Casi 15,8 millones de electores están llamados a renovar los 395 escaños de la Cámara de Representantes. La campaña llega marcada por el desempleo juvenil, el coste de la vida, la crisis migratoria de Ceuta y el fuerte peso institucional de Mohamed VI en política exterior y seguridad.

Marruecos celebra este miércoles 23 de septiembre unas elecciones legislativas en las que se renovarán los 395 escaños de la Cámara de Representantes, la cámara baja del Parlamento. Según el portal oficial marroquí, concurren 27 partidos y el proceso está supervisado por el Ministerio del Interior y, en su ámbito competencial, por la Corte Constitucional.

Los comicios llegan en un momento especialmente delicado para el país vecino. El empleo, los salarios, la vivienda, la sanidad y la educación dominan las preocupaciones internas, mientras la crisis migratoria vivida este verano en Ceuta ha devuelto las relaciones con España y el control fronterizo al centro del debate público.

Casi 15,8 millones de marroquíes están registrados para votar

Las autoridades marroquíes contabilizan alrededor de 15,8 millones de electores inscritos, una cifra sensiblemente inferior al conjunto de ciudadanos en edad de votar.

Associated Press cifra en aproximadamente 26,7 millones la población con derecho potencial a participar, lo que refleja el problema de desafección política que atraviesa especialmente a los jóvenes.

Reuters señala que los principales partidos han dedicado buena parte de la campaña a intentar recuperar a ese electorado desencantado. Entre los jóvenes de 18 a 24 años, la inscripción en el censo electoral sigue siendo especialmente baja.

Las primeras cifras oficiales de resultados no se esperan hasta después del cierre de las urnas y el proceso de escrutinio iniciado este miércoles.

Empleo, salarios y servicios públicos dominan la campaña

La situación económica aparece como uno de los factores centrales.

Marruecos ha registrado en los últimos años importantes inversiones en industria, puertos, energías renovables e infraestructuras, a lo que se suma la preparación del Mundial de fútbol de 2030, que organizará conjuntamente con España y Portugal.

Sin embargo, parte de la población considera que ese crecimiento no se ha traducido suficientemente en mejores oportunidades laborales.

Reuters sitúa el desempleo juvenil alrededor del 27 %, mientras AP maneja una cifra cercana al 37 % para 2025 dependiendo del indicador y la población analizada. Las diferencias responden a metodologías y periodos distintos, pero ambas fuentes coinciden en señalar el empleo juvenil como uno de los grandes problemas políticos del país.

RNI, PAM y PJD compiten por el nuevo Parlamento

Entre las principales formaciones figuran la Agrupación Nacional de Independientes (RNI), el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), Istiqlal y el islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD).

La campaña se ha concentrado en propuestas de creación de empleo, salarios, protección social, servicios públicos y desarrollo territorial.

Reuters informa de que las fuerzas gubernamentales han prometido, entre otras medidas, hasta un millón de nuevos empleos y nuevas inversiones vinculadas a las infraestructuras necesarias para el Mundial de 2030.

A falta de resultados, no es posible determinar qué formación encabezará el nuevo Parlamento ni qué coalición podrá constituirse.

Mohamed VI conserva amplios poderes al margen de las urnas

Las elecciones marroquíes no funcionan bajo un modelo parlamentario equivalente al español.

Aunque el Parlamento aprueba leyes y el Gobierno dirige una parte significativa de la política interna, la monarquía conserva amplias competencias constitucionales e institucionales, especialmente en cuestiones estratégicas.

Analistas citados por Reuters y AP destacan que el Palacio Real mantiene una influencia determinante sobre ámbitos como seguridad, defensa, religión y política exterior, lo que limita el margen de los partidos surgidos de las urnas.

Ese reparto de poder es uno de los motivos que explican, según especialistas y partidos críticos, la elevada desafección política.

La política exterior tiene un protagonismo limitado en la campaña

A diferencia de las cuestiones económicas y sociales, la política exterior ha ocupado un papel relativamente secundario en los programas electorales.

La razón es estructural: Mohamed VI ejerce un papel predominante en las grandes decisiones diplomáticas y estratégicas del Estado.

El ministro de Exteriores, Naser Burita, ocupa el cargo desde 2017 y se ha convertido en una de las figuras principales de la diplomacia marroquí.

