Lo que comenzó como una iniciativa internacional para limitar las capacidades nucleares de Irán y reducir sus redes terroristas globales se ha convertido principalmente en un conflicto por el control del Estrecho de Ormuz, una de las rutas comerciales más relevantes del mundo. Este estrecho es un punto clave para el tránsito de petróleo, gas natural, fertilizantes y otras materias primas esenciales.
Actualmente, Irán mantiene un control significativo sobre el estrecho mediante la Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico de Irán (AEGPI). Los buques que deseen transitar por esta vía deben coordinar con esta entidad, lo que podría implicar el pago de tasas. En paralelo, Estados Unidos ha considerado la posibilidad de imponer una tasa del 20 % a los buques comerciales que transiten por Ormuz, aunque esta propuesta fue retirada a las 24 horas de su anuncio.
Este escenario plantea preocupaciones en el ámbito internacional, especialmente en lo relativo a la libertad de navegación garantizada por la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar (UNCLOS). Además, las aseguradoras mundiales podrían negarse a cubrir embarcaciones que realicen pagos a entidades sancionadas, lo que afectaría la operación comercial en la zona.
Analistas de la consultora Rystad Energy estiman que, si se generalizara el cobro de peajes en este y otros puntos clave de estrangulamiento marítimo, el comercio global se encarecería, trasladando el costo a los consumidores finales. Entre estos puntos se incluyen además de Ormuz, Gibraltar, Taiwán, Dover y Malaca, donde el potencial anual por ingresos por peajes podría superar los 136 000 millones de dólares.
La disputa por el control de rutas estratégicas también se observa en otros lugares, como en el Atlántico Sur, donde el proyecto petrolero Sea Lion ubicado en las Islas Malvinas (Falkland) ha adquirido importancia desde el inicio de su explotación, previsto para el año 2028. La presencia británica en esta zona adquiere un valor estratégico en relación con la competencia global, incluyendo intereses de Estados Unidos, que mantiene una postura neutral sobre la soberanía.
Estos desarrollos subrayan la creciente relevancia geopolítica y económica de las rutas marítimas, así como los desafíos legales, económicos y de seguridad que presentan en un contexto globalizado.
