Ocho de cada 10 trabajadores que utilizan inteligencia artificial recurren a herramientas no proporcionadas o supervisadas por sus empresas, según un estudio de OpinionWay para Cegid.

La inteligencia artificial ya ha entrado en las empresas españolas, pero en numerosos casos lo ha hecho antes de que sus responsables establezcan las reglas para utilizarla. El 82% de los empleados españoles encuestados utiliza herramientas de IA en su trabajo, nueve puntos más que en 2025, según el estudio El momento de la verdad de la IA en la empresa, elaborado por OpinionWay para Cegid.

El dato más delicado aparece al analizar qué herramientas utilizan esos trabajadores. Ocho de cada 10 empleados españoles usuarios de IA reconocen recurrir a soluciones que no han sido proporcionadas ni supervisadas por su organización.

Es la denominada “IA en la sombra”, una versión actualizada del conocido shadow IT: empleados que incorporan aplicaciones tecnológicas por iniciativa propia, al margen de los sistemas oficialmente autorizados por sus compañías.

El fenómeno puede aumentar la productividad, pero también abre interrogantes sobre protección de información empresarial, cumplimiento normativo, propiedad intelectual, seguridad y gobernanza de los datos.

El 82% de los empleados españoles ya utiliza inteligencia artificial

El estudio fue realizado por OpinionWay entre finales de mayo y principios de junio de 2026 sobre una muestra superior a 2 000 trabajadores de oficina de España, Francia, Portugal y Alemania.

Los resultados muestran una rápida penetración de la tecnología en España.

El 82% de los trabajadores españoles consultados asegura utilizar soluciones basadas en inteligencia artificial para realizar tareas profesionales. El porcentaje representa un crecimiento de 9 puntos respecto a 2025.

Pero no se trata únicamente de experimentar ocasionalmente con estas herramientas.

Un 40% utiliza IA de manera habitual, 16 puntos más que el año anterior. Según el estudio, España registra así la mayor proporción de utilización recurrente entre los mercados europeos analizados.

Otro 42% afirma utilizarla de manera esporádica.

La percepción de la tecnología también resulta mayoritariamente favorable: el 81% de los españoles encuestados mantiene una actitud positiva hacia la IA, asociándola con conceptos como curiosidad, confianza o entusiasmo.

El problema de la «IA en la sombra» dentro de las empresas

El entusiasmo de los trabajadores está avanzando más rápido que las políticas internas de muchas compañías.

Según el informe, 8 de cada 10 usuarios españoles de IA han utilizado herramientas que no han sido suministradas ni supervisadas por su empresa.

Dentro de ese grupo, el estudio distingue diferentes frecuencias: un 23% lo hace regularmente, un 40% a menudo y un 19% reconoce haber recurrido a ellas alguna vez.

Esta práctica no significa necesariamente que los empleados estén actuando con intención de vulnerar las políticas de seguridad.

En muchos casos puede responder a una realidad mucho más sencilla: el trabajador encuentra una herramienta capaz de ahorrarle tiempo y comienza a utilizarla antes de que su empresa disponga de una alternativa corporativa.

El problema aparece cuando la información introducida en esas plataformas pertenece a la compañía, contiene datos personales, documentación de clientes, código, estrategias comerciales o cualquier otro contenido sensible.

Qué significa realmente utilizar IA en la sombra

La denominada IA en la sombra hace referencia al empleo de aplicaciones y modelos de inteligencia artificial fuera del catálogo, las políticas o la supervisión tecnológica establecida por una organización.

El concepto deriva del shadow IT, que durante años ha descrito el uso de programas, servicios en la nube o dispositivos tecnológicos sin autorización de los departamentos correspondientes.

La llegada de la inteligencia artificial amplifica el desafío.

Un trabajador puede utilizar una aplicación externa para resumir un contrato, analizar una hoja de cálculo, redactar un correo electrónico, generar código, preparar una presentación o procesar documentos internos.

La productividad puede aumentar considerablemente.

Pero si la empresa desconoce qué servicio está procesando esos datos, dónde se almacenan o bajo qué condiciones se utilizan, pierde parte del control sobre su propia información.

