La Guardia Civil detiene a 13 personas e investiga a otras cinco en una operación contra una organización dedicada al phishing y al smishing. Los agentes han localizado cerca de 2 000 posibles víctimas.

Una falsa comunicación bancaria y una pérdida de casi 30 000 euros acabaron destapando una estructura criminal que presuntamente manejaba información personal y financiera de alrededor de 500 000 ciudadanos.

La Guardia Civil ha desarticulado, dentro de la denominada operación Fragmenta, una organización especializada en estafas bancarias mediante mensajes SMS, páginas fraudulentas y llamadas en las que sus integrantes se hacían pasar por empleados de entidades financieras.

El operativo se ha saldado con 13 personas detenidas y otras cinco investigadas en Madrid, Palma de Mallorca, Valencia y Toledo. Los implicados están siendo investigados por presuntos delitos de estafa, blanqueo de capitales y pertenencia a organización criminal.

Una base de datos con información de medio millón de ciudadanos

El hallazgo más preocupante de la operación es una base de datos que contenía información personal y bancaria de aproximadamente 500 000 personas.

Tras analizar parte de ese material, los investigadores han identificado hasta el momento cerca de 2 000 posibles víctimas, aunque la investigación sigue abierta y la cifra podría aumentar conforme avance el examen de los dispositivos y archivos intervenidos.

El volumen de información incautada muestra la capacidad tecnológica que pueden alcanzar las redes de fraude digital. Ya no se trata únicamente de delincuentes que envían mensajes al azar, sino de estructuras capaces de gestionar grandes cantidades de datos, segmentar objetivos y diseñar comunicaciones con apariencia bancaria.

La investigación comenzó tras una estafa de 30 000 euros

La operación se inició en 2024, después de que una víctima denunciara la pérdida de cerca de 30 000 euros tras recibir una falsa comunicación de su banco.

A partir de aquella denuncia, los agentes lograron relacionar otros casos y reconstruir una trama que supuestamente actuaba en distintos puntos de España. La investigación permitió identificar a 18 integrantes, concretamente 10 hombres y ocho mujeres, con edades comprendidas entre los 23 y los 43 años.

Los investigadores determinaron además la función que desempeñaba cada miembro dentro de la organización, desde el envío de mensajes y la captación de credenciales hasta la recepción, movimiento y blanqueo del dinero obtenido.

Así funcionaba el fraude mediante smishing y phishing

El método utilizado comenzaba con el envío masivo de mensajes SMS que aparentaban proceder de una entidad bancaria.

En esos mensajes se advertía normalmente de una supuesta incidencia, un acceso sospechoso o la necesidad de verificar urgentemente una cuenta. El objetivo era generar miedo y conseguir que el usuario pulsara en un enlace.

Ese enlace dirigía a una página web fraudulenta que imitaba el diseño de la banca electrónica. Allí, la víctima introducía sus claves creyendo que estaba accediendo al portal legítimo de su entidad.

Esta técnica se conoce como smishing cuando el engaño llega mediante SMS y como phishing cuando utiliza correos electrónicos, páginas falsas u otros canales digitales para capturar información confidencial.

La segunda llamada que completaba el engaño

La estafa no terminaba al obtener las credenciales bancarias.

Según la Guardia Civil, los integrantes de la red llamaban posteriormente a las víctimas y se presentaban como empleados de su banco. Durante esas conversaciones trataban de conseguir los códigos de verificación necesarios para autorizar transferencias, préstamos u otras operaciones.

La combinación de un mensaje alarmante, una web aparentemente profesional y una llamada posterior aumentaba la credibilidad del fraude.

Los estafadores podían conocer información básica de la persona, lo que reforzaba la sensación de que realmente hablaba con su entidad. De esta manera, una víctima podía acabar entregando tanto sus claves de acceso como el segundo factor de autenticación que debía proteger su cuenta.

Transferencias y préstamos a nombre de las víctimas

Una vez obtenían el control de la banca electrónica, los presuntos estafadores transferían el dinero disponible y, en algunos casos, solicitaban préstamos preconcedidos u otros productos financieros a nombre de las personas afectadas.

Esto podía multiplicar el perjuicio económico. La víctima no solo perdía sus ahorros, sino que podía descubrir posteriormente que se había formalizado una deuda utilizando su identidad.

