Dos grupos vinculados a China aprovecharon casi simultáneamente una cadena de vulnerabilidades en Google Chrome y Windows. Los ataques permitieron instalar puertas traseras, robar credenciales, cookies y sesiones y vigilar la actividad de las víctimas.
Una peligrosa combinación de vulnerabilidades en Google Chrome y Microsoft Windows ha abierto una nueva vía para el ciberespionaje. Investigadores de seguridad han detectado campañas atribuidas a actores vinculados a China que encadenaron tres fallos de seguridad para comprometer ordenadores y desplegar herramientas capaces de acceder a archivos, ejecutar comandos y robar credenciales.
La investigación de Volexity señala al grupo denominado UTA0560, que el 1 de septiembre de 2026 dirigió una campaña de spear-phishing contra varias organizaciones no gubernamentales.
El ataque resulta especialmente relevante porque combinaba dos vulnerabilidades de Chrome y una de Windows. Parte del problema estuvo en una inusual ventana entre la incorporación de correcciones al código abierto de Chromium y su llegada a una versión estable de Chrome.
Tres vulnerabilidades para saltar de Chrome a Windows
La cadena de explotación, denominada BlueMoon, combinaba tres vulnerabilidades diferentes.
La primera, CVE-2026-85046, permitía conseguir capacidades arbitrarias de lectura y escritura dentro del entorno aislado de V8.
La segunda, CVE-2026-87491, proporcionaba el siguiente salto para escapar de las protecciones del navegador.
Finalmente entraba en juego CVE-2026-85880, una vulnerabilidad relacionada con ALPC (Advanced Local Procedure Call) de Windows que completaba la cadena necesaria para alcanzar ejecución de código.
El resultado era considerablemente más grave que el de una vulnerabilidad aislada.
Los atacantes podían pasar de una página visitada mediante Chrome a ejecutar código en el ordenador comprometido y desplegar malware adicional.
Todo comenzaba con un correo dirigido a la víctima
El elevado nivel técnico de la explotación contrasta con la sencillez de la primera fase.
Los atacantes utilizaban correos de spear-phishing, es decir, mensajes preparados específicamente para engañar a personas u organizaciones seleccionadas.
El correo intentaba convencer al destinatario de que hiciera clic en un enlace.
Pero había una capa adicional destinada a aumentar la credibilidad.
El enlace conducía inicialmente al sitio legítimo de una universidad estadounidense que, según la investigación, era vulnerable a un fallo de cross-site scripting reflejado o XSS.
Los delincuentes aprovechaban esa debilidad para redirigir posteriormente al visitante hacia su propia infraestructura, donde se encontraba alojada la cadena de exploits.
El uso de una página legítima como primer eslabón podía hacer que el enlace pareciera menos sospechoso para la víctima.
Los hackers comprobaban primero si el usuario tenía Chrome y Windows
La campaña tampoco intentaba infectar indiscriminadamente cualquier dispositivo.
La infraestructura filtraba a los visitantes para determinar si utilizaban la combinación necesaria de Google Chrome y Microsoft Windows.
Solo los sistemas compatibles con la cadena de explotación continuaban avanzando.
En la fase final aparecían diferentes componentes preparados para realizar reconocimiento del equipo, elevar privilegios e inyectar código en procesos del navegador, según el análisis técnico.
Después llegaba el malware que permitía mantener el control.
GRIMWEDGE: la puerta trasera que da acceso al ordenador
UTA0560 utilizó la cadena para desplegar una nueva puerta trasera JavaScript denominada GRIMWEDGE.
Su función principal consiste en proporcionar al atacante un punto desde el que continuar operando sobre el dispositivo comprometido.
GRIMWEDGE puede recopilar información del sistema, consultar directorios, crear carpetas, borrar o leer archivos, enumerar y finalizar procesos y ejecutar comandos.
También permite descargar componentes adicionales.
El malware establece comunicación con infraestructura de comando y control (C2) y permanece esperando nuevas instrucciones.
Eso significa que la primera infección no tiene por qué representar el final del ataque. Una vez conseguido el acceso, el operador puede decidir qué información le interesa y qué herramientas adicionales necesita desplegar.
