Irán enfrenta un periodo de gran agitación social caracterizado por protestas generalizadas contra el Gobierno, motivadas en parte por un colapso financiero reciente.
El desencadenante de estas protestas ha sido el colapso de uno de los bancos más significativos del país, lo que ha intensificado el descontento entre la población. A medida que se han extendido las manifestaciones, el régimen iraní ha respondido con medidas de represión que han resultado en numerosos fallecimientos, si bien las cifras oficiales varían.
El Gobierno, que ha implementado apagones de internet y ha reforzado su presencia policial en las calles, sostiene que está preparado para enfrentar cualquier agresión externa, en particular de Estados Unidos. Sin embargo, la situación económica de Irán sigue siendo precaria, en gran parte debido a las continuas sanciones internacionales, lo que ha contribuido a un ambiente de creciente malestar.
Los antecedentes de estas tensiones reflejan una crisis económica que se ha agraviado en los últimos años, alimentando la ira social y cuestionando la estabilidad del régimen de los ayatolás.
