Donald Trump ordena abandonar el sistema electromagnético EMALS en el futuro portaaviones USS Doris Miller y autoriza, bajo determinadas condiciones, la construcción temporal de buques militares estadounidenses en astilleros extranjeros.

La Administración de Donald Trump prepara un importante giro en la estrategia naval de Estados Unidos. El presidente ha firmado un memorando de seguridad nacional que ordena a la Armada recuperar las catapultas de vapor para uno de sus futuros portaaviones y, al mismo tiempo, flexibiliza una política histórica para permitir que determinados buques de guerra estadounidenses puedan construirse temporalmente en astilleros extranjeros.

La decisión afecta directamente al futuro USS Doris Miller, cuarto portaaviones previsto de la clase Gerald R. Ford, y cuestiona una de las grandes apuestas tecnológicas realizadas por la Marina estadounidense durante las últimas décadas: el Sistema Electromagnético de Lanzamiento de Aeronaves (EMALS).

El cambio puede tener un coste de cientos de millones de dólares, según Reuters, pero Trump lleva años defendiendo que la tecnología electromagnética es demasiado compleja y que Estados Unidos debería recuperar sistemas más sencillos y probados.

Trump ordena recuperar las catapultas de vapor

La decisión más llamativa afecta al sistema utilizado para lanzar los aviones desde las cubiertas de los portaaviones.

Los tres primeros portaaviones de la clase Gerald R. Ford utilizan o están diseñados alrededor de EMALS, una tecnología que sustituye las tradicionales catapultas de vapor por un sistema electromagnético.

Trump quiere que el cuarto buque, el USS Doris Miller, abandone esa tecnología y vuelva al sistema anterior.

El presidente estadounidense ya había mostrado públicamente su rechazo a EMALS. Durante una reciente cumbre de defensa en Pensilvania aseguró que Estados Unidos había gastado miles de millones adicionales en unas catapultas eléctricas que, a su juicio, resultaban excesivamente complejas.

El cambio supone mucho más que sustituir una pieza. Las catapultas constituyen un elemento esencial en el diseño y funcionamiento de un portaaviones, por lo que modificar ahora el sistema elegido podría repercutir en costes, calendario de construcción e integración tecnológica.

El USS Doris Miller, en el centro de la decisión

El USS Doris Miller será el cuarto portaaviones de la clase Gerald R. Ford.

Según la planificación existente, está previsto que su quilla sea colocada a finales de 2026, mientras que su entrega a la Armada estadounidense se proyecta para principios de 2034.

El contratista principal de los portaaviones de esta clase es Huntington Ingalls Industries.

La orden presidencial llega, por tanto, en un momento especialmente delicado del programa.

General Atomics, fabricante de EMALS, ha advertido de las consecuencias que podría tener modificar el proyecto cuando, según la compañía, aproximadamente el 50 % de la producción correspondiente al sistema ya estaría completada.

La empresa sostiene que alterar el rumbo en este punto puede introducir importantes riesgos relacionados con el coste, los plazos y la integración del futuro portaaviones.

¿Por qué Trump rechaza EMALS?

La controversia entre las catapultas electromagnéticas y las tradicionales de vapor lleva años acompañando al programa Gerald R. Ford.

Cuando la Armada seleccionó EMALS en 2009, argumentó que la tecnología permitiría reducir los costes durante el ciclo de vida del sistema, necesitaría menos mantenimiento y sometería a los aviones embarcados a un menor estrés físico durante los lanzamientos.

Sin embargo, la tecnología sufrió problemas durante sus primeras etapas de desarrollo y Trump se convirtió en uno de sus críticos más visibles.

El sistema ha madurado posteriormente. De acuerdo con documentación del Pentágono citada por Reuters, hasta marzo de 2026 el USS Gerald R. Ford había completado 36 863 lanzamientos mediante EMALS.

Además, la tecnología estadounidense ha despertado interés internacional y fue seleccionada también para el futuro portaaviones francés.

La decisión de Trump plantea así un debate relevante dentro de la defensa estadounidense: apostar por sistemas tecnológicamente avanzados o priorizar soluciones tradicionales consideradas más sencillas y robustas.

Construir buques de la Armada estadounidense fuera de EEUU

El memorando contiene otra medida potencialmente trascendental.

