La gasolina alcanza los 1,928 euros por litro y el diésel llega a 1,918 euros. Llenar un depósito de 55 litros supera ya los 105 euros.

El precio de los carburantes vuelve a tensionar el bolsillo de los conductores españoles. La gasolina encadena una nueva subida y alcanza un nuevo máximo anual, mientras el diésel recupera también terreno y vuelve a situarse cerca de los dos euros por litro.

Según los datos del Boletín Petrolero de la Comisión Europea, correspondientes a los precios registrados hasta el 21 de septiembre de 2026, el litro de gasolina se sitúa de media en 1,928 euros, después de subir un 3,32 % en una sola semana. El gasóleo alcanza los 1,918 euros, con un incremento semanal del 4,58 %.

La evolución supone un nuevo encarecimiento del combustible justo cuando aumenta la movilidad por carretera y los hogares afrontan también el resto de gastos energéticos.

La gasolina roza los dos euros por litro

El dato más llamativo corresponde a la gasolina. Con una media de 1,928 euros por litro, el precio se encuentra a solo unos céntimos de alcanzar la barrera psicológica de los 2 euros.

El incremento no es puntual. La gasolina acumula, según los datos citados en el Boletín Petrolero, once semanas consecutivas de subidas y aproximadamente un 30 % más que a finales de junio.

El mercado ha experimentado además un cambio relevante: la gasolina ha vuelto a situarse por encima del diésel.

El sorpasso se produjo la semana anterior y se mantiene ahora, algo que no sucedía desde marzo de 2026.

La diferencia actual es reducida, pero significativa:

  • Gasolina: 1,928 euros/litro.
  • Diésel: 1,918 euros/litro.
  • Diferencia: 0,010 euros por litro.

En otras palabras, la gasolina cuesta actualmente alrededor de un céntimo más por litro que el gasóleo en la media nacional.

El diésel sube todavía más en una semana

Aunque la gasolina concentra buena parte de la atención por su proximidad a los dos euros, el diésel presenta un incremento semanal incluso mayor.

El precio medio del gasóleo ha aumentado un 4,58 %, hasta alcanzar los 1,918 euros por litro.

El movimiento resulta especialmente relevante porque el diésel había registrado recientemente un descenso después de más de dos meses de incrementos.

Aquella bajada estuvo relacionada, entre otros factores, con la modificación temporal de la fiscalidad aplicada a los carburantes.

La ventaja, sin embargo, ha desaparecido rápidamente: en apenas unas semanas, el precio del gasóleo ha vuelto a absorber la rebaja que se había aplicado sobre su fiscalidad.

¿Por qué están subiendo tanto los carburantes?

El encarecimiento no responde únicamente al precio del petróleo en bruto.

La Comisión Europea sigue semanalmente la evolución de los precios de los productos petrolíferos a través de su Weekly Oil Bulletin, que recopila los precios de los carburantes en los Estados miembros, con y sin impuestos.

En el escenario actual están influyendo varios factores relacionados con la perturbación energética internacional.

El Banco Central Europeo ha señalado en sus proyecciones de septiembre que los precios de los combustibles refinados para el transporte han aumentado más que el propio crudo. Entre las razones citadas figuran la reducción de la oferta mundial de productos refinados, las dificultades vinculadas al estrecho de Ormuz, la mayor demanda estacional y nuevas restricciones sobre la capacidad de refino.

Esto ayuda a explicar por qué una bajada puntual del precio del petróleo no necesariamente se traduce de inmediato en una reducción equivalente en las estaciones de servicio.

La cadena es más compleja: extracción, transporte, cotizaciones internacionales, refino, distribución, impuestos y márgenes comerciales terminan determinando el precio final que paga el consumidor.

El conflicto en Oriente Próximo mantiene la presión energética

La evolución de los carburantes está estrechamente relacionada con la situación energética internacional.

El BCE señala que el conflicto en Oriente Próximo ha provocado una perturbación significativa de los precios de la energía y advierte de que la incertidumbre sigue siendo elevada. En sus proyecciones de septiembre, el organismo estima que la inflación energética de la zona euro podría alcanzar niveles muy elevados durante la parte final de 2026.

La situación también ha afectado al mercado del petróleo.

A mediados de septiembre, el Brent llegó a superar los 100 dólares por barril en un contexto marcado por los ataques contra infraestructuras energéticas, las restricciones de transporte y la incertidumbre sobre el suministro.

Por tanto, aunque el precio del crudo constituye una referencia fundamental, los carburantes que llegan al consumidor dependen también de la disponibilidad de productos refinados.

El propio BCE destaca que los márgenes de refino específicos de Europa se han elevado especialmente en el caso del gasóleo y, en menor medida, de la gasolina.

El impacto de los impuestos sobre el precio final

A la evolución internacional se añade la fiscalidad española.

El Gobierno modificó temporalmente los tipos del Impuesto sobre Hidrocarburos mediante el Real Decreto-ley 18/2026, aprobado el 29 de junio, dentro de las medidas adoptadas ante la crisis energética derivada de la situación en Oriente Próximo.

