El crimen digital crece un 42 % en un solo año y confirma que la seguridad informática se ha convertido en una cuestión estratégica para gobiernos y empresas. La expansión del ransomware, la profesionalización de las mafias digitales y la debilidad estructural de muchos sistemas públicos sitúan a España entre los países más golpeados por esta ola de ataques globales.
Un récord histórico que dispara todas las alarmas
La ciberdelincuencia mundial ha registrado en 2025 un total de 7 979 ataques publicados en la Dark Web, lo que supone un incremento del 42 % respecto a 2024, cuando se contabilizaron 5 613 incidentes. El dato procede del último informe elaborado por la firma española Secure&IT, que confirma lo que muchos expertos llevan tiempo advirtiendo: el delito digital ya no es marginal, sino una industria global estructurada y en expansión.
No se trata solo de más ataques, sino de una transformación profunda del ecosistema criminal. El número de grupos activos ha pasado de 114 a 162 organizaciones, una proliferación que demuestra la rentabilidad del ransomware y la facilidad para operar bajo modelos de negocio criminal como el llamado Ransomware-as-a-Service (RaaS). Bajo esta fórmula, desarrolladores crean la herramienta maliciosa y la alquilan a afiliados que ejecutan los ataques a cambio de una comisión.
En otras palabras, el crimen digital funciona hoy como una franquicia global.
Los grupos que dominan el tablero
El informe identifica una concentración significativa del poder criminal. Siete organizaciones acumulan más del 40 % de la actividad detectada. Entre ellas destacan:
- Qilin, con más de 1 000 ataques atribuidos en 2025.
- Akira.
- Play.
El caso de Qilin resulta especialmente significativo: ha multiplicado por cuatro su actividad respecto al ejercicio anterior. Este crecimiento evidencia una profesionalización creciente y una capacidad operativa que supera la de muchas pequeñas empresas tecnológicas legales.
Estas bandas no actúan al azar. Seleccionan objetivos estratégicos, estudian vulnerabilidades durante semanas y emplean técnicas avanzadas de doble extorsión: primero cifran los sistemas y después amenazan con publicar los datos robados si no se paga el rescate.
Estados Unidos lidera… pero España no queda al margen
En el reparto geográfico, Estados Unidos concentra más de la mitad de los ataques publicados en 2025. Le siguen Canadá, Reino Unido y Alemania. Sin embargo, Europa no está a salvo.
España ocupa la séptima posición mundial, con 170 ataques registrados, lo que representa un 2,1 % del total global y un 10 % del total europeo. Aunque la cifra pueda parecer modesta en comparación con Estados Unidos, revela una vulnerabilidad preocupante para una economía que depende cada vez más de la digitalización.
Los sectores más afectados muestran un patrón inquietante:
- Servicios: 37 % de los ataques.
- Industria: 23 %.
- Sanidad: más de 500 incidentes a nivel global.
El ámbito sanitario merece una mención especial. La digitalización acelerada tras la pandemia dejó sistemas críticos expuestos y con presupuestos limitados en ciberseguridad. El resultado es un blanco fácil para mafias que priorizan instituciones con alta presión social para pagar rescates.
Automatización, inteligencia artificial y debilidades estructurales
El salto cualitativo del cibercrimen se explica por varios factores. En primer lugar, la reutilización de códigos filtrados permite a nuevos grupos lanzar campañas en cuestión de días. En segundo lugar, la automatización reduce costes y multiplica la escala de ataque.
Además, la integración de herramientas basadas en inteligencia artificial facilita la identificación de vulnerabilidades y la personalización de campañas de phishing con un nivel de sofisticación difícil de detectar por el usuario medio.
Pero el problema no es solo tecnológico. Muchas intrusiones se producen por fallos básicos de configuración, credenciales débiles o falta de actualización de sistemas. Es decir, el enemigo avanza, pero la defensa institucional y empresarial sigue siendo insuficiente.
Una cuestión estratégica, no solo técnica
Los datos de 2025 consolidan una tendencia clara: la ciberseguridad ya no es un asunto exclusivo de departamentos informáticos. Se ha convertido en un elemento central de la seguridad nacional y económica.
Cuando hospitales, industrias o infraestructuras energéticas pueden quedar paralizados en cuestión de horas, el impacto supera el ámbito digital. Afecta al empleo, a la estabilidad financiera y a la confianza institucional.
España, como séptimo país más afectado, debe plantearse si la inversión en prevención y formación es proporcional al riesgo real. La dependencia tecnológica crece cada año, pero la cultura de seguridad sigue siendo reactiva en lugar de preventiva.
La pregunta es inevitable: ¿están gobiernos y empresas actuando con la urgencia que exige una amenaza que ya crece al 42 % anual, o seguiremos reaccionando cuando el daño ya esté hecho?