El 56% asegura no haber recibido formación específica

El informe revela otra brecha importante entre la velocidad de adopción y la preparación empresarial.

El 56% de los empleados encuestados asegura no haber recibido formación específica sobre inteligencia artificial por parte de su empresa.

Es un dato especialmente significativo.

Las organizaciones pueden establecer prohibiciones o restricciones, pero si sus trabajadores perciben que la IA mejora sustancialmente su productividad, es probable que algunos terminen buscando herramientas por su cuenta.

Por eso el reto empresarial no consiste exclusivamente en bloquear servicios.

También pasa por determinar qué herramientas pueden utilizarse, con qué información, para qué tareas y bajo qué mecanismos de supervisión.

Menos de la mitad de las empresas tiene equipos específicos de IA

La preparación organizativa tampoco parece avanzar al mismo ritmo.

Según los resultados difundidos, menos de la mitad de las organizaciones cuenta actualmente con equipos o perfiles específicamente dedicados a implementar inteligencia artificial.

Un 22% estaría estudiando crear estas funciones, mientras que más de una cuarta parte no contempla hacerlo por ahora.

La diferencia entre ambas velocidades resulta evidente: los empleados ya están incorporando IA a sus rutinas mientras una parte importante de las organizaciones continúa decidiendo cómo gobernarla.

Todavía más revelador resulta otro indicador del estudio: solamente el 9% de las organizaciones habría integrado completamente la inteligencia artificial en sus prácticas cotidianas.

La mayoría continúa en etapas de prueba o implantación parcial.

El verdadero desafío no es prohibir la IA

Javier Torres, general manager de Cegid en Iberia, Latinoamérica y África, considera que el fenómeno demuestra que la inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa futura.

“La velocidad con la que los empleados están incorporando la inteligencia artificial en su trabajo diario demuestra que ya no estamos ante una tecnología de futuro, sino ante una realidad presente en las organizaciones”, sostiene.

Para Torres, la expansión de la IA en la sombra demuestra que los propios profesionales ya están modificando sus métodos de trabajo.

El desafío para las empresas consiste ahora en “liderar ese cambio” e integrar estas tecnologías allí donde realmente aporten valor, aumentando la productividad y la capacidad de los equipos de manera segura.

Productividad frente a seguridad: el dilema para las empresas españolas

Los datos dibujan un problema que difícilmente podrá resolverse simplemente prohibiendo herramientas.

Si un empleado descubre que una determinada aplicación le permite realizar en 15 minutos una tarea que anteriormente necesitaba una hora, existe un poderoso incentivo para continuar utilizándola.

La empresa tiene entonces dos posibilidades: ignorar esa transformación hasta que aparezca un incidente o establecer un marco corporativo que permita aprovecharla con garantías.

Una política sólida debería abordar cuestiones como las herramientas autorizadas, los tipos de información que pueden introducirse, el tratamiento de datos personales, la revisión humana de los resultados y la formación de los trabajadores.

Especial atención requieren los entornos en los que se maneja información confidencial, financiera, jurídica, sanitaria o estratégica.

España adopta la IA más rápido que sus propias estructuras empresariales

El estudio de OpinionWay para Cegid muestra, en definitiva, una transformación que ya está ocurriendo desde abajo.

Los trabajadores no están esperando necesariamente a que sus empresas terminen de diseñar grandes estrategias de inteligencia artificial. Ya están utilizando estas herramientas para resolver problemas cotidianos.

España destaca especialmente: 82% de adopción, 40% de utilización habitual y 81% de percepción positiva, según la encuesta.

El contrapunto es igualmente contundente: 8 de cada 10 usuarios recurren a herramientas no proporcionadas o supervisadas por sus organizaciones y el 56% afirma no haber recibido formación específica.

La conclusión empresarial es difícil de ignorar. La pregunta ya no es si los empleados comenzarán a utilizar inteligencia artificial, porque una amplia mayoría de los encuestados asegura que ya lo hace.

La cuestión es si las empresas españolas conseguirán gobernar esa adopción antes de que la “IA en la sombra” transforme procesos, datos y decisiones fuera de su control.

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