Europa afronta uno de los episodios de calor extremo más intensos de los últimos años y sus efectos ya se dejan sentir sobre infraestructuras consideradas estratégicas. Trenes cancelados, vías ferroviarias deformadas, carreteras dañadas y centrales nucleares obligadas a reducir o detener su producción forman parte de un escenario que organismos internacionales consideran una advertencia de los desafíos que plantea el aumento de las temperaturas.

La Comisión Económica para Europa de Naciones Unidas (UNECE) ha alertado de que las incidencias registradas durante las últimas semanas representan únicamente un anticipo de los problemas que podrían repetirse con mayor frecuencia si continúan aumentando los fenómenos meteorológicos extremos.

El calor obliga a suspender trenes en varios países

Las elevadas temperaturas han provocado importantes alteraciones en la red ferroviaria europea.

En Reino Unido, la empresa National Rail detectó deformaciones en las vías, caídas de catenarias e incendios en los márgenes ferroviarios, lo que obligó a recomendar a los viajeros que evitaran desplazamientos que no fueran imprescindibles.

En Francia, la compañía ferroviaria canceló decenas de servicios de larga distancia tras registrar importantes incidencias derivadas del calor.

También Bélgica, Austria y la red internacional Eurostar adoptaron medidas preventivas reduciendo la velocidad de circulación o suspendiendo determinados trayectos para garantizar la seguridad.

Los raíles se deforman por las altas temperaturas

Uno de los principales problemas detectados ha sido la dilatación del acero.

Cuando la temperatura supera determinados umbrales, los raíles pueden expandirse más de lo previsto y llegar a deformarse, comprometiendo la circulación de los trenes y obligando a reducir la velocidad o suspender completamente el servicio.

Además, el calor extremo también ha afectado a los sistemas eléctricos de alimentación ferroviaria y ha provocado averías en algunos equipos de climatización de los convoyes.

El asfalto llega a derretirse

Las carreteras también han sufrido los efectos de la ola de calor.

En la ciudad alemana de Leipzig, el intenso calor provocó que el material asfáltico situado entre los raíles del tranvía se reblandeciera hasta bloquear completamente la circulación.

Una situación similar se registró en Núremberg, donde parte de la red tranviaria tuvo que ser suspendida.

En varias autopistas alemanas, las placas de hormigón se levantaron debido a la expansión provocada por las altas temperaturas, obligando al cierre temporal de algunos tramos.

En Francia, varios kilómetros de carretera resultaron dañados por el reblandecimiento del firme, mientras que en el Reino Unido fue necesario cubrir determinadas vías con arena para reducir los efectos del calor sobre el pavimento.

Naciones Unidas alerta sobre las infraestructuras

La Comisión Económica para Europa de la ONU advierte de que los sistemas de transporte serán cada vez más vulnerables ante los fenómenos meteorológicos extremos.

Según el organismo, carreteras, ferrocarriles, puertos, aeropuertos y vías navegables deberán adaptarse a un escenario en el que las temperaturas extremas serán más frecuentes y persistentes.

La secretaria ejecutiva de la comisión, Tatiana Molcean, subraya que las interrupciones en las infraestructuras de transporte pueden tener consecuencias económicas y sociales de gran alcance, afectando tanto a la movilidad de las personas como al suministro de mercancías y servicios esenciales.

Las centrales nucleares también reducen su producción

El calor extremo no solo está afectando al transporte.

En Francia, varios reactores nucleares han tenido que reducir temporalmente su producción y uno de ellos llegó a detener su actividad debido al aumento de la temperatura del agua utilizada para refrigerar las instalaciones.

La normativa medioambiental limita la temperatura del agua que puede devolverse a los ríos tras pasar por los sistemas de refrigeración de las centrales, lo que condiciona su funcionamiento durante episodios de calor intenso.

Una situación similar se ha registrado en la central de Paks, en Hungría, donde el Gobierno autorizó de forma excepcional el uso de agua de refrigeración a mayor temperatura para garantizar el suministro eléctrico durante los días de máxima demanda.

Infraestructuras diseñadas para otro clima

Diversos estudios vienen advirtiendo desde hace años de que buena parte de las infraestructuras europeas fueron diseñadas teniendo en cuenta condiciones climáticas diferentes a las actuales.

En muchos países del centro y norte de Europa, los materiales empleados en carreteras y vías férreas estaban orientados principalmente a resistir las bajas temperaturas y las heladas invernales, no las olas de calor cada vez más intensas.

En cambio, países como España incorporan mezclas asfálticas preparadas para soportar temperaturas superficiales mucho más elevadas, aunque también requieren inversiones constantes para mantener su resistencia.

Europa afronta un desafío creciente

La sucesión de incidencias registradas durante las últimas semanas pone de manifiesto el desafío que supone adaptar las infraestructuras europeas a fenómenos meteorológicos cada vez más extremos.

Expertos y organismos internacionales coinciden en que será necesario reforzar las inversiones en mantenimiento, modernización y adaptación de carreteras, ferrocarriles y sistemas energéticos para reducir el impacto de futuras olas de calor.

Mientras tanto, gran parte del continente vuelve a prepararse para nuevos episodios de altas temperaturas, con previsiones que apuntan a máximas superiores a los 40 grados en numerosos países durante los próximos días.

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