El investigador José Luis Trejo advierte de que el sedentarismo está dañando el cerebro. El ejercicio físico no solo mejora la salud: estimula la creación de neuronas y protege frente a depresión y ansiedad.
El ejercicio no solo fortalece el cuerpo: también construye el cerebro
Moverse no es solo una cuestión de forma física. Según el neurocientífico español José Luis Trejo, la actividad física es esencial para el funcionamiento del cerebro.
El investigador, que trabaja en el Centro de Neurociencias Cajal del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), sostiene que el ejercicio actúa literalmente como combustible para el cerebro.
En su nuevo libro, “Neuronas en marcha”, Trejo resume décadas de investigación científica sobre la relación entre movimiento, salud cerebral y bienestar mental.
Su conclusión es contundente:
“El ejercicio físico es gasolina para crear nuevas neuronas”.
El cerebro interpreta la inactividad como una señal de deterioro
Uno de los principales problemas de la sociedad actual es el sedentarismo prolongado, especialmente ligado a trabajos de oficina y largas jornadas frente a pantallas.
Según Trejo, el cerebro interpreta la falta de movimiento como una señal biológica negativa, lo que activa procesos que deterioran la salud.
Por eso, el especialista insiste en una idea clave:
No basta con ir al gimnasio una hora al día si luego pasamos el resto del tiempo sentados.
El objetivo debe ser mantener actividad física durante toda la jornada, reduciendo los largos periodos de inactividad.
El ejercicio mejora la memoria, la inteligencia y el estado de ánimo
Cuando realizamos actividad física, se producen varios cambios importantes en el cerebro:
- Aumenta el número de neuronas
- Mejora la comunicación entre células cerebrales
- Se incrementa la eficiencia energética del cerebro
Estos procesos ocurren especialmente en el hipocampo, una región cerebral clave para la memoria, el aprendizaje y la regulación emocional.
Según el investigador, el resultado es claro:
El ejercicio mejora la capacidad cognitiva y tiene efectos antidepresivos y ansiolíticos.
De hecho, Trejo sostiene que no existe actualmente ningún medicamento capaz de igualar los beneficios del ejercicio para la salud mental sin efectos secundarios.
El exceso de ejercicio también puede ser perjudicial
Aunque los beneficios del deporte están bien documentados, el neurocientífico advierte de otro fenómeno creciente: la obsesión por el ejercicio extremo.
Maratones, entrenamientos extenuantes o rutinas excesivas pueden generar estrés fisiológico, lo que produce el efecto contrario al deseado.
Cuando el ejercicio se vuelve demasiado intenso o prolongado:
- Disminuye la producción de neuronas
- Se reduce la actividad sináptica
- Aumenta el estrés cerebral
Por ello, Trejo defiende la importancia del equilibrio y la moderación.
La doble crisis: sedentarismo y obsesión por el rendimiento
El investigador considera que la sociedad actual vive dos extremos peligrosos:
- Una epidemia de sedentarismo, provocada por jornadas laborales largas y estrés.
- Una obsesión por el rendimiento físico extremo, alimentada por la cultura del éxito y la superación constante.
Según Trejo, ambos fenómenos responden al mismo problema: una cultura que exige demasiado y deja poco espacio para hábitos saludables reales.
Un truco simple para combatir el sedentarismo
Para reducir los efectos negativos de estar sentado muchas horas, el neurocientífico propone una medida sencilla.
Interrumpir cada hora los periodos de inactividad con pequeños movimientos.
Basta con dedicar tres o cuatro minutos a caminar, subir escaleras o moverse, lo suficiente para activar el corazón y reactivar el organismo.
Los beneficios del ejercicio pueden heredarse
Uno de los descubrimientos más sorprendentes de la neurociencia moderna es que los beneficios del ejercicio podrían transmitirse a las siguientes generaciones.
Según Trejo, ciertos cambios producidos por la actividad física afectan a la expresión de los genes, un fenómeno conocido como epigenética.
Esto significa que los hijos de personas físicamente activas podrían heredar una mayor capacidad cognitiva, incluso si ellos mismos no han hecho ejercicio.
Sin embargo, el efecto también funciona en sentido contrario: los hábitos sedentarios también pueden transmitirse generacionalmente.
El verdadero bienestar no es hacer más, sino vivir mejor
Trejo concluye que el problema de fondo no es solo el sedentarismo, sino un modelo de vida dominado por el estrés y la falta de tiempo.
La búsqueda obsesiva de bienestar —trabajo intenso, ejercicio extremo, productividad constante— puede terminar generando más presión y menos salud.
La clave, según el neurocientífico, es sencilla pero difícil de aplicar:
Moverse más, reducir el estrés y recuperar el equilibrio entre actividad, descanso y vida personal.
