Un grupo de empresarios ha vuelto a expresar su respaldo a la central nuclear de Almaraz, situada en Extremadura, en el marco de unas jornadas celebradas en Madrid sobre la importancia de la energía nuclear en España. La discusión surge en un contexto donde se espera el pronunciamiento del Consejo de Seguridad Nuclear acerca de la solicitud para que la central opere hasta 2030.
Miguel Garrido, presidente de CEIM, subrayó que el cierre de Almaraz podría comprometer el crecimiento económico de la región y la estabilidad del suministro energético. Actualmente, la central aporta aproximadamente el 15% de la energía que necesita Madrid. Garrido enfatizó que prescindir de esta fuente de energía podría acarrear dificultades significativas para el sistema energético nacional, recordando un reciente apagón eléctrico que tuvo lugar el 28 de abril del año pasado, considerado un evento crítico en la política energética de España.
Durante la jornada, Fernando Sánchez, representante de la plataforma ‘Sí a Almaraz, sí al Futuro’, también hizo hincapié en la relevancia del funcionamiento continuo de la central tanto para el bienestar de la comarca como para la estabilidad energética del país. El alcalde de la localidad afirmó que ha percibido un amplio respaldo de la comunidad hacia la continuidad de Almaraz.
Expertos en energía, como el profesor Diego Rodríguez y la vicepresidenta de la Sociedad Nuclear Española, Marisa González, también participaron en el evento, donde se discutieron las ventajas de la energía nuclear en términos de estabilidad y seguridad del suministro. González destacó cómo las centrales nucleares son menos vulnerables a condiciones climáticas adversas, lo que las convierte en una opción robusta para la generación de energía sostenida.
Los empresarios Ismael Clemente y Clemente González coincidieron en la importancia de mantener la energía nuclear como base para garantizar una red eléctrica estable y competitiva, esencial para atraer inversiones en el sector industrial español. La solicitud de prórroga para la central nuclear de Almaraz es vista como una primera etapa en la lucha por asegurar un futuro energético estable, con miras a extender su operación más allá de 2030.