El malware puede leer archivos y ejecutar comandos ocultos
Las capacidades documentadas permiten entender por qué GRIMWEDGE puede resultar útil en operaciones de espionaje.
Entre sus funciones se encuentra la posibilidad de leer archivos de hasta 5 MB, además de ejecutar comandos mediante una ventana oculta.
También puede recibir contenido codificado desde el servidor de los atacantes, acumularlo en memoria y posteriormente guardarlo como un archivo en el dispositivo.
No incorpora, según Volexity, mecanismos propios especialmente desarrollados para movimiento lateral o persistencia avanzada.
Pero no los necesita para cumplir su función inicial.
La puerta trasera proporciona acceso suficiente para reconocer el ordenador, localizar archivos de interés y desplegar posteriormente otras herramientas.
Un segundo grupo chino utilizó prácticamente la misma cadena
Uno de los descubrimientos más inquietantes llegó cuando los investigadores comprobaron que UTA0560 no era el único actor que conocía estas vulnerabilidades.
Volexity observó que otro grupo vinculado a China, conocido como JungleBamboo o APT31, utilizaba aproximadamente al mismo tiempo la misma cadena de explotación Chrome-Windows.
Pero su objetivo posterior era diferente.
En este caso, los atacantes desplegaban un cargador denominado SUPERSTOMP, utilizado posteriormente para instalar LONGTALE, también conocido como GemStone.
LONGTALE funciona como una extensión maliciosa de Chrome centrada en la vigilancia y el robo de información.
Una falsa extensión de Google Gemini para espiar a la víctima
La técnica de camuflaje resulta especialmente significativa.
LONGTALE se presenta como si fuese una extensión de Google Gemini para Chrome, intentando evitar que la víctima sospeche de su presencia.
Pero sus funciones reales no tienen nada que ver con el asistente de inteligencia artificial de Google.
La extensión maliciosa puede realizar registro de pulsaciones del teclado, captura de formularios, robo de cookies y sesiones y capturas de pantalla condicionadas por determinadas palabras clave.
También puede recopilar información del almacenamiento del navegador, historial y metadatos de las sesiones.
Los datos obtenidos pueden enviarse periódicamente hacia la infraestructura controlada por los atacantes.
La investigación señala intervalos de aproximadamente 30 segundos para parte de esa exfiltración.
Cookies y sesiones pueden ser tan valiosas como una contraseña
El robo de cookies añade un riesgo particularmente importante.
Las empresas han reforzado progresivamente la seguridad de las contraseñas mediante autenticación multifactor, passkeys y controles adicionales de identidad.
Pero una sesión ya autenticada puede convertirse en otro objetivo.
Si un atacante consigue determinados elementos asociados a una sesión válida, puede intentar abusar de ellos para acceder a servicios en nombre de la víctima, dependiendo de las protecciones adicionales implantadas.
Por eso las operaciones modernas de ciberespionaje ya no se concentran exclusivamente en averiguar una contraseña.
Tokens, cookies, sesiones, historial, documentos y actividad del navegador pueden tener un enorme valor de inteligencia.
El peligroso «patch gap» de Google Chrome
El elemento técnicamente más interesante del caso es el denominado patch gap, la ventana existente entre la publicación o incorporación de una corrección y su distribución efectiva a todos los usuarios afectados.
Las correcciones correspondientes a las dos vulnerabilidades del navegador habían sido incorporadas al código fuente abierto de Chromium, pero todavía no estaban presentes en una versión estable de Google Chrome cuando fueron explotadas.
Esto creó una situación poco habitual.
El cambio realizado para solucionar una vulnerabilidad puede proporcionar pistas a investigadores de seguridad, pero también a atacantes.
Al estudiar qué código ha cambiado y por qué, un especialista puede intentar reconstruir el problema que se pretendía corregir.
Si la versión utilizada por millones de personas todavía no incluye el parche, aparece una ventana de explotación extremadamente peligrosa.
Los propios parches pueden revelar dónde está la vulnerabilidad
Este fenómeno es conocido desde hace años como patch diffing.
