Trampas del nuevo modelo de financiación autonómica de Montero
El Gobierno de España ha presentado las bases del nuevo modelo de financiación autonómica. Aunque la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, no ha proporcionado un desglose completo por comunidades, se cuenta con información suficiente para analizar la dirección del nuevo sistema.
Este modelo propone un incremento en la recaudación gestionada por las autonomías, aumentando la parte del IRPF del 50% al 55% y el IVA del 50% al 56,5%. Montero estima que esto permitirá a las comunidades acceder a 16 000 millones adicionales para 2027.
Uno de los elementos clave es la modificación del cálculo de la población ajustada, que define los recursos que recibe cada autonomía. Este cambio aumenta el peso de factores como la superficie y la dispersión, que benefician a territorios extensos y perjudican a comunidades con alta densidad, como Madrid.
Además, la ministra ha anunciado planes para limitar el dumping fiscal, lo que podría afectar a bonificaciones en impuestos como el de Sucesiones y Donaciones en Madrid, donde se ha implementado un sistema fiscal favorable.
El nuevo plan también incluye un cambio institucional que permite a comunidades como Cataluña recaudar directamente impuestos como el IVA de las pymes y crea una nueva comisión bilateral para abordar cuestiones fiscales, introduciendo un tratamiento singular para algunas regiones.
Se establece, además, la creación de nuevos fondos verticales, como el Fondo Climático, dotado con 1 000 millones, que favorecerá especialmente a las autonomías mediterráneas.
Un gráfico elaborado por la Universidad de las Hespérides muestra que la financiación efectiva por habitante ajustado de Cataluña aumentaría de 100,9 a 104. Otras comunidades como Castilla-La Mancha y la Comunidad Valenciana también experimentarían incrementos, mientras que Galicia caería de 104 a 96,7, convirtiéndose en la región peor financiada.
En general, el nuevo modelo de financiación propone un sistema que refuerza la bilateralidad y introduce nuevos mecanismos de distribución, lo que podría generar beneficios y pérdidas distintas entre las comunidades autónomas. Aún es necesario evaluar su impacto a largo plazo en la equidad territorial y la responsabilidad fiscal.

