El régimen endurece el control sobre WhatsApp, Telegram y Facebook tras la crisis política y militar: administradores de grupos podrían afrontar hasta 20 años de prisión por contenidos “de odio”.
Un nuevo órgano para vigilar Internet
El régimen venezolano ha activado el Consejo Nacional de Ciberseguridad, un nuevo instrumento de control y vigilancia digital que entra en vigor en plena convulsión política y social, tras los últimos acontecimientos que han puesto al chavismo contra las cuerdas a nivel internacional.
La medida no es casual. Llega en un momento en el que las redes sociales se han convertido en el principal canal de información alternativa, organización ciudadana y denuncia contra el poder, especialmente tras la caída y captura de Nicolás Maduro y la posterior intervención extranjera.
Administradores, en el punto de mira
El mensaje del régimen es claro: ya no solo persiguen al que publica, sino también al que permite publicar. A partir de ahora, los administradores de grupos en WhatsApp, Telegram o Facebook podrán ser considerados responsables directos o cómplices del contenido que se difunda en sus comunidades digitales.
Según el marco legal venezolano, el desconocimiento de la ley no exime de responsabilidad, y las sanciones se aplicarán con la máxima severidad, incluso aunque el administrador no haya creado el contenido.
La Ley contra el Odio: hasta 20 años de cárcel
El régimen se apoya en la Ley Constitucional contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia, una de las normas más controvertidas y represivas del chavismo.
Su artículo 20 establece penas de 10 a 20 años de prisión para quien:
- Fomente o incite al odio
- Promueva discriminación
- Llame a la violencia de forma pública
Todo ello bajo una definición deliberadamente ambigua, que permite criminalizar la disidencia política, la crítica al Gobierno o la difusión de información incómoda.
Denuncias y persecución institucional
El decreto faculta a organismos como:
- Conatel
- Ministerio Público
- Tribunales de justicia del régimen
a actuar de oficio o tras denuncias de cualquier ciudadano, incentivando un clima de delación y miedo dentro de los propios grupos digitales.
Quién controla el nuevo Consejo
El Consejo Nacional de Ciberseguridad está integrado por el núcleo duro del poder chavista, entre ellos:
- Delcy Rodríguez
- Vladimir Padrino López
- Gabriela Jiménez
- Yván Gil
Además de los ministerios de Interior, Economía, Planificación y Comercio, lo que confirma que no se trata de ciberseguridad técnica, sino de seguridad política del régimen.
Objetivo real: silenciar tras la crisis
El decreto atribuye al Consejo competencias para:
- Prevenir los llamados “usos delictivos” de las tecnologías
- Asesorar al Ejecutivo y al Consejo de Defensa
- Proponer nuevas leyes y regulaciones
- Crear una “red de vigilancia” digital
- Combatir supuestos delitos informáticos transfronterizos
En la práctica, expertos y organizaciones de derechos humanos advierten de que se institucionaliza la censura, se amplía el margen para perseguir opiniones críticas y se blindará al poder frente a nuevas movilizaciones digitales.
Recomendaciones que esconden amenazas
El propio régimen “recomienda” a los administradores:
- Monitorear activamente los contenidos
- Expulsar usuarios incómodos
- Establecer normas restrictivas
- Actuar de forma preventiva
Traducido: autocensura o cárcel.
Conclusión
La creación del Consejo Nacional de Ciberseguridad no busca proteger a los ciudadanos, sino proteger al régimen en un momento de extrema debilidad política.
Venezuela avanza hacia un modelo donde opinar, compartir o simplemente administrar un grupo puede convertirse en un delito grave.
La red, último espacio de libertad para millones de venezolanos, entra oficialmente bajo vigilancia total.
La pregunta ya no es qué se puede decir, sino quién se atreverá a hacerlo.