Trump permitirá que la Armada recurra a astilleros extranjeros para construir determinados buques, algo que supone una ruptura parcial con décadas de política industrial estadounidense.

La autorización, sin embargo, estará limitada.

Según las condiciones conocidas, podrán beneficiarse empresas extranjeras que hayan realizado inversiones «sustanciales y duraderas» en astilleros estadounidenses.

Esas compañías podrán recibir autorización temporal para fabricar hasta dos buques en sus astilleros matrices en el extranjero, que posteriormente serían entregados a Estados Unidos.

El objetivo sería cubrir rápidamente determinadas carencias de capacidad mientras continúa aumentando la producción dentro del territorio estadounidense.

La falta de capacidad naval preocupa a Washington

La medida refleja un problema estratégico que Washington intenta solucionar desde hace años: Estados Unidos necesita construir y reparar sus buques militares con mayor rapidez.

La expansión naval de China ha aumentado la presión sobre Washington para incrementar su flota y mejorar la disponibilidad de submarinos, destructores, portaaviones y otras plataformas.

Permitir temporalmente la fabricación en instalaciones extranjeras podría ofrecer capacidad adicional mientras se refuerza la industria naval estadounidense.

La decisión también puede beneficiar a grandes grupos navales aliados, especialmente compañías de Corea del Sur y Australia, países que cuentan con industrias de construcción naval altamente desarrolladas.

El movimiento llega además en plena transformación empresarial del sector. El grupo surcoreano Hanwha ha presentado una oferta de hasta 1 200 millones de dólares por las operaciones estadounidenses del constructor naval australiano Austal, según Reuters.

Trump ordena crear un quinto astillero naval

El memorando presidencial no se limita a portaaviones y construcción internacional.

Trump también ha ordenado al secretario de Defensa avanzar hacia el establecimiento de un quinto astillero de la Armada estadounidense.

La nueva instalación estaría destinada a incrementar la capacidad de reparación y mantenimiento de submarinos y portaaviones, dos de los activos más complejos y estratégicos de las Fuerzas Armadas estadounidenses.

La disponibilidad de los grandes buques no depende únicamente de construir nuevas unidades. Los largos periodos de mantenimiento pueden retirar durante meses o años plataformas fundamentales de la flota.

Aumentar la infraestructura de reparación permitiría reducir esos cuellos de botella y elevar el número de unidades disponibles para operaciones.

Un giro pragmático en plena carrera naval con China

Las decisiones de Trump muestran una estrategia marcada por una prioridad: recuperar capacidad naval rápidamente, incluso si para conseguirlo Washington debe revisar decisiones tecnológicas anteriores o recurrir temporalmente a astilleros aliados.

La apertura a la fabricación extranjera resulta especialmente significativa para una Administración que ha convertido la reindustrialización de Estados Unidos en uno de sus principales argumentos económicos.

Sin embargo, el planteamiento establece una condición relevante: las compañías extranjeras deberán haber realizado inversiones importantes y permanentes en Estados Unidos.

Washington intenta así combinar capacidad inmediata en el extranjero con inversión industrial a largo plazo dentro del país.

El regreso de las catapultas de vapor abre un debate diferente. Mientras Trump considera que representan una solución más sencilla y fiable, los defensores de EMALS recuerdan la inversión ya realizada, sus decenas de miles de lanzamientos y las ventajas que motivaron originalmente su desarrollo.

La factura de modificar el USS Doris Miller será uno de los aspectos que deberán concretarse a medida que la Armada ejecute la orden presidencial.

Trump redibuja el futuro de la Armada estadounidense

El memorando representa una intervención directa de la Casa Blanca sobre algunos de los principales programas industriales y tecnológicos de la Marina.

Las tres decisiones principales son claras: recuperar las catapultas de vapor en el USS Doris Miller, permitir de forma limitada la construcción de buques en astilleros extranjeros y crear un quinto astillero naval estadounidense.

El desafío ahora será comprobar si este giro consigue acelerar la recuperación de capacidad de la Armada sin provocar retrasos y sobrecostes adicionales.

En un escenario internacional marcado por la creciente competencia militar en el Indo-Pacífico, Estados Unidos está colocando nuevamente su poder naval en el centro de su estrategia de defensa.

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