidas de Europa y la presión sobre residencias y hospitales aumenta cada año.
La mayoría de usuarios de residencias superan ya los 87 años, y muchos presentan demencias avanzadas o dependencia severa. En este contexto, el debate sobre las sujeciones se mezcla con otro mucho más amplio: la capacidad real del sistema para ofrecer cuidados dignos en una sociedad cada vez más envejecida.
Además, la eliminación de estas prácticas exige:
- Más personal.
- Más formación.
- Supervisión constante.
- Cambios estructurales en los centros.
Y ahí surge otra cuestión incómoda: ¿están realmente preparadas todas las residencias para asumir este modelo sin incrementar riesgos?
Familias divididas ante el nuevo modelo
Uno de los mayores obstáculos sigue siendo el miedo de las familias a las caídas y accidentes.
La propia Domínguez reconoce que muchos familiares reaccionan con preocupación cuando se eliminan cinturones o barandillas. Por ello, insiste en que el proceso debe hacerse “con calma” y acompañado de pedagogía.
La enfermera admite incluso que hace apenas unos años ella misma veía “normal” encontrar ancianos atados en residencias. Un reconocimiento que evidencia hasta qué punto estas prácticas estaban culturalmente asumidas en España.
Residencias pioneras que desmontan el antiguo sistema
En el área sanitaria coruñesa ya existen centros que trabajan sin sujeciones desde hace años. Entre ellos destacan algunas residencias privadas que sirvieron como ejemplo para el resto de profesionales.
Según Domínguez, muchos trabajadores creían imposible eliminar estas medidas hasta comprobar en persona que otros centros sí podían hacerlo con éxito.
Ese cambio cultural, asegura, es ahora el principal desafío.
Formación, docencia y cambio generacional
Además de su labor asistencial, Mercedes Domínguez desarrolla actividad docente en Enfermería gerontológica. Tras completar máster y tesis doctoral, combina la enseñanza con la atención directa a mayores.
La profesional defiende una nueva generación de cuidados centrados en la dignidad del paciente y alejados de prácticas que durante años fueron justificadas como “protocolos de seguridad”.
El debate, sin embargo, sigue abierto.
Porque detrás de esta transformación aparece una pregunta cada vez más incómoda para el sistema sanitario y político español: ¿cuántas prácticas consideradas normales durante décadas escondían realmente una forma silenciosa de abandono institucional hacia los mayores?