Consiste, de forma general, en comparar versiones del software para localizar los cambios introducidos por una actualización de seguridad y comprender qué vulnerabilidad solucionan.
No significa que observar un parche permita automáticamente desarrollar un exploit funcional.
Pero reduce el espacio de búsqueda.
Volexity plantea que la utilización casi simultánea de la cadena por varios actores chinos podría tener diferentes explicaciones, entre ellas que un desarrollador especializado hubiese proporcionado el exploit a varios grupos o que estos consiguieran reconstruir parte de la vulnerabilidad analizando los cambios publicados.
No existe, con la información disponible, una conclusión definitiva sobre cuál de esas posibilidades ocurrió.
La inteligencia artificial puede reducir el tiempo para analizar un parche
La situación adquiere otra dimensión con el desarrollo de los grandes modelos de lenguaje y herramientas de inteligencia artificial aplicadas a programación y ciberseguridad.
Volexity advierte de que estas tecnologías pueden acelerar determinadas tareas relacionadas con la investigación de vulnerabilidades y el desarrollo de exploits.
El problema para los fabricantes es evidente.
Si transcurre demasiado tiempo entre hacer visible una corrección en un repositorio abierto y llevarla al navegador utilizado por los usuarios, los atacantes disponen de una ventana para estudiar el parche e intentar explotar sistemas todavía vulnerables.
La IA puede contribuir a reducir el tiempo necesario para ese análisis, aunque eso no significa que pueda transformar automáticamente cualquier parche en un exploit operativo.
Chrome acelera sus actualizaciones de seguridad
El caso llega precisamente cuando Google está modificando el ritmo de distribución de Chrome.
El navegador había funcionado con un ciclo aproximado de cuatro semanas para las principales versiones, pero ha pasado a un esquema más frecuente, de alrededor de dos semanas.
Reducir ese intervalo puede disminuir la exposición ante determinadas vulnerabilidades.
La carrera es cada vez más rápida: los fabricantes descubren y corrigen fallos mientras grupos de ciberespionaje y ciberdelincuentes intentan aprovechar el tiempo existente entre el descubrimiento, el parche y su instalación efectiva.
Una advertencia para empresas, ONG y administraciones
La campaña analizada estaba dirigida contra ONG, un tipo de organización especialmente atractivo para determinadas operaciones de inteligencia por su acceso a información política, diplomática, humanitaria o relacionada con derechos humanos.
Pero la técnica demuestra un riesgo aplicable a muchos otros objetivos.
Una organización puede tener contraseñas robustas, autenticación multifactor y soluciones avanzadas de seguridad y, aun así, quedar expuesta cuando una vulnerabilidad del navegador se combina con otra del sistema operativo y un correo dirigido consigue que el usuario visite la página preparada por los atacantes.
La defensa requiere por ello varias capas.
Mantener Chrome y Windows completamente actualizados resulta fundamental, pero también lo es reducir la ventana entre la publicación de una actualización y su despliegue dentro de una organización.
Los usuarios deben desconfiar igualmente de enlaces inesperados recibidos por correo, incluso cuando el dominio inicial parezca pertenecer a una institución legítima.
Chrome y Windows, una combinación especialmente atractiva para el espionaje
El descubrimiento de UTA0560 y JungleBamboo muestra hasta qué punto una cadena de vulnerabilidades puede multiplicar el impacto de fallos individuales.
Un error permite avanzar dentro del navegador. Otro ayuda a superar su aislamiento. Un tercero abre el camino hacia Windows.
Después llegan GRIMWEDGE o LONGTALE.
Y el atacante pasa de conseguir que alguien abra un enlace a disponer potencialmente de archivos, procesos, comandos, cookies, sesiones, pulsaciones de teclado e información de navegación.
La investigación también deja una advertencia para Google, Microsoft y el conjunto de la industria: publicar una corrección no equivale necesariamente a haber protegido a todos los usuarios.
Entre ambos momentos existe una ventana.
Y los grupos de ciberespionaje están intentando atravesarla antes de que se cierre.
