La delegada territorial de la Xunta en A Coruña, Belén do Campo, visitó el CEIP de Présaras (Vilasantar) para supervisar un programa de distribución de alimentos en centros educativos que ya alcanza a decenas de miles de alumnos. La iniciativa, financiada en parte con fondos europeos, busca fomentar hábitos saludables entre los menores, pero reabre el debate sobre la creciente dependencia institucional de programas subvencionados y su impacto real en la educación alimentaria.
Reparto de leche, fruta y castañas en plena actividad escolar
Durante la visita institucional, acompañada por el alcalde de Vilasantar, Fernando Pérez, la representante autonómica comprobó in situ el reparto de fruta fresca y leche en el recreo, dentro de un plan gestionado por la Consellería do Medio Rural.
En el caso concreto del CEIP de Présaras, participan 57 alumnos de infantil y primaria. El calendario del programa ha incluido entregas como 220 litros de leche distribuidos en 10 días y posteriormente 187 kilos de fruta, repartidos durante varias jornadas entre marzo y junio.
La campaña también contempla otros productos como castañas, dentro de una estrategia más amplia de promoción alimentaria en centros educativos gallegos.
Más de 54 000 alumnos beneficiados solo en A Coruña
Según datos facilitados por la propia Xunta, el programa alcanza en la provincia de A Coruña a alrededor de 54 436 alumnos repartidos en 96 centros educativos.
En el conjunto de la campaña autonómica, las cifras son aún más elevadas: se distribuyen más de 88 000 kilos de fruta y más de 172 000 litros de leche en colegios e institutos gallegos.
La administración autonómica defiende que el objetivo es consolidar hábitos saludables desde edades tempranas, en un contexto en el que la obesidad infantil y la mala alimentación siguen siendo un problema de salud pública.
Fondos europeos y gestión pública bajo la lupa
El programa, con un presupuesto superior al millón de euros para el curso 2025/2026, está cofinanciado por el Fondo Europeo Agrícola de Garantía (FEAGA) y gestionado a través del Fogga, organismo dependiente de la Consellería do Medio Rural.
Este modelo de financiación vuelve a poner el foco en el papel de las instituciones europeas y autonómicas en la planificación de políticas educativas complementarias, un ámbito donde algunos sectores críticos cuestionan la eficiencia del gasto y la dependencia de subvenciones permanentes para iniciativas recurrentes.
Educación alimentaria o política institucional
La Xunta insiste en que cada año más de 80 000 alumnos gallegos participan en este tipo de programas, integrando fruta y leche en el entorno escolar como herramienta educativa.
Sin embargo, el debate permanece abierto: mientras el Ejecutivo autonómico defiende su impacto positivo en la salud infantil, otras voces señalan la necesidad de evaluar si estas políticas generan un cambio real en los hábitos o si se trata de campañas de carácter más institucional que transformador.
Conclusión: un modelo que seguirá creciendo
La distribución de alimentos en colegios gallegos se consolida como una política estable, con fuerte respaldo presupuestario y europeo. El reto, según analistas del sector educativo, será determinar si este tipo de iniciativas logran resultados medibles o si se convierten en programas estructurales sin evaluación de impacto suficiente.

