Estados Unidos tendrá el control mayoritario sobre más de 65 000 millones de barriles de reservas venezolanas mediante un acuerdo anunciado por Donald Trump. El pacto afecta a 17 campos petroleros y promete 100 000 millones de dólares en inversiones, aunque todavía existen importantes interrogantes jurídicos y económicos.

Donald Trump ha anunciado uno de los movimientos energéticos más ambiciosos de su segundo mandato: un acuerdo con el Gobierno interino de Delcy Rodríguez que permitirá a Estados Unidos obtener control mayoritario sobre más de 65 000 millones de barriles de las reservas probadas de petróleo de Venezuela.

Trump lo ha presentado como el mayor acuerdo petrolero de la historia y asegura que la operación permitirá más que duplicar las reservas estadounidenses bajo control del país. El presidente sostiene además que el pacto no tendrá coste para el contribuyente estadounidense.

El acuerdo supone un giro extraordinario en las relaciones entre Washington y Caracas y consolida la creciente influencia estadounidense sobre el sector energético venezolano tras la caída de Nicolás Maduro.

Estados Unidos controlará más de 65 000 millones de barriles

Según Reuters, el acuerdo contempla una asociación con compañías privadas para obtener el control mayoritario de una quinta parte de las gigantescas reservas petroleras venezolanas.

Associated Press informa de que el proyecto contempla la creación de una nueva compañía participada por Estados Unidos y un operador privado todavía no identificado, que explotaría 17 campos petroleros estratégicos. Washington tendría una participación operativa del 55 %, según los términos conocidos hasta ahora.

Entre las zonas involucradas se encuentran importantes activos de la Faja Petrolífera del Orinoco y el área del lago de Maracaibo.

La magnitud resulta extraordinaria: Venezuela posee alrededor de 303 000 millones de barriles de reservas probadas, las mayores del planeta, aunque transformar esas reservas en producción efectiva exige inversiones multimillonarias y años de trabajo.

Petróleo barato para Estados Unidos y 100 000 millones de inversión

La estrategia de Trump tiene un objetivo doméstico evidente: aumentar el suministro disponible para Estados Unidos y presionar a la baja el precio de los combustibles.

El petróleo producido bajo el acuerdo podría ser adquirido por Estados Unidos a coste para alimentar, entre otros destinos, sus necesidades energéticas y sus reservas estratégicas.

Para Venezuela, Caracas espera recibir alrededor de 100 000 millones de dólares en nuevas inversiones destinadas a recuperar una industria petrolera castigada durante años por la falta de inversión, sanciones, deterioro de infraestructuras y problemas de gestión. El Gobierno de Delcy Rodríguez calcula además que el proyecto podría generar unos 209 000 millones de dólares en ingresos públicos, aunque esas cifras son proyecciones y dependerán del desarrollo efectivo de los campos.

Un vuelco histórico para el modelo petrolero venezolano

El pacto representa también una ruptura profunda con décadas de política energética chavista.

El modelo impulsado durante años por Caracas había colocado al Estado y a PDVSA en el centro del control de los hidrocarburos. Ahora Venezuela está abriendo considerablemente más espacio al capital privado y estadounidense para intentar recuperar su capacidad productiva.

El cambio tiene una enorme carga política: el país con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo abre una parte estratégica de su industria a la potencia que durante años mantuvo sanciones y una confrontación directa con el chavismo.

El gran interrogante: cómo funcionará realmente el acuerdo

Pese al espectacular anuncio de Trump, todavía quedan preguntas importantes sin respuesta.

Reuters advierte de que no se han divulgado todos los detalles financieros y jurídicos del pacto, incluida la forma exacta mediante la que Estados Unidos ejercerá ese control mayoritario. También existen dudas sobre su encaje con la legislación venezolana en materia de hidrocarburos.

Tampoco está claro qué compañías privadas participarán finalmente en todos los proyectos.

Y existe otro obstáculo todavía mayor: tener derechos sobre reservas no equivale a disponer inmediatamente del petróleo.

La industria venezolana arrastra instalaciones deterioradas, falta de mantenimiento e importantes necesidades de inversión. Recuperar grandes niveles de producción puede requerir años.

Trump convierte Venezuela en pieza central de su estrategia energética

El acuerdo coloca a Venezuela en el centro de la política energética estadounidense.

Washington busca simultáneamente aumentar el suministro de crudo, reducir los precios internos de los combustibles, reconstruir sus reservas estratégicas y reforzar su influencia energética en el continente americano.

Para Caracas, el incentivo es igualmente evidente: atraer decenas de miles de millones de dólares que permitan reconstruir un sector petrolero con un potencial gigantesco pero incapaz durante años de aprovechar plenamente sus reservas.

El resultado podría cambiar el mapa energético americano si las inversiones finalmente se materializan.

Trump presenta el pacto como una victoria económica histórica. Sin embargo, el verdadero alcance dependerá de la letra pequeña, de su seguridad jurídica y de la capacidad de las petroleras para transformar esos 65 000 millones de barriles bajo control en producción real.

Lo confirmado por ahora es suficientemente significativo: Estados Unidos ha pactado con Venezuela un control mayoritario sobre una porción gigantesca de sus reservas petroleras, en uno de los mayores giros geopolíticos y energéticos registrados en la región durante las últimas décadas.

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