Los fondos eran distribuidos después entre numerosas cuentas bancarias para dificultar su seguimiento y ocultar su origen. La investigación apunta al uso de identidades falsas, cuentas abiertas mediante terceros y transferencias inmediatas entre diferentes entidades.

Infraestructura tecnológica repartida por varios países

La Guardia Civil señala que la organización empleaba una infraestructura tecnológica distribuida en distintos países.

Esta circunstancia, unida al empleo de identidades falsas y a la rapidez de las transferencias, obligó a desarrollar una labor de inteligencia financiera y análisis tecnológico para reconstruir el recorrido del dinero e identificar a los presuntos responsables.

La dispersión internacional de servidores, servicios digitales y cuentas complica la respuesta policial. En muchas ocasiones, los investigadores deben solicitar información a empresas o autoridades extranjeras, mientras el dinero puede cambiar de cuenta en cuestión de minutos.

Tres registros en Valencia y Madrid

Durante la fase final de la operación se realizaron tres registros, dos de ellos en la provincia de Valencia y otro en Madrid.

Los agentes intervinieron:

  • Teléfonos móviles.
  • Ordenadores y otros equipos informáticos.
  • Dispositivos electrónicos.
  • Documentación relacionada con la investigación.
  • Dinero en efectivo.
  • La base de datos con información de aproximadamente 500 000 ciudadanos.

El análisis de estos elementos será clave para determinar el número definitivo de afectados, calcular el dinero presuntamente defraudado y establecer si existen más personas relacionadas con la red.

La operación continúa abierta

Aunque la organización ha sido desarticulada, la investigación no está cerrada.

Los datos intervenidos podrían permitir localizar nuevas denuncias, identificar operaciones que todavía no habían sido vinculadas entre sí y avisar a ciudadanos cuyos datos estaban en poder del grupo.

Por el momento, la Guardia Civil habla de posibles víctimas, una precisión importante porque la presencia de una persona en una base de datos no significa necesariamente que su cuenta haya sido atacada o que haya sufrido una pérdida económica.

Del mismo modo, los detenidos e investigados conservan su presunción de inocencia mientras no exista una sentencia firme.

Cómo detectar una falsa comunicación bancaria

La Guardia Civil recuerda que las entidades financieras no solicitan por teléfono, SMS o correo electrónico las contraseñas, claves completas o códigos de verificación de sus clientes.

Ante un mensaje sospechoso, el usuario no debe acceder a la banca electrónica mediante el enlace recibido. La opción más segura es abrir directamente la aplicación oficial del banco o escribir personalmente la dirección de la entidad en el navegador.

También conviene desconfiar de cualquier comunicación que exija actuar de inmediato, amenace con bloquear la cuenta o solicite autorizar una operación que el usuario no reconoce.

Qué hacer ante una operación bancaria no autorizada

La recomendación policial es contactar inmediatamente con la entidad bancaria, solicitar el bloqueo de las credenciales comprometidas y revisar los movimientos recientes.

También es importante conservar las pruebas del fraude, como los mensajes, números de teléfono, correos recibidos, direcciones web, justificantes y capturas de pantalla. Esa información puede resultar determinante para la investigación.

La denuncia rápida también puede aumentar las posibilidades de detener una transferencia antes de que el dinero pase por varias cuentas o abandone el sistema bancario nacional.

Una amenaza que exige más prevención

La operación Fragmenta evidencia el enorme mercado clandestino que existe alrededor de los datos personales.

Los sistemas de doble verificación han reforzado la seguridad bancaria, pero las organizaciones criminales intentan sortearlos manipulando directamente al usuario. Su principal herramienta no siempre es un programa informático sofisticado, sino la urgencia, el miedo y la falsa apariencia de autoridad.

La investigación ha sido desarrollada por el Equipo de Delitos Telemáticos (EDITE) y el Equipo @ de la Comandancia de la Guardia Civil de Castellón.

El golpe policial ha permitido desmantelar la estructura investigada, pero el hallazgo de datos pertenecientes a medio millón de personas deja una advertencia evidente: la seguridad bancaria depende también de que los ciudadanos no entreguen sus claves a quien utiliza el miedo para hacerse pasar por su banco.

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