Para septiembre, la norma establece tipos específicos y contempla reducciones vinculadas a la evolución de los precios de gasolina y gasóleo. En el caso del gasóleo para uso general, el Real Decreto-ley fija para septiembre un tipo general de 144,99 euros por 1 000 litros y uno especial de 34,01 euros por 1 000 litros cuando se cumplen las condiciones previstas por la norma.

El mecanismo es especialmente relevante porque muestra hasta qué punto la fiscalidad del carburante se ha convertido en una herramienta de respuesta ante la escalada energética.

Pero una reducción impositiva no garantiza que el consumidor vea automáticamente una bajada equivalente en el surtidor: el precio final también depende de la evolución internacional del producto, los costes de refino, distribución y comercialización.

Llenar el depósito cuesta más de 105 euros

El impacto se aprecia mejor cuando se traslada el precio del litro a un depósito convencional.

Con un depósito de 55 litros, las medias actuales implican aproximadamente:

  • Gasolina: 55 × 1,928 = 106,04 euros.
  • Diésel: 55 × 1,918 = 105,49 euros.

Es decir, llenar un depósito de gasolina de 55 litros supera actualmente los 106 euros, mientras que hacerlo con diésel cuesta algo más de 105 euros.

La diferencia respecto al año anterior también es considerable según los datos publicados.

En el caso de la gasolina, el mismo depósito costaba aproximadamente 81,40 euros, frente a los 106,04 actuales.

Para el diésel, el coste habría pasado de unos 77,55 euros a 105,49.

El resultado es un incremento aproximado de:

  • 24,64 euros por depósito de gasolina.
  • 27,94 euros por depósito de diésel.

Para una familia que reposte varias veces al mes, la diferencia puede convertirse en un gasto relevante dentro del presupuesto ordinario.

El precedente de 2022 vuelve a aparecer

Los precios actuales todavía no han alcanzado los máximos históricos registrados durante la crisis energética de 2022, pero la distancia se ha reducido.

En julio de aquel año, la gasolina llegó a una media de aproximadamente 2,141 euros por litro, mientras que el gasóleo alcanzó alrededor de 2,10 euros.

Con los datos actuales, la gasolina está unos 21 céntimos por debajo de aquel máximo y el diésel unos 18 céntimos por debajo.

Eso significa que el mercado todavía no ha regresado a los niveles extremos de 2022, aunque la trayectoria de las últimas semanas ha vuelto a colocar esos valores como referencia.

La diferencia es especialmente importante porque el contexto energético actual presenta características distintas a las de aquella crisis.

El BCE advierte del impacto sobre la inflación

El encarecimiento de los carburantes no se queda en las gasolineras.

El combustible es un componente directo del gasto de los hogares y, además, afecta a los costes de transporte de mercancías, logística, distribución y determinados servicios.

El BCE señala que la inflación de la zona euro se situó en el 2,9 % en julio de 2026 y que el componente energético ha vuelto a ganar peso debido, entre otros factores, al encarecimiento de los combustibles para el transporte.

Las proyecciones de septiembre contemplan una inflación general de alrededor del 3 % para el conjunto de 2026, impulsada principalmente por la energía. El BCE prevé además que la inflación energética pueda alcanzar niveles muy elevados hacia finales de año antes de moderarse posteriormente, aunque todo dependerá de la evolución de los mercados energéticos y del conflicto en Oriente Próximo.

Por tanto, la evolución de la gasolina y el diésel constituye uno de los canales más visibles mediante los que la crisis energética llega directamente a la economía doméstica.

¿Puede seguir subiendo la gasolina?

La respuesta depende en gran medida de factores que España no controla directamente.

Entre los elementos determinantes se encuentran:

  1. La evolución del conflicto en Oriente Próximo.
  2. El tránsito de petróleo y productos refinados por las principales rutas internacionales.
  3. La capacidad mundial de refino.
  4. La cotización internacional del crudo.
  5. La demanda estacional de combustibles.
  6. La evolución del euro frente al dólar.
  7. La fiscalidad aplicada en España.

El BCE contempla distintos escenarios en función de la duración y gravedad de la perturbación energética. En un escenario adverso, sus cálculos sitúan el petróleo alrededor de los 99 dólares por barril durante el cuarto trimestre de 2026; en un escenario severo, alrededor de 132 dólares. Son escenarios de análisis, no una predicción de precios.

Esto explica por qué la evolución futura de los carburantes sigue estando rodeada de una elevada incertidumbre.

El conductor vuelve a pagar la factura energética

La fotografía actual es clara: gasolina y diésel vuelven a acercarse a los dos euros por litro.

La gasolina alcanza 1,928 euros, su máximo anual, mientras que el gasóleo se sitúa en 1,918 euros. Ambos precios acumulan fuertes incrementos durante las últimas semanas.

Para el conductor, la consecuencia es inmediata: más de 105 euros para llenar un depósito de 55 litros y casi 30 euros adicionales respecto al año anterior en el caso del diésel.

La evolución de los próximos meses dependerá en buena medida de si se estabiliza el mercado internacional de petróleo y productos refinados o, por el contrario, continúan las restricciones de suministro.

Por ahora, el dato que queda sobre la mesa es el de un nuevo máximo anual de la gasolina en España, a apenas unos céntimos de una barrera que vuelve a adquirir protagonismo: los 2 euros por litro.

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