El calor y su impacto en el sistema cardiovascular

La llegada del verano presenta desafíos para el sistema cardiovascular. El aumento de la temperatura provoca la dilatación de los vasos sanguíneos, lo que permite la pérdida de calor corporal y a su vez requiere que el corazón aumente su frecuencia y esfuerzo para garantizar una circulación efectiva.

En individuos con condiciones preexistentes como hipertensión, insuficiencia cardíaca o cardiopatía isquémica, esta situación puede plantear riesgos significativos. Según una declaración científica de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC), las personas con enfermedades cardiovasculares crónicas pueden tener hasta un 700% más de riesgo de muerte cardiovascular durante períodos de calor extremo.

Los mecanismos detrás de este incremento en el riesgo son diversos. La deshidratación y los desequilibrios electrolíticos pueden alterar los potenciales de acción en los miocitos cardíacos, lo que podría llevar a arritmias. Además, la deshidratación activa el sistema nervioso simpático, elevando la frecuencia cardíaca y la demanda metabólica. Para aquellos con problemas cardiovasculares, esto puede resultar en episodios isquémicos o complicaciones graves como infartos o ictus.

Es importante destacar la interacción entre el calor y los medicamentos que a menudo son recetados a estos pacientes. Por ejemplo, los diuréticos, utilizados comúnmente para tratar la hipertensión y la insuficiencia cardíaca, pueden exacerbar la deshidratación y los desequilibrios electrolíticos. Los antihipertensivos, como los betabloqueantes, también pueden limitar la capacidad del corazón para adaptarse a condiciones de estrés térmico.

Además, la capacidad del cuerpo para regular la temperatura disminuye con la edad y en personas con enfermedades crónicas, lo que aumenta su vulnerabilidad al estrés térmico. Los síntomas como cansancio, palpitaciones y confusión pueden aparecer de forma gradual y ser difíciles de detectar, especialmente en personas mayores.

La ESC también señala que el calor puede inducir un estado proinflamatorio y protrombótico, incrementando los niveles de marcadores como la interleucina-6, y puede desregular la coagulación, particularmente en casos de golpe de calor severo.

Ante estos riesgos, se aconseja a los pacientes mantener una adecuada hidratación, evitar la exposición directa al sol durante las horas más calurosas, utilizar ropa ligera y buscar ambientes frescos. Es clave también realizar un control regular de la presión arterial.

Las proyecciones indican que el número de muertes cardiovasculares relacionadas con el calor podría aumentar hasta un 233% para el año 2036, subrayando la importancia de la prevención activa y la consulta médica para minimizar riegos durante los episodios de calor extremo.

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