El sorteo de las semifinales de la Copa del Rey 2025-26, celebrado este 6 de febrero en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, vuelve a colocar al FC Barcelona en el centro del debate. Con solo cuatro equipos en liza —todos de Primera División—, el reparto de emparejamientos ha reabierto las críticas habituales sobre la gestión de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) y la sensación de que algunos clubes parten con ventaja estructural en la competición.

El acto, presidido por la RFEF, ha definido los cruces que decidirán quiénes alcanzan la final que se disputará en abril de 2026 en el estadio de La Cartuja (Sevilla), una sede ya consolidada pero cada vez más cuestionada por su accesibilidad y coste para las aficiones.

Cuatro históricos, un título y muchas suspicacias

Los equipos clasificados para esta penúltima ronda son el FC Barcelona, el Atlético de Madrid, el Athletic Club y la Real Sociedad. Cuatro clubes históricos, con masa social, poder mediático y experiencia en eliminatorias, lo que garantiza espectáculo, pero también elimina cualquier rastro del espíritu original de la Copa como torneo abierto y sorpresivo.

Especial atención vuelve a recaer sobre el FC Barcelona, vigente campeón del torneo, que afronta una nueva semifinal con la etiqueta de favorito. No solo por su plantilla, sino por un contexto arbitral y federativo que muchos consideran excesivamente indulgente con el club azulgrana, especialmente tras años de escándalos que aún pesan en la memoria del aficionado medio.

Un formato que beneficia a los grandes

A diferencia de rondas anteriores, las semifinales se disputan a doble partido, con encuentros de ida entre el 10 y el 12 de febrero y vuelta entre el 3 y el 5 de marzo. Este formato, lejos de equilibrar fuerzas, refuerza a los clubes con mayor profundidad de plantilla, más presupuesto y mejores rotaciones, dejando poco margen a la épica o a la sorpresa.

El sorteo, además, ha determinado el orden de los partidos, un detalle nada menor cuando se trata de gestionar esfuerzos en un calendario cada vez más saturado. Jugar la vuelta en casa sigue siendo una ventaja competitiva evidente, aunque desde los despachos federativos se insista en vender el proceso como “puro azar”.

El Barça y su enésima oportunidad

El Barcelona, inmerso en una situación económica delicada pero sostenido por una estructura mediática poderosa, vuelve a verse ante una oportunidad clara de alcanzar otra final. La Copa del Rey se ha convertido en los últimos años en el salvavidas deportivo del club, un título que maquilla temporadas irregulares en Liga y Europa.

No son pocos los analistas que señalan que la Copa se ha transformado en un objetivo prioritario para el Barça, precisamente porque exige menos regularidad y permite gestionar los tiempos con mayor flexibilidad. En este contexto, cada sorteo favorable alimenta la percepción de que el club catalán sigue jugando con red de seguridad.

Atlético, Athletic y Real Sociedad: mérito sin foco mediático

En el otro lado del relato quedan Atlético de Madrid, Athletic Club y Real Sociedad, tres proyectos sólidos pero con menor protección institucional y mediática. El Atlético llega con la exigencia permanente de competirlo todo, el Athletic con el peso de su identidad y una plantilla limitada por filosofía, y la Real Sociedad como ejemplo de gestión seria, aunque sin el altavoz de los grandes.

Paradójicamente, son estos clubes los que sostienen el prestigio real de la Copa, apostando por ella sin convertirla en una operación de marketing. Sin embargo, rara vez reciben el mismo trato informativo o arbitral cuando los partidos entran en fases decisivas.

La final de Sevilla, otra vez bajo la lupa

La final volverá a disputarse en Sevilla, una decisión que la RFEF mantiene pese a las críticas recurrentes de aficiones desplazadas cientos de kilómetros. El modelo centralizado beneficia a la imagen institucional, pero castiga al aficionado, que asume precios elevados y dificultades logísticas mientras la Federación capitaliza el evento.

Una Copa cada vez menos imprevisible

La Copa del Rey sigue siendo un torneo emblemático, pero su evolución en los últimos años plantea una pregunta incómoda: ¿sigue siendo una competición justa o se ha convertido en un escaparate diseñado para los de siempre? Con solo grandes clubes en semifinales y formatos pensados para ellos, la esencia copera parece diluirse temporada tras temporada.

Mientras tanto, el Barcelona vuelve a caminar con paso firme hacia una nueva final. Y, como tantas veces, el debate no gira solo en torno al fútbol, sino a quién manda realmente en el fútbol español.

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