Durante su mandato, Rabat ha profundizado las relaciones con Estados Unidos, Israel y diversos países africanos y europeos, con el Sáhara Occidental como uno de los ejes fundamentales de su estrategia exterior.

El Sáhara sigue siendo la gran prioridad diplomática de Rabat

Marruecos considera el Sáhara Occidental parte de su territorio y defiende desde 2007 un plan de autonomía bajo soberanía marroquí.

España modificó su posición en 2022 y pasó a considerar esa propuesta como “la base más seria, creíble y realista” para intentar resolver el conflicto, aunque el Gobierno español mantiene formalmente que la solución debe producirse bajo el marco de Naciones Unidas y ser aceptada por las partes.

Por tanto, describir aquel cambio simplemente como una “entrega del Sáhara” —como hacen determinados sectores políticos— es una valoración política, no la formulación jurídica utilizada por el Gobierno español.

Ceuta y Melilla reaparecen en la campaña

La relación con España ha adquirido especial protagonismo después de la grave crisis migratoria registrada este verano en Ceuta.

Varios partidos marroquíes han vuelto a expresar durante la campaña sus posiciones sobre Ceuta y Melilla. The Objective recoge reivindicaciones diferentes: el PAM ha hablado de negociar su “retorno”, Istiqlal sostiene que Marruecos no debería renunciar a sus reclamaciones territoriales y el PJD también mantiene posiciones reivindicativas sobre ambas ciudades.

España, por su parte, considera que Ceuta y Melilla forman parte integrante del territorio nacional, una posición compartida por el Gobierno central y por las autoridades de ambas ciudades.

No existe actualmente ninguna negociación bilateral conocida sobre un cambio de soberanía.

España refuerza la frontera ante nuevas convocatorias en redes sociales

La jornada electoral coincide además con nuevas alertas por posibles intentos de entrada irregular en Ceuta y Melilla difundidas a través de redes sociales.

El Ministerio del Interior español ha reforzado preventivamente los dispositivos policiales y de Guardia Civil en ambas fronteras.

El despliegue responde a convocatorias detectadas en internet y al precedente de las entradas masivas registradas durante el verano.

Eso no permite afirmar que exista una “nueva invasión” organizada por el Estado marroquí, como plantea el titular de la fuente original. Hasta el momento, las informaciones disponibles hablan de riesgos de entradas masivas de migrantes y de medidas preventivas de seguridad, no de una operación estatal marroquí para ocupar territorio español.

Marruecos también ha desplegado efectivos en la frontera

Las autoridades marroquíes han reforzado igualmente la vigilancia en los alrededores de Ceuta.

El País informa de un dispositivo de alrededor de 3 000 efectivos marroquíes y nuevas medidas físicas de control para evitar cruces masivos coincidiendo con la jornada electoral.

España asegura mantener coordinación con los servicios marroquíes para evaluar las convocatorias detectadas en redes sociales.

La cooperación migratoria sigue siendo uno de los asuntos más sensibles de la relación bilateral.

La relación entre España y Marruecos sigue condicionada por el Sáhara y la migración

Desde la crisis diplomática de 2021, Madrid y Rabat han intentado estabilizar sus relaciones.

El Gobierno español definió en 2022 a Marruecos como “socio estratégico indispensable” en materias como control migratorio, lucha antiterrorista y relaciones económicas.

Las tensiones no han desaparecido.

Ceuta, Melilla, el Sáhara Occidental, las fronteras y la cooperación migratoria continúan siendo cuestiones potencialmente conflictivas, independientemente del resultado electoral de este miércoles.

Unas elecciones con límites institucionales claros

Las urnas decidirán la composición de la Cámara de Representantes y condicionarán la futura formación del Gobierno, pero no alterarán por sí mismas la arquitectura de poder de Marruecos.

La monarquía seguirá teniendo un papel determinante en las grandes decisiones estratégicas y de política exterior, mientras el próximo Ejecutivo deberá enfrentarse a problemas internos inmediatos: empleo juvenil, salarios, vivienda, sanidad, educación y desigualdades territoriales.

Para España, el resultado interesa especialmente por la estrecha relación económica y de seguridad con Marruecos y por la sensibilidad de Ceuta, Melilla, la inmigración y el Sáhara Occidental.

Pero antes de cualquier interpretación política habrá que esperar al recuento: este miércoles los marroquíes eligen 395 diputados y los resultados oficiales serán los que determinen el nuevo equilibrio parlamentario.

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